Conversión de casa de campo: espacios modernos y luminosos con madera a la vista
La madera del antiguo armazón sigue marcando el interior, pero ahora ya no sostiene una zona de establo, sino una casa organizada alrededor de la luz. En esta conversión de casa de campo, la parte que antes alojaba a las vacas se ha convertido en un espacio de vida abierto, con una cocina amplia, una zona de estar clara y vistas directas hacia el exterior. El cambio no borra la estructura original; la hace visible y la coloca en el centro de la distribución.
La antigua zona de establo como nuevo corazón de la casa
La transformación casa de campo parte de una decisión muy concreta: tomar la antigua nave y convertirla en el núcleo de la vivienda. Antes, la vida se concentraba en la parte delantera; ahora, el recorrido se expande hacia la zona que era más oscura y cerrada. Los espacios de estar modernos y luminosos se organizan aquí alrededor de una mesa, un sofá y una cocina de trabajo amplia, con líneas de visión largas entre estancias. La sensación es de apertura, pero siempre dentro de una estructura que conserva sus medidas y su lógica agrícola.
La presencia de las cerchas de madera a la vista define el techo entero. No aparecen como un recuerdo decorativo, sino como la trama que ordena el volumen. Los postes y vigas antiguas siguen en su sitio y dejan leer la edad de la construcción, mientras que la nueva distribución trabaja entre ellos. Esa superposición de lo existente y lo nuevo se percibe en cada paso: en la altura libre, en el ritmo de los apoyos y en la forma en que la luz se reparte sobre el blanco de las paredes y el tono cálido de la madera.
Luz natural con tragaluces y un ventanal de 4,5 metros
La antigua oscuridad del establo se resuelve con una gran entrada de luz. El ventanal alto de 4,5 metros introduce una apertura casi vertical, con marcos de acero lacado que dibujan un borde fino y oscuro. Las lamas modulan la incidencia solar y dejan una secuencia de sombras sobre el suelo y el mobiliario. El efecto no depende de un solo gesto: el ventanal se acompaña de tragaluces que reparten la luz natural con tragaluces por el interior y alivian la profundidad de la planta.
La relación con el exterior se entiende desde el interior. El vidrio se abre hacia la terraza y extiende la zona de estar más allá del límite de la envolvente. Al atardecer, la transparencia cambia de tono y deja ver mejor la estructura del hueco, los marcos oscuros y la textura de la madera. Es una conversión de antiguo establo en la que la luz no se añade al final; construye el ambiente de la casa desde la primera lectura del espacio.
Una cocina grande entre ejes abiertos
La cocina ocupa un lugar central y no queda escondida. Los frentes de cocina negros a medida contrastan con el tablero claro y con la madera del entorno, y el conjunto se lee como una pieza precisa dentro del volumen de la granja. La isla acompaña el eje de circulación y permite que el comedor y la zona de estar compartan el mismo campo visual. Desde la entrada se distinguen los recorridos, los pasos entre muebles y la continuidad del suelo, una decisión que refuerza el carácter de espacio de estar moderno y luminoso.
El mobiliario no intenta disimular su presencia. Los planos negros, las superficies lisas y los vacíos entre piezas se apoyan en una paleta corta: hormigón, acero y madera. Ese límite material da orden a la estancia. En lugar de multiplicar acabados, la reforma deja que cada elemento haga su trabajo: la madera sostiene la memoria del lugar, el acero resuelve los huecos y el hormigón fija la base visual de la casa.
La pasarela en el vacío y el nuevo uso de las cerchas
Sobre la planta baja aparece la buhardilla/vacío y pasarela, una pieza que altera la percepción del conjunto. La pasarela une el frente de la casa con el dormitorio principal y se apoya en las propias cerchas de madera, que pasan de ser estructura pasiva a soporte activo del recorrido. Desde abajo, el gesto se lee con claridad: el paso suspendido cruza el doble espacio y mantiene abierta la relación entre niveles, sin cortar la vista de la cubierta ni del armazón original.
En la parte superior, el dormitorio principal se organiza con baño amplio y vestidor, por encima de la zona de fitness situada hacia el fondo de la nueva nave. La secuencia aprovecha la altura disponible y reparte el programa en capas. La pasarela no sólo conecta; también introduce una pausa visual entre el área más pública y la más privada, algo que se entiende por la transparencia de las barandillas y por la continuidad del vacío central.
La escalera como pieza de transición
La escalera de hormigón con escalones de roble introduce otra lectura de materiales. La masa gris del hormigón da peso al arranque, mientras que la madera suaviza el contacto bajo los pies y enlaza con el resto de la casa. Es un elemento muy visible en las imágenes: flancos claros, peldaños rectos y una barandilla negra que prolonga el contraste del mobiliario. También aquí el detalle importa más que la decoración; la escalera organiza el cambio de nivel y mantiene la misma disciplina material que el resto del proyecto.
El hueco de escalera deja ver los movimientos de la casa y suma profundidad a la planta. Los puntos de luz empotrados en el paramento acompañan el recorrido sin romper el orden visual. Frente a la madera antigua del techo, la escalera introduce una geometría más seca, y esa tensión controla bien el paso entre lo histórico y lo nuevo. La vivienda no se presenta como una suma de guiños, sino como una reforma donde cada transición está medida por el uso real.
Una paleta corta para sostener la calma del conjunto
Betón, acero y madera son los tres materiales que se repiten y bastan para sostener todo el interior. El resultado no depende de la variedad, sino de la manera en que cada superficie responde a la luz: el hormigón absorbe, el acero perfila y la madera da continuidad entre suelo, techo y detalles. Esa lógica también aparece en los elementos secundarios, como la fachada con lamas de madera visible en el exterior y las zonas acristaladas que prolongan el interior hacia el porche y la terraza cubierta.
La imagen exterior, especialmente con luz baja, muestra cómo la casa trabaja de noche. Las lamas de madera filtran la envolvente, los grandes paños de vidrio dejan entrever el interior y la iluminación puntual subraya el espesor de los huecos. No hay exceso de recursos; hay una lectura clara de lo existente y de lo añadido. En esta conversión de casa de campo, la estructura antigua sigue presente, pero la vida diaria se organiza alrededor de una nueva secuencia de cocina, estar, vacío y conexión con el exterior.
La reforma conserva el carácter de la construcción de 1832 sin convertirlo en una pieza fija. Las vigas, las cerchas, el vidrio de gran altura y el mobiliario negro conviven en un mismo plano visual. El proyecto se entiende mejor al recorrerlo despacio: primero el techo y su madera, después la cocina abierta, luego la pasarela sobre el vacío y, por último, la salida hacia la terraza. Esa secuencia resume la transformación de la casa de campo en un interno amplio, claro y resuelto con pocos materiales.
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