Interior de co-living con tema botánico y espacios compartidos
Las baldosas con motivos botánicos marcan la entrada antes de que aparezcan las zonas de estar. Ese gesto cromático se repite en el interior y da unidad a un interno de co-living con espacios compartidos pensado para 66 unidades de tamaños distintos. La madera, el vidrio y el azulejo ordenan el recorrido, mientras las zonas comunes se concentran alrededor de la escalera central y convierten el paso cotidiano en un punto de encuentro.
Un edificio reorganizado para vivir entre lo privado y lo común
La distribución parte de una idea clara: cada habitación funciona como un refugio privado, pero nunca se aísla del todo. En la unidad aparecen baño propio, escritorio y kitchenette compacta, suficientes para sostener la rutina diaria sin renunciar a los servicios compartidos de cada planta. Los pequeños balcones abren una salida directa al exterior y suavizan la secuencia de piezas interiores. El resultado es un interno de co-living con espacios compartidos que deja ver, desde el primer momento, cómo se reparte la vida entre ambas escalas.
Las puertas Dutch door introducen una separación parcial entre zonas privadas y públicas. No cierran por completo, sino que filtran la relación con el pasillo y con las áreas comunes. Esa decisión encaja con el mobiliario desplazable, que permite adaptar la habitación según el uso del día. Una mesa junto a la ventana, un banco bajo el alféizar, una silla apartada del acceso: la planta admite cambios pequeños sin perder orden. En este interior de co-living con espacios compartidos, la flexibilidad se consigue con elementos concretos, no con gestos abstractos.
El tema botánico se lee en colores, azulejos y tapicerías
El diseño de interiores botánico no se limita a un motivo decorativo puntual. Se extiende por la fachada, por las superficies interiores y por piezas más próximas al cuerpo, como las tapicerías, las alfombras y los cojines. En las imágenes, los verdes conviven con blancos, grises y maderas claras; el conjunto evita el exceso de contraste y se apoya en repeticiones discretas. Esa continuidad visual ayuda a que el proyecto no parezca una suma de habitaciones, sino una secuencia de espacios con un mismo lenguaje.
La carpintería de azulejos y acentos de color botánicos aparece con especial claridad en las cocinas compartidas y en los baños. En cocina, el azulejo forma una retícula limpia detrás de la encimera, mientras los muebles verdes introducen una nota más densa frente a la piedra o a la superficie mineral del tablero. En baño, la mampara de vidrio deja ver el trazado de la ducha y los cambios de tono en el revestimiento. Son detalles precisos, pero suficientes para fijar el carácter del interior.
La escalera central como lugar de paso y de pausa
Alrededor de la escalera central se organiza buena parte de la vida común. La sala común cerca de la escalera central funciona como una especie de vestíbulo ampliado: bancos tapizados, mesas bajas y líneas de visión abiertas hacia el resto de la planta. No es un espacio de tránsito rápido, sino un lugar donde uno se sienta sin interrumpir el movimiento general. La presencia de barandillas de vidrio, paneles de madera y luces empotradas refuerza esa lectura de umbral entre circulación y estancia.
En otra parte del conjunto, los encuentros se vuelven más domésticos. Las estanterías, los asientos y las mesas de centro se colocan para mirar hacia el interior de la planta, no sólo hacia las ventanas. Desde algunos puntos se perciben los conductos y las instalaciones del techo, que dejan visible la estructura técnica del edificio. Esa exposición no domina la escena, pero sí recuerda que el proyecto trabaja con una reutilización clara de la envolvente y con una organización interior muy legible.
Cocinas compartidas y mesas grandes para usar la planta
La cocina compartida y mesas de comedor grandes ocupan una posición estratégica en varias plantas. Las mesas largas permiten comer, conversar o extender objetos de trabajo sin tener que replegar el espacio después de cada uso. A su alrededor, las superficies de azulejo y los armarios verdes dibujan un fondo sencillo, fácil de leer desde la entrada. En lugar de esconder la vida diaria, estas cocinas la hacen visible y la colocan en el centro de la circulación.
Junto a estas zonas aparecen biblioteca, salón, sala de TV y terrazas exteriores. Cada pieza cubre un ritmo distinto: lectura, reunión, descanso o evento. Las salas más amplias admiten más de un uso, mientras los lounges más pequeños se acercan a la escala doméstica. Esa diversidad se entiende mejor cuando se recorre el piso completo, porque las estancias no compiten entre sí; se encadenan alrededor de los núcleos de circulación y mantienen siempre algún contacto con la luz o con una salida exterior.
Materiales visibles que ordenan la experiencia
La madera domina en paneles, lamas y revestimientos, y crea un fondo continuo que da cuerpo a pasillos, lounges y zonas de escalera. El vidrio aparece en barandillas, separaciones y huecos amplios, permitiendo que la vista vaya del descanso a la circulación sin cortes bruscos. El azulejo, en cambio, introduce ritmo: en cocina, en baño y en ciertos paños del exterior, marca franjas y bordes. La mezcla no busca efecto; organiza usos distintos con superficies fáciles de leer.
También en las habitaciones se repite esa lógica. Un banco junto al ventanal, una cortina corrida, una repisa junto al escritorio o una kitchenette compacta bastan para definir el uso sin saturar la estancia. La habitación privada con kitchenette y baño privado mantiene su autonomía, pero se relaciona con el resto del proyecto a través de la misma paleta de materiales. Las vistas hacia el exterior, filtradas por balcones pequeños y por carpinterías marcadas, completan un conjunto donde cada capa tiene una función visible.
Una planta baja abierta con color y dibujo vegetal
La planta baja abierta introduce una lectura más pública del edificio. Los azulejos coloridos y los detalles botánicos animan el acceso, pero también aclaran el recorrido hacia el interior. No hay una ruptura brusca entre el umbral y las salas de uso común; el suelo, los paramentos y las piezas de mobiliario preparan la transición con cambios graduales de textura y color. Esa apertura hace que el edificio se lea de un vistazo y, al mismo tiempo, invite a continuar el movimiento hacia arriba.
En conjunto, el interior de co-living con espacios compartidos funciona como un sistema de pequeñas decisiones: habitaciones con baño propio, cocinas de uso común, salas junto a la escalera y terrazas que prolongan la vida de cada planta. El tema botánico no actúa como decoración añadida, sino como un hilo que cruza fachada e interior. Así, la transformación del antiguo hotel se traduce en una organización más clara de uso, con una vida compartida que puede crecer a medida que el edificio se habita.
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