Apartamento de fin de semana con cocina con isla
La luz entra desde arriba y recorre la cocina con isla antes de deslizarse hacia la zona de estar. Ese gesto ordena todo el apartamento de fin de semana: primero el plano abierto, luego las vistas, después la presencia de la madera y el fuego. Desde la entrada, la franja verde del borde del bosque aparece como una pieza más del interior. No se trata solo de mirar hacia fuera; la distribución hace que la casa se lea en continuidad con ese paisaje cercano.
Cocina abierta con isla y barra
La cocina con isla ocupa el centro de la planta y funciona como mesa de trabajo, apoyo para cocinar y punto de encuentro. El tablero claro contrasta con los frentes lisos y con la zona de barra, donde la estancia se alarga sin perder orden visual. Las superficies son sobrias, pero no frías: la madera aparece en puntos precisos y ayuda a suavizar el volumen de la cocina. Desde aquí, el paso hacia el salón queda abierto y la circulación se entiende de un vistazo.
En lugar de separar funciones con tabiques, el proyecto usa el vacío como herramienta. La isla marca una dirección, la barra introduce una pausa y el recorrido continúa hacia las ventanas. Esa secuencia permite leer el apartamento como una sola pieza, aunque cada zona tenga su propio uso. La cocina con isla no queda aislada del resto; al contrario, organiza la vida diaria del espacio y mantiene la relación con el exterior siempre presente.
La pared de listones de madera como transición
Una pared de listones de madera aparece como filtro visual entre las zonas más privadas y la gran estancia abierta. No tapa del todo, pero sí marca un cambio de ritmo. La luz atraviesa ese plano y proyecta sombras finas sobre el suelo, de modo que la separación nunca resulta pesada. Frente a otros elementos más lisos, los listones introducen textura y una lectura más doméstica del conjunto. Es un gesto sencillo, pero define la manera en que se recorre el interior.
En las imágenes, esa pared de listones de madera también funciona como telón de fondo para los pasillos y pasos intermedios. El efecto es claro: el apartamento gana profundidad sin recurrir a soluciones cerradas. La madera acompaña el movimiento y hace que las transiciones entre cocina, estar y descanso sean visibles. En un espacio de planta abierta, este tipo de recurso pesa más que un muro completo porque deja pasar la luz y mantiene la amplitud.
Una chimenea abierta frente al bosque
El salón se organiza alrededor de una chimenea abierta y de un sofá dispuesto en torno a ella. Esa decisión coloca el fuego en el centro de la estancia, casi como si fuera un punto de reunión al final del día. El conjunto mira hacia el bosque, así que la escena cambia según lo que ocurra fuera: vegetación, reflejos, sombras, hora. El resultado no depende de adornos, sino de la posición exacta de los muebles y del vacío que queda alrededor.
La chimenea abierta aporta un foco muy legible en un interno que, por lo demás, se apoya en tonos claros y en materiales naturales. La estancia no necesita llenar cada esquina; las proporciones y la colocación del mobiliario bastan para que el espacio se sienta amplio. Cuando uno se sienta en el sofá, la vista no se corta en una pared cerrada, sino que sigue hasta el borde verde que se ve al otro lado del vidrio. Esa relación sostiene buena parte del proyecto.
Techos altos, railes y luz que baja desde los tragaluces
Los techos altos dejan ver la estructura y el sistema de iluminación, con railes y focos que recorren la parte superior del espacio. No se ocultan las piezas técnicas; se integran en la composición general y refuerzan la sensación de altura. A eso se suman los tragaluces, que empujan la luz natural hacia el centro de la planta. La claridad cae con profundidad y hace visibles los cambios de sombra a lo largo del día.
Ese juego de luz explica gran parte del carácter del apartamento. Los tragaluces no solo iluminan, también dibujan el tiempo. En unas zonas la luz llega más blanca y directa; en otras se vuelve más baja y deja ver la textura de la madera y el acabado del suelo. La estancia abierta gana así una lectura cambiante, sin necesidad de sumar elementos decorativos. Los techos altos permiten que ese fenómeno se perciba con calma, sin interrupciones visuales.
Materiales naturales y una paleta serena
Los materiales naturales sostienen la atmósfera del conjunto: madera, textiles suaves, superficies claras y un suelo de tono cementoso que absorbe la luz. No hay contraste brusco entre estancias. Más bien, cada pieza se apoya en la anterior. La madera aparece en paneles, en la pared de listones y en detalles de mobiliario; el resto deja respirar a la arquitectura. Esa combinación ayuda a que el apartamento de fin de semana se sienta amplio aunque no tenga una gran superficie.
La paleta evita el exceso y deja que destaquen los elementos estructurales. Las líneas del techo, los huecos de la cocina y el borde de las ventanas ganan peso porque alrededor hay pocas distracciones. El interior se vuelve fácil de leer. Al mismo tiempo, los materiales naturales atenúan la dureza que a menudo acompaña a una planta abierta con elementos técnicos visibles. Aquí, esa estructura forma parte del carácter del lugar, no un problema que haya que esconder.
Un apartamento de fin de semana pensado para volver al exterior
El proyecto nace como una estancia de escapada y eso se nota en la forma de habitarlo. La casa no busca encerrar la experiencia, sino mantener una sensación interior exterior constante. Basta abrir la vista hacia el bosque para que el interior cambie de escala. La llegada, la cocina, el salón y el recorrido hacia el baño forman una secuencia clara, con puntos de pausa en la barra, frente a la chimenea o junto a la ventana. Cada uno de esos lugares se activa con la luz del momento.
También hay una idea de refugio sin aislamiento. El apartamento de fin de semana conserva la apertura de un espacio grande, pero la madera, la chimenea y las zonas de transición evitan que resulte impersonal. Cuando cae la tarde, el fuego toma el relevo de la luz cenital; por la mañana, los tragaluces vuelven a marcar el ritmo. Esa alternancia hace que la estancia parezca más profunda de lo que es y que el exterior siga entrando, incluso cuando las puertas permanecen cerradas.
Baño con ducha a ras de suelo y luz de nicho
El baño continúa el mismo lenguaje, aunque con una lectura más contenida. La ducha a ras de suelo se integra sin escalones visibles, y la luz de nicho destaca el fondo de la pared con precisión. El lavabo con mueble bajo aporta una línea horizontal limpia, mientras la cerámica marca el perímetro con una textura distinta a la del resto del apartamento. La habitación no compite con las zonas principales; más bien prolonga la misma idea de orden espacial y luz medida.
En conjunto, el proyecto se entiende por cómo mueve la mirada. Desde la cocina con isla hasta la pared de listones de madera, pasando por la chimenea abierta y los tragaluces, cada decisión empuja la atención hacia la amplitud y hacia el borde del bosque. No hace falta exagerar el gesto. El interior funciona por proporción, por claridad de recorrido y por la manera en que la luz cae sobre materiales naturales que cambian con el día.
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