Jardín moderno con piscina, tarima de madera y cubierta de lamas
La piscina rectangular marca el centro de esta renovación y ordena la relación entre la vivienda y la nueva terraza. Desde la casa, el agua actúa como una pieza de conexión: fija la vista, abre la profundidad del jardín y deja claro por dónde se mueve uno entre la zona de baño y el espacio exterior. La combinación de madera, blanco, negro y verde construye una escena sobria, con materiales que se leen de inmediato en la superficie del suelo, en la estructura de la cubierta y en el seto que protege el perímetro.
Un recorrido que parte del agua
La disposición del jardín no gira alrededor de un mero asiento al sol, sino de un uso más amplio. Después de nadar, la terraza queda a un paso de la piscina y ofrece una transición natural hacia el descanso, la comida o la conversación al aire libre. El borde de piedra enmarca el vaso con una línea limpia, mientras la tarima de madera suaviza el conjunto bajo los pies. Esa suma de planos rectos hace que el jardín parezca más largo de lo que es, porque la mirada salta del agua al deck y de ahí a la franja verde del fondo.
En la parte más luminosa del terreno, el nuevo espacio exterior aprovecha la orientación sin quedar expuesto del todo. Esa fue una de las claves del proyecto: tomar la zona más soleada y convertirla en un lugar utilizable durante más horas y en más estaciones. La cubierta de terraza con lamas permite abrir el techo para dejar entrar el sol o cerrarlo cuando el tiempo cambia. En ambos casos, la piscina sigue presente como referencia visual, casi siempre a un costado o al fondo del encuadre.
La tarima de madera como base del conjunto
La tarima de madera aporta temperatura visual frente al blanco de los muros y al negro de la carpintería exterior. Sus tablas dibujan una dirección clara y refuerzan la lectura longitudinal del jardín. No compite con la piscina; la acompaña. Alrededor del agua, la madera sirve de plano intermedio entre la lámina azul y la vegetación, y ayuda a que la zona de estar se perciba como una extensión de la vivienda, no como un añadido aislado. El contraste con el césped es nítido: verde fresco, madera oscura y reflejos sobre la superficie del agua.
En varias vistas, el deck aparece acompañado por muebles y accesorios en una gama que recoge los tonos del entorno. Esa elección evita cortes bruscos entre la terraza y la cubierta. El negro de los apoyos y de algunos elementos verticales traza líneas muy marcadas junto a la tarima, mientras que el blanco de la pared posterior despeja el fondo. El resultado es una lectura muy clara del espacio, donde cada material ocupa su sitio sin cargar la escena.
Techo de lamas para sol y protección
La pieza más decisiva es la pérgola de terraza con lamas. Sus lamas orientables y retráctiles cambian el uso del espacio sin mover el mobiliario ni alterar la base de madera. Cuando el techo se abre, la terraza queda expuesta y recibe luz directa; cuando se cierra, el conjunto se transforma en una zona resguardada, apoyada por el panel de vidrio corredero y los screens para protegerse. Esa secuencia abre y cierra la estancia exterior con un gesto preciso, útil tanto en días calurosos como en jornadas grises o de lluvia.
La estructura no se limita a cubrir. También define el carácter del lugar al generar sombra, reflejos y una línea horizontal muy marcada sobre el patio. En las imágenes, la cubierta aparece como un plano técnico y al mismo tiempo doméstico: bajo ella hay asientos, una lámpara colgante y una relación directa con el borde de la piscina. El techo de lamas convierte la terraza en una pieza de uso real, no solo en un gesto visual. Desde el interior de la casa, esa masa ligera da profundidad a la vista y hace legible la secuencia jardín-piscina-terraza.
Vidrio, screens y un umbral más cerrado
Cuando la cubierta se acompaña de la hoja de vidrio y de los screens para protegerse, el espacio adquiere otra condición. Ya no es solo una terraza abierta, sino una estancia exterior que retiene mejor el viento y el aire fresco. El panel de vidrio corredero mantiene el contacto con el jardín, deja pasar la luz y permite seguir viendo el agua. Las transparencias son importantes aquí: no aíslan del todo, pero sí recortan un ámbito más recogido al lado de la piscina. La luz rebota sobre el vidrio y sobre la tarima, y los reflejos introducen variaciones suaves en una composición muy precisa.
Privacidad con seto y pared blanca
La pared blanca, alineada con la vivienda, hace de fondo continuo y prolonga la lectura recta del jardín. No es un plano neutro; trabaja junto al seto verde para dar privacidad sin cerrar del todo las vistas. Entre ambos aparece un pequeño hueco visual hacia el agua, suficiente para recordar la presencia de la piscina y evitar que la parte posterior se vuelva opaca. Esa abertura da aire al conjunto y al mismo tiempo mantiene la sensación de control espacial. Los elementos negros apoyados sobre este fondo acentúan aún más la geometría de la composición.
El contraste entre blanco, negro, madera y vegetación sostiene toda la escena. El césped aporta un verde limpio junto a la tarima, mientras el seto recoge el perímetro y disimula el límite real del jardín. Desde ciertos ángulos, la pared, la haie y la línea del agua se alinean casi como capas superpuestas. Ese orden visual explica por qué el espacio se percibe más amplio: no por exceso de elementos, sino por la forma en que se encadenan las superficies y los vacíos.
Un lugar para parar después del baño
La terraza elevada no solo responde al sol o a la lluvia. También funciona como lugar de pausa después de nadar y como punto de reunión para comer al aire libre o pasar la tarde con familia y amigos. Para los hijos adolescentes, el borde de la piscina y la zona cubierta actúan como un rincón de encuentro más informal, con vistas al agua y espacio para quedarse sin tener que entrar y salir de la casa. La relación entre altura, horizonte y transparencia hace que el jardín gane profundidad, y la vivienda, desde dentro, obtiene una vista más amplia y ordenada.
En conjunto, el proyecto se apoya en una idea sencilla: una piscina rectangular, una tarima de madera y una cubierta de terraza con lamas bastan para estructurar todo el jardín. Lo importante está en cómo se abren y se cierran las capas. Sol directo, sombra, vidrio, screens, seto y pared blanca forman una secuencia de usos que se adapta al día a día sin perder claridad en el dibujo del espacio.
La cubierta de terraza con lamas, el panel de vidrio corredero y la tarima de madera aparecen como los tres elementos que más ordenan la experiencia del lugar. Entre ellos se apoya la piscina, visible desde múltiples ángulos y siempre presente como eje de la composición.
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