Villa familiar moderna con patios y sensación de vacaciones
La primera impresión la marca un volumen alto y compacto que recibe la llegada desde la rampa larga. Esa pieza fija la entrada cubierta y deja claro el juego principal de la villa familiar moderna con patio: hacia la calle, un frente contenido; hacia el jardín, una apertura más franca. La casa se organiza en tres cuerpos, colocados con cierto retranqueo para que la silueta no resulte plana. Desde el acceso, la composición se lee por capas, con dos volúmenes más bajos al fondo y una presencia horizontal que acompaña el terreno.
Un frente contenido para abrir el fondo
La fachada hacia la llegada se mantiene cerrada, casi sin concesiones, y esa decisión desplaza la atención hacia el interior y el jardín. El recorrido de entrada pasa junto al volumen principal y termina bajo un porche cubierto que protege el acceso. En el lado opuesto, la casa se vacía con huecos más amplios, patios y vistas largas que meten el paisaje en la vida diaria. Esa tensión entre un frente reservado y un fondo abierto define la fachada cerrada y jardín abierto que estructura todo el proyecto.
El gesto no es solo visual. La planta elevada 40 cm sobre el terreno cambia la forma de entrar y de mirar. Desde fuera, la vivienda parece apoyarse con una cierta distancia sobre el suelo; desde dentro, esa cota da más intimidad a las estancias y refuerza la línea baja del conjunto. El borde del edificio queda nítido, sin perder la relación con el exterior. Incluso la secuencia de llegada se siente medida: grava en la entrada, masa construida al frente y, detrás, el vacío del jardín que toma el relevo.
Patios y luz natural entre los volúmenes
Entre las piezas construidas aparecen patios que interrumpen la continuidad del volumen y hacen entrar otra clase de luz. No funcionan como decoración, sino como pausas espaciales que oxigenan la casa y permiten miradas cruzadas. A ratos se ve un hueco al cielo; a ratos, un marco hacia la vegetación. Esa alternancia entre apertura amplia y vacío más contenido refuerza la sensación de estar en una arquitectura con patio, donde el exterior se recorta y se acerca en lugar de quedar lejos.
Las grandes superficies acristaladas trabajan en esa misma dirección. Junto a los patios, los paños de vidrio prolongan la estancia hacia la terraza y el jardín, y suavizan el carácter más rotundo de la estructura. Los marcos son discretos, casi silenciosos, para no competir con el peso de los muros y los planos macizos. La casa gana luz, pero también una lectura más precisa de sus proporciones. En lugar de abrirse de forma uniforme, cada frente elige qué mostrar y qué guardar.
La terraza elevada como plano de estancia
La terraza se apoya sobre una cota superior y añade un segundo nivel de uso justo donde el terreno se abre más. Desde allí, la vista alcanza el paisaje amplio que rodea la vivienda y también el jardín más inmediato. En el centro aparece una chimenea exterior que fija el uso de ese plano elevado y le da un punto de reunión. No es un añadido decorativo: es una pieza que organiza la estancia al aire libre y prolonga la relación entre interior, patio y paisaje.
Ese cambio de nivel se percibe también desde la arquitectura. La terraza elevada recoge la línea horizontal de la casa y la prolonga hacia fuera con una plataforma clara, casi sobria. Las transiciones entre el interior y el exterior quedan más marcadas gracias a la altura, al borde de los planos y a los peldaños que conectan un espacio con otro. Así, la villa familiar moderna con patio no se limita a abrirse al jardín: construye una secuencia de umbrales que hace más legible cada paso.
Materias claras, madera de nogal e interior de travertino
Dentro, el color se apaga para dejar hablar a las superficies. Las paredes en mortero greige, el pavimento continuo en resina beige y los acabados de nogal natural construyen una base clara que recibe bien la luz que llega desde los patios. Nada busca destacar por exceso. El travertino aparece en la encimera como una piedra de veta suave, con una presencia más firme que la madera y una lectura limpia junto al vidrio. El conjunto se mueve entre planos mates, textura mineral y veta cálida.
La madera de nogal recorre el interior como un contrapunto más denso. Se aprecia en frentes y revestimientos que acompañan las zonas abiertas, y en las imágenes se lee como una superficie continua que ordena la estancia sin cerrarla. Ese recurso conecta el interior con la envolvente exterior de la casa, donde también aparece la madera en puntos concretos. El resultado es una secuencia material contenida, bien resuelta entre el brillo suave del vidrio y la aspereza controlada de las superficies minerales. Quien busca un interior en nogal y travertino encuentra aquí una versión sobria y precisa.
Un recorrido interior que mira al jardín
Las imágenes interiores muestran cómo el vidrio mantiene el jardín presente incluso en las zonas más domésticas. Un frente abierto deja ver el exterior mientras el mobiliario y los planos de madera construyen una estancia más recogida. La cocina aparece como una pieza de trabajo clara, con una superficie pétrea y un grifo de líneas redondas sobre la encimera. Al fondo, la luz del jardín empuja la profundidad de la habitación y hace que el interior no se cierre sobre sí mismo.
También se percibe una continuidad entre los paneles de madera y los elementos pétreos. No hay un contraste buscado para llamar la atención, sino una suma de materiales que deja respirar los huecos. La casa trabaja con pocas decisiones, pero muy definidas: un frente contenido, patios que abren la planta, una terraza elevada y un interno claro que toma la luz sin endurecerla. Esa economía de medios sostiene la idea de casa con sensación de vacaciones sin convertirla en un gesto literal.
Una composición horizontal que no pierde intimidad
El perfil general del proyecto es bajo y extendido, aunque el volumen principal sobresalga para señalar la entrada. Los cuerpos secundarios se retrasan y terminan de dibujar una casa que se lee en capas, no como un bloque único. Esa forma de componer ayuda a que la escala siga siendo doméstica, incluso cuando la vivienda se abre con amplitud hacia el exterior. La línea horizontal domina, pero no aplasta: deja huecos, recoge patios y reserva zonas más cerradas donde la mirada puede descansar.
En conjunto, la casa combina reserva y apertura sin recurrir a efectos exagerados. El terreno elevado, la entrada cubierta, los patios y la terraza sobre nivel crean una secuencia clara entre llegada, estancia y jardín. La materialidad acompaña esa lógica con mortero greige, pavimento beige, nogal y travertino. Todo queda al servicio de una vivienda familiar que se aparta de la calle y se entrega al fondo del solar, donde la luz entra por los huecos y el exterior se vuelve parte del día a día.
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