Reforma de loft con doble altura y tres cubos
Las vigas de madera a la vista marcan el ritmo del espacio antes incluso de que aparezcan las estancias. En esta reforma de loft con doble altura, la estructura antigua sigue presente, pero el recorrido se organiza con una lógica nueva: un plano abierto, pocas interrupciones y tres cubos compactos que ordenan baño, cocina y dormitorios sin cerrar la lectura del conjunto.
Un almacén convertido en recorrido abierto
El punto de partida era un antiguo almacén de ladrillo, con tres compartimentos principales y una planta de proporciones alargadas. La intervención no borra esa base. Al contrario, la deja ver en los pilares de madera, en las vigas y en los tableros que componen el forjado. Sobre esa trama se construye una circulación abierta, tanto horizontal como vertical, para que el paso entre niveles no dependa de pasillos cerrados ni de piezas residuales. La reforma de loft con doble altura se lee aquí como una secuencia de vacíos, pasos y miradas cruzadas.
La organización reduce al mínimo los elementos necesarios. Baños, dormitorios y lavadero no se dispersan; se concentran en núcleos pequeños que liberan superficie para moverse. Ese gesto deja respirar la planta y hace que la luz avance sin obstáculos entre los cambios de nivel. En lugar de compartimentar, el proyecto trabaja con una circulación abierta que conecta la zona de estar, los accesos a las plantas superiores y las piezas más privadas mediante giros cortos, plataformas y una escalera que forma parte del propio trazado.
Tres cubos en el plano, tres pausas en la casa
Los tres cubos son el gesto más claro de la reforma de loft con doble altura. El primero flota apenas sobre la planta baja y contiene dos baños. Entre la ducha y la estancia principal, el vidrio esmerilado como separación introduce una frontera tenue: deja pasar la luz, pero recorta la visión. Ese cubo no solo resuelve el programa; también fija una primera pausa en el recorrido, una pieza cerrada que hace visible todo lo que queda alrededor.
El segundo cubo se sitúa a media altura. Dentro aparece un dormitorio y, apoyada sobre él, la cocina. La pieza no se limita a alojar funciones; organiza el uso de la planta y, al mismo tiempo, marca una transición entre la zona inferior y la estancia principal. Sus paredes de yeso blanco destacan junto a la madera vista del entorno, y esa tensión entre superficies lisas y estructura antigua es una de las claves visuales del interior. Aquí, el cubo actúa como núcleo y como umbral.
El tercero cuelga del techo bajo la cubierta alicatada y alberga el dormitorio de los niños, orientado a las vistas. Su posición en alto convierte la subida en parte del proyecto. La escalera y pasarela loft no funcionan como accesorios, sino como recorrido real entre piezas suspendidas y suelos perforados. Cada cambio de cota responde a una decisión espacial precisa, y los tres cubos en el plano terminan dibujando también una lectura vertical de la casa.
Escaleras, plataformas y cambios de nivel
Una de las escaleras nace de unas tablas de roble que sobresalen del muro, casi como peldaños tallados en la propia estructura. Otra atraviesa un cubo y se convierte en plataforma antes de continuar hacia la terraza superior. La circulación abierta se apoya en estos recursos para que el desplazamiento no se entienda como un simple acceso, sino como una serie de ajustes de altura, apoyos y rebajes. En un interno así, subir o bajar también es mirar: al forjado, a la pasarela, al vacío central.
La planta baja y la franja de luz
La planta baja queda reservada sobre todo al juego y al descanso, mientras que la segunda planta reúne la cocina y el salón en la parte delantera. En ese nivel aparece una franja estrecha de ventanas que abre la vista y alarga la lectura del espacio. No es una abertura panorámica al uso; es un corte horizontal que acompaña el movimiento interior y da una medida precisa a la estancia. La reforma de loft con doble altura gana aquí una relación muy directa entre la zona habitable y el exterior inmediato.
Frente a esa línea de ventanas corre un banco continuo que unifica el borde de la estancia. En el centro se sitúa una chimenea sin paredes laterales que contengan las llamas. El fuego queda expuesto, casi flotando sobre el vacío visual que deja la abertura. Ese detalle resume bien el proyecto: piezas contenidas, límites parciales y un interno donde la estructura existente no se disimula, sino que entra en diálogo con los elementos nuevos.
Madera, yeso y vidrio en un mismo plano
Las vigas de madera a la vista aparecen como fondo constante. Sobre ellas se recortan las paredes de yeso blanco, los marcos de vidrio esmerilado y, en algunos puntos, un acento de ladrillo que recuerda el origen industrial del almacén. El contraste no busca efecto decorativo. Sirve para distinguir lo que sostiene, lo que separa y lo que deja pasar la luz. La madera aporta grosor visual; el yeso aclara los vacíos; el vidrio suaviza la frontera entre baño, dormitorio y estar.
Ese conjunto de materiales hace que la doble altura no dependa solo del vacío central. También se percibe en las pasarelas, en los encuentros entre muro y forjado, y en la forma en que la estructura antigua queda parcialmente vista detrás de los cubos. El ladrillo aparece como un resto preciso, no como fondo genérico, y refuerza la lectura de un espacio que conserva su memoria constructiva mientras incorpora nuevos apoyos, cerramientos y superficies lisas.
Un interior que se lee en vertical
La reforma de loft con doble altura termina de definirse por su relación entre niveles. Desde abajo se ve la pasarela; desde arriba se reconocen los vacíos y las piezas suspendidas; desde la franja de ventanas, la profundidad del interior se alarga hacia la fachada posterior del conjunto industrial. No hay una escena principal única. Hay varias capas de uso, reunidas por los tres cubos en el plano y por una circulación que acepta interrupciones mínimas. Esa combinación de estructura vista, yeso blanco y vidrio esmerilado como separación sostiene la identidad del proyecto sin recurrir a gestos superfluos.
La casa trabaja con pocas operaciones, pero muy concretas: liberar el centro, elevar algunas piezas, atravesar otras y dejar que la madera siga leyendo el volumen original. Por eso la escalera y pasarela loft no quedan escondidas, y por eso los cambios entre estar, dormitorio y baño se perciben como movimientos dentro de una misma secuencia. En una planta de 360 m², la claridad no viene de abrirlo todo, sino de situar cada volumen en el punto exacto del recorrido.
El resultado es un interno donde el vacío tiene tanto peso como los cerramientos. Las vigas de madera a la vista, las paredes de yeso blanco y el vidrio esmerilado como separación dibujan una casa que se despliega por niveles, con una lectura clara del acceso, el descanso y la vida común. Entre la geometría de los cubos y la textura del almacén original, la reforma de loft con doble altura se apoya en una idea sencilla: dejar que la estructura antigua siga hablando mientras la circulación abre nuevas rutas.
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