Villa moderna con varios volúmenes y carácter material
La villa moderna con volúmenes se lee desde lejos como una suma de piezas que han ido apareciendo con el tiempo. Un cuerpo principal, varios anexos y cubiertas distintas dibujan una silueta cambiada por los materiales: pizarra, paja, ladrillo y madera. Esa variación no rompe la casa; ordena la vista. Cada volumen tiene su propio peso, su propia línea de tejado, y el conjunto deja una impresión de crecimiento pausado, casi acumulado.
Volúmenes que no buscan parecer iguales
El cuerpo principal lleva cubierta de pizarra y una fachada encalada que se cruza con un ladrillo matizado. En la base, la piedra azul continúa alrededor de toda la casa y reaparece en el acceso. Ese zócalo marca el arranque del volumen y da continuidad a los distintos frentes. La villa con varios volúmenes se entiende precisamente por ese contraste: el núcleo principal se presenta sobrio, mientras los anexos trabajan con otros ritmos y texturas. La composición evita una lectura única y plana.
En lugar de repetir una misma envolvente, cada pieza cambia de registro. El acceso al garaje usa un ladrillo más oscuro que el del volumen principal. La diferencia es sutil, pero suficiente para separar recorridos y funciones. Las cubiertas también ayudan a leer la casa: unas pendientes son de pizarra, otras rematan con paja o con un gesto más ligero. Esa mezcla hace visible la idea de un edificio que ha ido sumando partes sin perder orden. La arquitectura moderna aquí trabaja por contraste, no por uniformidad.
Pizarra, paja, ladrillo y madera en una misma secuencia
La pizarra del volumen principal entra en diálogo con la fachada encalada y con el ladrillo combinado. Frente a esa base más mineral, la veranda introduce madera, acero y paja, una secuencia de materiales que cambia el tono del conjunto sin recurrir a gestos decorativos. El volumen de la piscina también se diferencia: madera y una teja de aspecto más tradicional le dan otra lectura. La casa no busca una máscara única; deja que se vean las transiciones entre unas partes y otras. En esa suma está su fuerza visual.
La fachada de ladrillo combinado se aprecia mejor cuando se mira de cerca. El ladrillo moteado aporta variación al plano blanco, y la piedra azul del zócalo fija la base. Sobre ese soporte, las cubiertas se separan con claridad. El techo de pizarra y paja no aparece como un recurso aislado, sino como parte de una secuencia de volúmenes que cambian de escala y de material. El resultado es una vivienda que se deja leer por capas, desde la base de piedra hasta los remates de cubierta.
Una veranda que suaviza el cambio entre dentro y fuera
La veranda combina madera, acero y paja, y esa mezcla actúa como umbral entre la casa y el jardín. Su estructura más ligera contrasta con el cuerpo principal, más cerrado y pétreo. Desde allí, las grandes superficies acristaladas abren el recorrido hacia el exterior y dejan ver cómo cada volumen se apoya en otro. La veranda de madera con paja funciona como pieza de transición: recoge la cubierta, filtra la luz y marca una pausa antes de entrar de nuevo en el volumen principal.
También el edificio de la piscina utiliza materiales distintos para subrayar su autonomía. La cubierta tradicional, la madera y los cerramientos transparentes construyen una escena propia junto al jardín. No es un anexo mimetizado, y tampoco compite con la casa principal. Se coloca a un lado, deja que el vidrio marque el límite y mantiene relación directa con el entorno exterior. En la fotografía, la línea de la cubierta y los grandes paños de vidrio explican bien esa intención de separar sin aislar. La casa suma piezas, pero cada una conserva su lectura.
Ventanas amplias y un interno que sigue la misma lógica
Las aberturas de gran tamaño son una constante. En la zona de jardín, el vidrio acompaña la longitud de las fachadas y prolonga la vista hacia el césped y las terrazas. Hay un arco de ladrillo que enmarca una apertura acristalada con puertas de madera; ese gesto da espesor al muro y hace más visible la entrada. La casa no se limita a abrir huecos: construye umbrales. Las líneas horizontales del vidrio y las pendientes de las cubiertas mantienen la lectura de volúmenes desde el exterior hasta el interior.
En la cocina, el mobiliario de madera y la isla central ordenan el espacio con una claridad casi doméstica. El suelo de piezas grandes, la pared acristalada del almacenamiento y la luz de techo dejan el plano despejado. Desde allí se ve la conexión con la zona de paso, donde una puerta de vidrio con marco negro conduce hacia la escalera. La cocina con isla y madera no se presenta como un decorado aparte, sino como parte de la secuencia espacial de la casa. Los materiales repiten el lenguaje del proyecto sin forzarlo.
La escalera y las puertas de vidrio como línea de paso
La escalera aparece junto a una barandilla negra de metal, fina y recta, sobre paredes claras y suelos de piedra en tono suave. No busca protagonismo; organiza el cambio de nivel y mantiene abierta la vista entre estancias. Las puertas de vidrio permiten que la cocina, el pasillo y la zona de escalera compartan luz. Esa continuidad visual ayuda a entender cómo se enlazan los espacios interiores con el exterior acristalado. El recorrido nunca se corta del todo, pero tampoco se vuelve difuso.
La piscina interior confirma esa misma lógica. Los grandes ventanales dejan entrar la vista del jardín y de los árboles, mientras el techo de madera aporta una lectura más cálida en contraste con el vaso y el pavimento mineral. El espacio está pensado para recibir luz lateral y para mostrar sus límites con nitidez. La piscina interior con grandes ventanas no se esconde en el conjunto; ocupa un volumen propio y lo hace visible desde fuera por su escala y su transparencia. Esa relación entre masa, vidrio y cubierta resume bien el proyecto.
La vivienda fue concebida con una coordinación estrecha entre exterior e interior. Esa correspondencia se nota en los suelos de piedra, en la presencia de la madera y en la manera en que las aperturas encuadran cada estancia. No hay un lenguaje para la calle y otro para dentro; los materiales se repiten y cambian de posición según el uso. El resultado es una casa que puede leerse en planta, en sección y también en detalle. Cada volumen añade una capa, y la suma construye una presencia serena, pero nada neutra.
Desde el acceso hasta la piscina, la casa avanza por cambios de textura y de luz. El ladrillo más oscuro del garaje, la piedra azul del zócalo, la pizarra del volumen principal y la madera de la veranda marcan puntos de referencia claros. Entre ellos aparecen ventanas amplias, puertas de vidrio y pasos cubiertos que permiten seguir la casa sin perder la orientación. La villa moderna con volúmenes encuentra ahí su interés: en cómo cada parte conserva su identidad y, al mismo tiempo, participa en una misma secuencia arquitectónica.
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