De Kapel: lemo en muros, microtopping y pátina para un efecto envejecido
La textura mineral de los muros marca el ritmo desde la entrada. Sobre esa superficie de lemo en muros y microtopping con efecto envejecido, los arcos redondos, la luz filtrada por las vidrieras y las piezas a medida se leen con más claridad. No hay un único acabado que domine el interior; aquí son las capas las que construyen la escena, desde la pared hasta el suelo y el mobiliario.
Muros con textura mineral y una base muy contenida
La leemtechniek aplicada en las paredes deja una piel mate, irregular en la medida justa, que funciona como fondo para el resto del proyecto. Esa textura mineral en paredes no compite con los huecos de arco ni con los nichos redondos; los hace más visibles. El blanco roto y los tonos claros refuerzan la altura de las bóvedas y suavizan el paso entre los distintos espacios, sin borrar la presencia de la antigua capilla.
En varios puntos, la pared se interrumpe para formar nichos y aperturas redondeadas. Ahí aparecen las vidrieras, encajadas en aberturas circulares que recortan el color dentro de un conjunto muy sobrio. Ese contraste entre vidrio y lemo se repite como un hilo visual. La materia del muro sigue presente, pero deja espacio a la luz y a los contornos curvos del interior de capilla con arcos.
Microtopping con puro metallo brons en los detalles
Los remates más precisos llevan microtopping puro metallo brons, una solución que se percibe en el detalle, no como un gesto excesivo. Su presencia afina encuentros y superficies donde interesa un acabado más exacto, casi metálico en su lectura visual. En vez de romper la continuidad del conjunto, ese tratamiento introduce un cambio de tono muy controlado, visible cuando la mirada pasa de la pared a las piezas fijas y a los planos más trabajados.
La elección de microtopping permite que el lenguaje material siga siendo mineral. No aparece como una capa decorativa aislada, sino como una herramienta para reforzar el carácter del proyecto. En este interior de capilla con arcos, la precisión del acabado importa tanto como la forma de los huecos. Por eso los detalles se leen limpios, con bordes definidos y una superficie que recoge la luz sin brillo innecesario.
Una pátina que envejece suelo y mobiliario
El suelo y el mobiliario llevan pátina y microtopping para producir un efecto envejecido que se nota en la superficie, no en el discurso. Los planos parecen haber ganado tiempo, como si la materia hubiera asentado su tono con el uso. Esa operación se advierte sobre todo en los cambios entre pavimento, zócalos y piezas de mobiliario, donde la pátina atenúa el acabado nuevo y lo acerca a una lectura más sobria.
El resultado no depende de una sola técnica, sino del ajuste entre varias. La base de lemo en muros, el microtopping en detalles y la pátina en suelo y muebles trabajan con la misma lógica: dejar que la forma del espacio siga siendo la protagonista. En las transiciones hacia la cocina y la zona de estar, ese envejecido controlado une superficies que, de otro modo, quedarían demasiado separadas por material o tono.
Arcos, nichos y vidrieras en el antiguo espacio sacro
Las proporciones altas del interior se mantienen visibles en cada encuadre. Las bóvedas y los arcos redondos dan una cadencia lenta al recorrido, y los nichos circulares interrumpen las paredes con pequeños vacíos. En ellos, las vidrieras aportan color y un dibujo fragmentado que cambia con la luz. El conjunto sigue leyendo como una capilla, aunque el amueblamiento haya pasado a una lógica doméstica y medida.
La cocina a medida con arcos se integra sin levantar una frontera dura. Sus frentes blancos y el sobre de aspecto pétreo se apoyan en la geometría del espacio, mientras los portales curvos repiten la forma dominante del edificio. La madera aparece en puntos concretos, en paneles y remates, para dar peso visual a las zonas de paso. Todo queda muy próximo a la arquitectura existente, como si los muebles aceptaran la escala de la nave y no la disputaran.
La escalera blanca escultórica como pieza de transición
La escalera blanca escultórica corta el espacio con una presencia precisa. Sus wangen blancos dibujan un perfil continuo, casi tallado, que contrasta con el suelo de aspecto mineral y con los paños de madera cercanos. No intenta desaparecer. Al contrario, organiza el paso entre niveles y deja que la curva de la escalera dialogue con las líneas redondeadas de la capilla.
Vista de cerca, la escalera pone en primer plano el encuentro entre masa y ligereza. La parte blanca recoge la luz, mientras los laterales de madera y los planos contiguos introducen una lectura más táctil. En un interno con tanta altura, esa pieza ayuda a medir la escala. Es un elemento funcional, sí, pero también una de las formas más claras de entender cómo se ha reinterpretado el edificio desde dentro.
La cocina y la zona de estar entre madera, piedra y luz
La cocina a medida con arcos se abre hacia la estancia principal con frentes blancos, superficies lisas y una isla de presencia contenida. El tablero con aspecto de piedra introduce una nota más sobria, y la secuencia entre cocina, paso y estar se resuelve con pocos elementos. La madera aparece en los paneles y en los límites del mobiliario, donde aporta espesor visual sin dominar la escena.
En la zona de estar, la chimenea o zona de fuego se integra en un frente oscuro enmarcado por madera. Ese punto concentrado contrasta con las paredes blancas y las curvas del conjunto, y actúa como un cierre visual dentro del espacio abierto. En torno a él, el blanco mineral, los techos con vigas vistas y los huecos de arco mantienen la identidad del interior de capilla con arcos, ahora leída a través de un uso cotidiano.
Un proyecto donde cada acabado tiene su sitio
Lo más interesante está en cómo se reparten las técnicas. El lemo en muros fija la base; el microtopping puro metallo brons afina los detalles; la pátina en suelo y muebles envejece sin teatralidad. Esa combinación evita que el interior se quede en una sola lectura material. Cada superficie aporta una respuesta distinta a la luz: la pared la absorbe, el metalizado la concentra, la pátina la apaga un poco más.
Por eso el proyecto se entiende mejor como una suma de decisiones concretas que como una gran declaración. Las vidrieras en nichos redondos, los arcos, la escalera blanca escultórica y la cocina a medida con arcos no aparecen como piezas sueltas. Se apoyan en la textura mineral en paredes y en el acabado envejecido del conjunto para que la antigua capilla conserve su presencia, mientras el interior adopta un uso actual y muy medido.
En conjunto, la lectura es clara: materia mineral, curvas arquitectónicas y mobiliario hecho a la medida de la nave. La técnica no se impone sobre la arquitectura; la acompaña. Y ahí está la fuerza de este interior, en dejar que el muro, el vidrio y la madera sigan hablando al mismo tiempo.
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