Casa pabellón con piscina infinita y grandes ventanales de vidrio
La línea horizontal del agua marca la primera imagen de esta casa pabellón con piscina infinita. El vaso rectangular se prolonga junto al jardín y deja ver reflejos sobre la superficie, mientras el césped y las plantaciones a medida enmarcan el borde exterior. Desde ese frente, la vivienda se lee como un volumen bajo y claro, con grandes planos de vidrio y un trazado limpio que abre la mirada hacia la terraza y el verde.
El jardín se organiza alrededor del agua
La piscina no queda apartada de la casa, sino pegada a la zona más abierta del terreno. Su forma rectangular ordena el conjunto y dibuja una franja serena entre el pavimento y el césped. En los bordes se aprecia una terraza continua, resuelta con una superficie pétrea que acompaña el recorrido junto al agua. Los reflejos cambian según entra la luz, y esa variación suaviza la geometría estricta del vaso. La piscina infinita en jardín funciona aquí como eje visual y como pieza que conecta la vivienda con el exterior inmediato.
Desde el ángulo más amplio, el pabellón y la piscina comparten la misma dirección. La casa se estira en una sola planta y el alero marcado prolonga la sombra sobre la terraza. Ese gesto no dramatiza la escena; simplemente da profundidad al plano de entrada y ordena el paso entre pavimento, cristal y agua. La masa del volumen queda controlada por líneas rectas, mientras el jardín aporta una textura más baja, con césped y vegetación medida alrededor de la zona de baño.
Vidrio, terraza y una transición muy abierta
La fachada de vidrio con grandes ventanales domina la relación con la terraza. Los paños de cristal se abren de suelo a techo y dejan que el interior quede siempre cerca del jardín. En la zona cubierta, el techo plano sobresale con claridad y proyecta una sombra que hace legible el límite de la vivienda. Bajo ese vuelo aparecen luces en el techo, un detalle discreto que aparece cuando cae la tarde y refuerza la lectura del porche.
La terraza junto a la piscina se desarrolla como una superficie amplia y continua, sin cortes llamativos entre los distintos tramos. El pavimento de tono pétreo acompaña el borde del agua y enlaza con las puertas acristaladas. No hay un salto brusco entre dentro y fuera; la conexión interior exterior se construye con aperturas generosas, visuales largas y una relación directa entre el estar y el jardín. La vivienda se deja ver antes de entrar, y esa transparencia define buena parte de su carácter.
Un alero que dibuja la sombra
El voladizo tiene un papel más práctico que decorativo. Protege la franja exterior, prolonga el uso de la terraza y dibuja una línea horizontal fuerte sobre la fachada. En la imagen se ve cómo la luz queda recogida bajo ese plano, con un efecto más íntimo junto a las puertas de vidrio. Ese contraste entre el exterior abierto y la zona cubierta da profundidad a la composición y ordena el encuentro entre la casa y la piscina.
Hormigón y piedra natural en una lectura sobria
Los materiales visibles se mantienen en un registro contenido: hormigón, vidrio y piedra natural. El hormigón aparece en los bordes y en los elementos estructurales que enmarcan las aperturas; la piedra natural se reconoce en la terraza y en las superficies que rodean la piscina; el vidrio, por su parte, domina las zonas de visión y elimina casi por completo la sensación de cierre. Esa combinación no busca contraste excesivo. Lo que hace es dar peso al volumen y al mismo tiempo dejar que el jardín entre en la composición.
En los detalles exteriores, la dureza del hormigón se compensa con la textura más irregular del pavimento pétreo y con la superficie quieta del agua. La fachada de vidrio con grandes ventanales reduce la masa visual del pabellón y permite que la vivienda parezca más ligera de lo que realmente es. Todo queda apoyado en una geometría clara: líneas rectas, planos horizontales y una base exterior que mantiene la atención en la relación entre materiales y apertura.
Una piscina que recoge reflejos y bordes rectos
La lámina de agua es estrecha y alargada, con un borde muy definido que refuerza la sensación de dirección. Los reflejos de la vivienda y del cielo se concentran sobre la superficie, de modo que la piscina cambia con cada paso alrededor del jardín. La lectura es nítida desde cualquier punto: primero aparece la línea del agua, después el pavimento y al fondo el volumen blanco y vidriado del pabellón. Ese orden visual es simple, pero muy eficaz en la forma en que organiza la escena.
La sala de estar se abre al jardín
En el interior, el salón con grandes ventanas mantiene la misma relación franca con el exterior. Desde la estancia principal se ve el jardín con claridad, y la abertura acristalada recoge árboles, cielo y parte del borde de la terraza. El espacio se sostiene con superficies sobrias y una presencia notable del vidrio, que amplía el fondo de la habitación sin necesidad de ornamentación. En lugar de cerrar la estancia, la composición la estira hacia fuera.
La luz del interior no depende solo de las aperturas laterales. En el techo aparecen anillos luminosos que marcan la zona de estar y dialogan con la presencia de un elemento circular negro, visible como pieza central en la sala. Ese contraste entre el fondo claro y el detalle oscuro introduce una nota gráfica dentro de un espacio dominado por planos neutros. También se aprecia una abertura enmarcada en hormigón, casi como un hueco tallado, que vuelve a poner el exterior en primer plano.
Un pabellón que se entiende desde el recorrido
La fuerza del conjunto está en la secuencia: jardín, piscina, terraza y salón. Cada parte se apoya en la siguiente sin recurrir a gestos innecesarios. El techo plano con gran vuelo, las grandes puertas acristaladas y la base de piedra natural construyen una casa pabellón con piscina infinita que se lee con rapidez, pero gana matices cuando uno se detiene en la sombra bajo el alero o en los reflejos sobre el agua. Es una arquitectura de líneas claras, abierta al paisaje inmediato y definida por lo que muestra, no por lo que oculta.
Visto desde el jardín, el volumen no compite con el entorno; se coloca al borde del césped y deja que la vegetación, el pavimento y la lámina de agua organicen la escena. Esa decisión hace que la casa parezca apoyarse más en el terreno que imponerse sobre él. La conexión interior exterior, reforzada por los grandes ventanales y la terraza continua, mantiene el proyecto atento al movimiento de la luz y a la relación constante entre estar dentro y mirar hacia fuera.
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