Renovación interior de una casa de campo con efecto lienzo blanco y suelo de piedra natural
La renovación interior de una casa de campo se apoya aquí en dos decisiones muy claras: conservar los muros exteriores y vaciar el interior hasta convertirlo en una secuencia precisa de estancias. La entrada abre el recorrido, luego llegan la zona de estar, el comedor y la cocina, casi sin cortes visuales. Esa distribución interior alargada, de casi treinta metros, hace que el espacio se lea de un vistazo y obliga a que cada material tenga presencia propia. No hay exceso de elementos; el interés está en cómo se encadenan las superficies, la luz y las transiciones.
Un interior que se recorre en línea recta
La planta funciona como un trazo continuo. Desde la entrada, la mirada avanza hacia la zona de estar, pasa por el comedor y termina en la cocina, donde el mobiliario y la piedra oscura cierran la perspectiva. Ese fondo largo evita los compartimentos cerrados y deja que el proyecto se entienda por capas: primero el vacío, luego los planos de pared, después la materia. La longitud no se disimula; se trabaja con ella. Por eso el recorrido interior mantiene una lectura clara, casi narrativa, entre aperturas, pasos y cambios de textura.
El proyecto no busca multiplicar recursos, sino reducirlos. El interior efecto lienzo blanco aparece en las paredes y en las superficies lisas que sirven de fondo para la piedra y la madera. Sobre ese plano claro, los muebles empotrados y la cocina se leen con más precisión. La luz natural rebota en los paramentos blancos y deja que los volúmenes se definan por sus bordes. Así, el conjunto no depende de la decoración, sino de la relación entre vacío, plano y material.
Suelo de piedra natural como base del conjunto
El suelo de piedra natural marca el tono desde el primer paso. Su textura no es uniforme: presenta variaciones suaves, pequeñas sombras y una pátina visual que acompaña el resto del interior sin imponerse. Al extenderse por las estancias principales, crea continuidad entre la entrada, la zona de estar y el comedor. No actúa como fondo neutro, sino como una superficie con peso propio, capaz de sostener tanto los volúmenes de madera ahumada como las piezas más sobrias de la cocina. Esa base mineral ordena la lectura de todo el proyecto.
En las imágenes, la piedra aparece también como un plano que refleja de manera discreta la luz y deja ver la escala del espacio. No busca brillo. Lo que aporta es una sensación de superficie extensa, ligeramente irregular, con una presencia táctil que contrasta con los paños blancos. Ese contraste es importante porque evita que el interior se vuelva plano. La piedra introduce una variación constante, pequeña pero visible, que se repite a lo largo del recorrido y da unidad a la estancia sin recurrir a gestos decorativos.
Armarios de madera ahumada a medida y líneas contenidas
Los armarios de madera ahumada a medida aparecen como piezas de apoyo que organizan muros y pasos. Su veteado vertical y su tono oscuro recortan el fondo claro y aportan una lectura más estructurada del espacio. No funcionan como un bloque cerrado, sino como un sistema de frentes, juntas y planos que acompañan la circulación. En los detalles se aprecia cómo la madera introduce una textura distinta, más seca y más gráfica, que dialoga con la piedra del suelo sin competir con ella.
La continuidad de estos volúmenes se percibe especialmente en las zonas de paso y en los planos de pared. Allí, la carpintería de madera ahumada no se limita a almacenar; también define bordes y marca cambios de dirección. El resultado es un interno donde la medida de los elementos importa tanto como su material. Al mantener la paleta contenida, los armarios se convierten en una presencia precisa, casi arquitectónica, dentro de un conjunto que sigue dominado por la claridad de las superficies blancas.
La cocina como un punto de contraste controlado
La cocina introduce la nota más intensa del conjunto con una encimera de piedra natural y una pared de cocina de piedra oscura. La veta profunda de ese material aparece como un plano claro en la composición: no busca ornamentación, sino marcar el área de trabajo y cerrar visualmente la estancia. Frente a la madera ahumada, la piedra oscura añade densidad. Frente al blanco, introduce profundidad. Ese equilibrio entre materiales se ve especialmente en la zona de trabajo, donde cada borde queda bien definido.
La cocina con piedra natural oscura se integra en el recorrido sin romperlo. Los frentes de madera y la piedra del fondo se leen como una sola composición, apoyada por líneas rectas y aperturas limpias. La encimera de piedra natural prolonga esa idea de materia continua, mientras las superficies lisas del entorno mantienen el ritmo del espacio. Es un gesto medido: suficiente para dar carácter a la cocina, pero sin desplazar el protagonismo del conjunto interior, que sigue descansando en la piedra del suelo y en el blanco de las paredes.
Luz, huecos y un fondo casi silencioso
La iluminación se resuelve con discreción. Los puntos de luz en el techo y los trazos lineales reforzan la lectura de la longitud interior, especialmente en la zona de paso y junto a los elementos empotrados. Esa luz baja el volumen visual del espacio y deja que aparezcan las texturas: la veta de la madera, los cambios suaves del suelo de piedra natural y la piedra oscura de la cocina. Nada se presenta como un foco aislado; todo se entiende dentro de una secuencia continua de planos y umbrales.
En varias vistas, el interior efecto lienzo blanco permite que los huecos y las aberturas tengan más protagonismo que el decorado. Se ve en la forma en que la estancia conecta con la cocina, en la relación entre los muros claros y los pasos abiertos, y en la manera en que la luz atraviesa el conjunto. El proyecto trabaja con pocos materiales, pero los coloca donde realmente cambian la percepción del espacio. Por eso cada transición se lee con nitidez: pared, suelo, madera, piedra, otra vez pared.
Una secuencia doméstica sostenida por materiales honestos
La renovación interior de una casa de campo aquí no depende de añadir elementos, sino de afinar la relación entre volumen y superficie. Los muros exteriores permanecen, pero dentro todo se reordena para que la secuencia entre entrada, estar, comedor y cocina resulte más clara. La combinación de suelo de piedra natural, armarios de madera ahumada a medida y piedra oscura en la cocina construye una identidad sobria, con pocas decisiones y muy legibles. Esa reducción del repertorio material es lo que da carácter al proyecto.
El conjunto final deja una impresión de orden visual sin rigidez. Se percibe en los encuentros entre piedra y madera, en la continuidad del suelo y en el modo en que la cocina se asienta al final de la planta. El interior efecto lienzo blanco no borra la materia; la hace más visible. Y, en lugar de competir entre sí, los materiales se reparten el espacio con precisión. El resultado es una casa de campo reconvertida en una vivienda actual, donde la longitud del recorrido y la elección de las superficies son las dos claves principales.
La selección de elementos y proveedores se recoge aparte en la documentación del proyecto, junto con la fotografía de Bert Demasure.
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