Interior y exterior en continuidad
Un ventanal de suelo a techo fija el ritmo de la estancia y lleva la mirada hasta la terraza. Desde ahí, el interior exterior sin cortes se entiende de inmediato: el vidrio abre la sala, el pavimento continúa hacia fuera y la línea del borde del jardín queda limpia, sin gestos sobrantes. La lectura espacial es directa, apoyada en una gran superficie acristalada junto a la terraza y en una disposición que deja el exterior siempre presente.
Ventanales junto a la terraza
La sala se organiza alrededor de una fachada acristalada junto a terraza que deja entrar la luz con una presencia constante. La apertura no se limita a enmarcar la vista; también define cómo se recorre el espacio. Las puertas correderas a terraza permiten que la estancia se abra casi por completo, de modo que el umbral entre dentro y fuera apenas se percibe cuando los paños quedan recogidos. El gesto es sencillo, pero cambia por completo la relación con el patio.
En la misma línea, los ventanales de suelo a techo no funcionan como un fondo neutro. Marcan una dirección y hacen que el mobiliario, las juntas del pavimento y la propia terraza se lean como partes de una secuencia continua. La transparencia del vidrio contrasta con los materiales más sólidos que aparecen en los planos bajos y en los elementos estructurales, visibles en tonos minerales y madera.
El salón abierto al exterior
Lo que se ve desde el interior no es solo un cierre acristalado, sino una manera de ampliar la sala hacia el aire libre. La estancia queda apoyada en una apertura generosa que permite leer el exterior como una prolongación inmediata del uso diario. Las puertas correderas a terraza convierten ese borde en un punto activo, no en una línea de separación, y la terraza pasa a formar parte de la circulación natural de la casa.
El borde de jardín limpio refuerza esa sensación. La transición no se resuelve con un exceso de elementos, sino con una línea clara entre pavimento, vidrio y vegetación. A un lado, el plano construido; al otro, el verde contenido en parterres ordenados. Esa precisión hace que el conjunto se lea con claridad incluso cuando la sala está totalmente abierta y el interior exterior sin cortes se vuelve literal.
Una vista baja, hecha de líneas y vegetación
En primer plano aparecen gramíneas ornamentales en parterres que suavizan la rigidez del trazado. No ocupan la escena, pero sí filtran el borde y acompañan la base de la terraza con una textura fina. La presencia de esas plantas bajas evita que la relación entre arquitectura y jardín dependa solo del vidrio. También introduce un cambio de escala: la línea horizontal del ventanal queda rebajada por tallos ligeros y vacíos entre hojas.
Desde esa altura más cercana al suelo, el proyecto gana una lectura más precisa. La terraza, el vidrio y la vegetación forman una secuencia de franjas que se entiende al caminar. El efecto no busca imponerse; se apoya en proporciones claras y en la repetición de líneas rectas que ordenan el frente de la vivienda y dejan que el exterior se lea sin ruido.
Lamas que dosifican la luz
Sobre la zona exterior, el techo de lamas introduce una capa intermedia entre cielo y estancia. Su papel no es decorativo. Filtra el sol, reparte la luz y crea sombra en los días cálidos, algo que se aprecia en la manera en que el plano superior suaviza el brillo sobre la terraza cubierta con alero de lamas. La sombra no cae de forma pesada; se fragmenta y cambia a lo largo del día según la posición del sol.
Ese techo de lamas también ordena la percepción del conjunto. Frente al gran paño de vidrio, las lamas añaden una segunda dirección visual, más ligera y repetida. El resultado es una cubierta que deja pasar la luz, pero controla su intensidad. En lugar de cerrar, regula. En lugar de ocultar, filtra. Esa condición aparece con claridad en las fotos, donde el contraste entre vidrio, madera y sombra define el carácter del borde exterior.
Luz, sombra y uso cotidiano
El livium louvredak de la fuente original se expresa aquí como un techo de lamas que acompaña el uso de la terraza sin restarle apertura. En las horas de más calor, la sombra proyectada sobre el pavimento alarga el tiempo de estancia bajo la cubierta. Cuando la luz cambia, el dibujo de las lamas se desplaza por el suelo y por los planos verticales cercanos, dejando una lectura muy visible del paso del día.
La escena no depende de un gran gesto formal, sino de la suma de decisiones concretas: vidrio de gran formato, apertura corrediza, cubierta filtrante y vegetación baja en el borde. Todo ello hace que el interior exterior sin cortes no se quede en una idea general, sino en una experiencia espacial que puede verse y seguirse con la mirada desde la sala hasta la terraza.
Materiales visibles y borde contenido
El conjunto se apoya en materiales que no compiten entre sí. El vidrio domina la apertura, mientras que la piedra o el hormigón prefabricado aparecen en los planos más pesados y la madera aporta un registro más cálido en la zona de cubierta. Esa combinación se aprecia en las superficies que reciben la luz: unas reflejan, otras absorben y otras atenúan el paso del sol. Así, el frente de la vivienda conserva una lectura clara incluso con la terraza abierta.
El borde de jardín limpio completa la composición. No hay una transición difusa, sino una delimitación precisa entre el pavimento, las piezas construidas y las plantaciones bajas. Las gramíneas ornamentales en parterres introducen movimiento donde el resto de la escena es lineal. Esa tensión entre trazado recto y vegetación flexible sostiene la imagen del proyecto y da sentido a la relación entre la sala y el exterior.
En conjunto, la casa se entiende por su forma de abrirse y de filtrar. La gran superficie acristalada, las puertas correderas a terraza y el techo de lamas construyen una secuencia espacial muy legible, siempre atenta a la luz. El resultado no depende de un solo elemento, sino de la coordinación entre apertura, sombra y borde ajardinado, con el exterior entrando en la vida interior desde el primer plano.
La referencia al pequeño río que la fuente original sitúa en primer término queda aquí como un recuerdo de fondo: una presencia que acompaña la lectura del proyecto sin desplazarla. La atención sigue puesta en lo que se ve y se recorre, en el contacto entre cristal, cubierta y terraza, y en esa manera de trabajar el interior exterior sin cortes a través de una apertura amplia y una sombra bien medida.
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