Jardín mediterráneo con zona exterior amplia y comedor cubierto
La parcela tenía una forma complicada y, en su estado anterior, no se aprovechaba todo su ancho. La nueva jardín mediterráneo zona exterior cambia esa lectura desde el primer paso: un volumen hecho a medida ocupa la franja completa y ordena el recorrido entre la terraza, el comedor y la plantación. La pieza central es un jardín aislado y calefactado, pensado para usarse con más calma que una simple pérgola abierta, y que se cierra parcialmente con puertas correderas estilo acero.
Un volumen a medida que ensancha el jardín
El nuevo pabellón no se coloca como un añadido ligero, sino como una pieza que toma la anchura del terreno y la convierte en superficie útil. El cerramiento de vidrio y los perfiles oscuros marcan un borde nítido, mientras que la madera introduce una textura más cálida en uno de los laterales. Dentro, el espacio se entiende en dos situaciones: una zona resguardada para estar y un comedor cubierto con cocina exterior, visible como una línea de trabajo integrada en la misma estructura.
La decisión de aislar y calefactar el jardín de invierno hace que el espacio tenga una presencia más estable durante el año. Los heaters no se esconden: son parte del uso previsto, igual que el cierre parcial con puertas de aspecto acero. Esa combinación deja ver y proteger al mismo tiempo. Desde fuera, la composición mantiene una lectura limpia; desde dentro, el contacto con el jardín sigue abierto a través de grandes paños de vidrio y de la continuidad del pavimento exterior.
Comedor cubierto con cocina exterior y techo de lamas pérgola
El comedor cubierto queda protegido bajo un techo de lamas pérgola que introduce ritmo en la parte superior. Las lamas filtran la luz y dibujan una sombra más controlada sobre la mesa y la cocina exterior. Junto al plano horizontal, el mobiliario técnico se reconoce por el acero y las superficies de trabajo visibles en las imágenes. No hay exceso de elementos: el espacio se apoya en una distribución clara, con el área de cocinar vinculada directamente al lugar donde se come.
Ese mismo gesto cubierto se prolonga hacia la terraza, de modo que interior y exterior no se leen como ámbitos separados. El proyecto insiste en la continuidad del suelo y en la relación directa entre la abertura de las puertas, el comedor y la zona de paso. El resultado es una secuencia sencilla de entender: entrar, abrir, sentarse, cocinar. La estructura protege sin cerrar del todo, y por eso la luz sigue entrando con facilidad en el conjunto.
Flagstone y luz para una lectura más sur
La terraza estilo flagstone aporta el matiz más reconocible del proyecto. Las piezas aparecen tanto en la terraza como en la cubierta, y su textura introduce una variación sutil frente a los planos lisos del cerramiento. En el pavimento, el dibujo de juntas y las piezas de gran formato ordenan la superficie y acompañan los cambios de nivel. La elección de estos acabados responde a la idea de una lectura mediterránea, pero sin cargar el conjunto de ornamento.
La iluminación exterior completa esa atmósfera al caer la tarde. Los puntos de luz no compiten con los materiales; se limitan a destacar recorridos, muros y zonas de estar. En las imágenes aparecen luminarias murales y un plan de luz que permite leer los bordes del espacio cuando el jardín pierde intensidad. Esa presencia es discreta, aunque fundamental para que la terraza y el acceso al pabellón no queden como un plano oscuro alrededor del volumen principal.
Materiales que trabajan con la sombra
El proyecto utiliza materiales que aceptan bien el contraste entre sol, sombra y reflejos. El acero oscuro enmarca las aperturas; la madera rebaja la dureza de los planos; la piedra tipo flagstone añade una lectura más mineral al suelo. No se trata de acumular acabados, sino de hacer que cada uno marque una transición distinta. En las fotos, el vidrio deja ver el interior sin perder el límite del cerramiento, y la cubierta prolonga ese juego entre transparencia y abrigo.
La planta parece pensada para que cada elemento tenga un borde claro. El comedor cubierto no invade el jardín, sino que lo recorta; la cocina exterior se integra en el mismo gesto; la terraza empalma con la circulación exterior. Esa manera de ordenar el espacio resulta visible incluso en los detalles más pequeños, como el encuentro entre la carpintería oscura, el suelo de gran formato y el remate de la cubierta. Todo está alineado para que el ancho del terreno se lea con más claridad.
Diferencias de altura, jardineras y un muro con aspecto de estuco
El jardín no queda plano. Las diferencias de altura introducen un cambio de ritmo entre la zona construida y la plantación, y evitan que el conjunto se lea como una única superficie continua. Las jardineras elevadas a medida recogen ese escalonamiento y lo convierten en una parte activa del diseño. Sus bordes rectos ordenan las masas verdes y ayudan a dibujar trayectos más precisos alrededor del pabellón y del patio.
Junto a ellas aparece un muro con aspecto de estuco que sirve como fondo para la vegetación y como plano de contraste frente al vidrio y la piedra. No busca protagonismo, pero sí fija una pausa visual entre los elementos más duros. En ese límite se aprecia mejor la plantación abundante, con varias especies de árboles mediterráneos que dan volumen a los canteros y suavizan la geometría del espacio. La vegetación no cubre la arquitectura; la acompaña desde los bordes.
Una plantación que llena los vacíos
Las masas verdes ocupan los huecos que deja el trazado duro del pavimento y las plataformas. Hay lavanda y otras plantas de flor baja que se leen como manchas de color junto a la piedra y la madera. Más atrás, los árboles mediterráneos aportan altura y sostienen la idea del jardín sin convertirlo en un bloque cerrado. Esa mezcla de especies hace que el recorrido tenga cambios de escala: cerca del suelo, el detalle; al fondo, la copa y la sombra.
Visto en conjunto, el proyecto se apoya en una secuencia muy concreta de decisiones: ampliar el uso del terreno, proteger una zona de estar, incorporar un comedor cubierto con cocina exterior y dar al pavimento una textura con carácter mediterráneo. El jardín mediterráneo zona exterior aparece aquí como una composición precisa, donde el volumen construido, la terraza y la plantación trabajan sobre el mismo eje ancho de la parcela. No sobra nada, pero tampoco falta aire entre una pieza y otra.
La lectura final depende mucho de la relación entre los materiales y la luz. De día, el vidrio abre el pabellón al jardín; al anochecer, la iluminación exterior recorta mejor las líneas del suelo y de los muros. Entre ambas situaciones, el espacio mantiene la misma idea: un exterior pensado para usarse de forma real, con una cocina exterior, un comedor cubierto y un jardín aislado y calefactado que aprovecha toda la anchura disponible.
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