Villa moderna junto al agua con grandes ventanales
La cara que da a la calle apenas deja entrever lo que ocurre dentro. Muro de ladrillo, vanos contenidos y poca apertura. Al rodear la casa, la lectura cambia por completo: la villa moderna junto al agua abre su volumen con grandes ventanales y una sucesión de planos acristalados que miran al agua. La escala también sorprende. Son 55 metros de ancho, un dato que se percibe enseguida en la longitud de la fachada y en la amplitud de los recorridos exteriores.
Un frente cerrado y una apertura total hacia el agua
Desde el acceso terrestre, el conjunto se protege. No hay transparencias fáciles ni vistas directas al interior. Esa decisión refuerza el contraste con el lado del agua, donde la casa se descompone en paños de vidrio, terrazas y transiciones cubiertas. Allí aparece una villa moderna junto al agua en su versión más abierta, con una relación constante entre interior y exterior. Las proporciones de los huecos, los vuelos de cubierta y las líneas rectas de los cerramientos marcan el ritmo de ese lado más expuesto.
La lectura desde el agua se apoya en los grandes ventanales, que enlazan varias estancias con el paisaje. La vivienda no concentra la vista en un solo punto. La distribuye. Salón, cocina, dormitorio y sala de entretenimiento se orientan hacia la misma dirección, de modo que la mirada encuentra siempre agua, reflejos y vegetación. En lugar de cerrar cada pieza sobre sí misma, la planta aprovecha la profundidad del frente acristalado y deja que la luz avance por el interior.
Verandas, pasos cubiertos y una vida exterior muy construida
Las zonas exteriores no se reducen a una terraza aislada. Hay varias verandas y pasos cubiertos que conectan la arquitectura con el jardín. Algunas de esas transiciones quedan bajo amplios vuelos y celosías, lo que proyecta franjas de sombra sobre el pavimento y ordena el borde entre casa y parcela. La veranda cubierta con vidrio aparece como un recurso repetido, aunque cada tramo responde a una relación distinta con la piscina, el césped o la línea del agua.
Las losas grandes del pavimento refuerzan esa sensación de recorrido continuo. No compiten con los materiales del edificio; los acompañan. Entre los volúmenes exteriores se abren bordes plantados, y el jardín se introduce en los vacíos entre una plataforma y otra. También se mencionan un boathouse y una casita para huéspedes, piezas que completan el conjunto sin quitar protagonismo a la vivienda principal. Todo queda distribuido alrededor de los ejes visuales que miran al agua.
Piscina, jacuzzi y borde iluminado
La zona de baño ocupa un lugar visible en el paisaje doméstico. La piscina con jacuzzi se sitúa junto a las verandas y se acompaña de iluminación que subraya el color del agua al atardecer. No se trata solo de un elemento de ocio; también organiza el exterior. El vaso azul, el pavimento claro y los parterres cercanos construyen una secuencia muy legible, en la que el agua de la piscina dialoga con el agua del entorno inmediato.
Visto de noche o en penumbra, el perímetro de la piscina adquiere una presencia casi lineal. Las superficies reflectantes, los bordes rectos y el brillo de la iluminación hacen que el conjunto gane profundidad. Desde el lado de la vivienda, las aperturas acristaladas recogen esa escena y la llevan al interior. La casa no se limita a estar junto al agua; la incorpora como parte de su composición visual.
Interiores que siguen la línea del horizonte
Dentro, la distribución mantiene la misma dirección. El salón, la cocina, el dormitorio y la sala de entretenimiento se orientan hacia las vistas, de manera que los huecos no funcionan como simples aperturas, sino como fondos constantes de la estancia. En una villa moderna junto al agua, esa decisión cambia por completo la experiencia del espacio. Los muebles y los acabados quedan en un segundo plano frente a la luz y al paisaje, que entran en escena por las grandes superficies de vidrio.
El proyecto evita que cada metro cuadrado se resuelva con una función cerrada y previsible. Hay intermedios, pasos y vacíos que no se entienden como pérdida, sino como parte del recorrido. Esa holgura refuerza la sensación de escala y permite que el interior respire. Los techos alcanzan en algunos puntos unos seis metros, y la altura se hace visible no solo en la sección, sino también en la forma en que la luz cae sobre paredes y suelos.
Paredes efecto piedra y paneles oscuros
La materialidad interior mezcla paneles oscuros, superficies con textura pétrea y carpinterías que enmarcan las vistas. Las paredes efecto piedra en el interior aparecen en zonas clave, como la sala y el entorno de la chimenea o los muros que acompañan la circulación vertical. No son un telón de fondo neutro. Tienen peso visual y apoyan la escala del espacio, sobre todo cuando se combinan con los paños lisos y los reflejos del vidrio.
En la cocina, el frente oscuro y la encimera de apariencia pétrea introducen un registro más sobrio, mientras las lámparas suspendidas y el vidrio lateral mantienen la conexión con el exterior. El resultado no depende de la decoración, sino de la relación entre materia y abertura. Esa misma lógica se repite en la sala de entretenimiento, donde el mobiliario bajo y las superficies continuas dejan que los ventanales sigan marcando el ambiente.
Doble altura, vidrio y una escalera que ordena el vacío
Uno de los momentos más claros del interior es la zona de vide. La doble altura con ventanas aparece junto a la escalera, con barandillas ligeras y un vacío vertical que hace visible la dimensión real de la casa. Las ventanas grandes no solo aportan luz; también explican cómo se apilan los espacios y cómo se relacionan entre sí. Desde ese punto, el volumen se entiende de una sola vez, sin fragmentos innecesarios.
La combinación de paneles oscuros, piedra y vidrio refuerza la sensación de profundidad. La escalera asciende junto a paños revestidos y abre una lectura clara de la planta. A ratos, el espacio se estrecha para enmarcar una vista; después vuelve a expandirse en la doble altura. Ese juego de compresiones y aperturas es una de las claves del proyecto. La arquitectura no se limita a alojar estancias: construye trayectos y encuadres para mirar el agua desde distintos niveles.
La casa deja una impresión muy precisa por ese contraste entre contención y apertura. Desde la calle, el volumen se reserva. Hacia el agua, se extiende con vidrio, verandas y reflejos. En el interior, los techos altos, las superficies pétreas y los paneles oscuros sostienen una atmósfera de gran escala, sin perder el vínculo con el paisaje exterior. Es ahí donde la villa moderna junto al agua encuentra su verdadera medida: en la forma en que cada estancia se vuelve hacia la vista y la deja ocupar el centro.
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