Casa semienterrada con vistas al bosque
La pendiente marca la casa desde el primer paso: arriba, la masa oscura parece cerrada; abajo, el volumen se abre hacia el terreno y hacia el bosque. La estrategia de esta casa semienterrada aprovecha un desnivel de 13 metros para encajar una vivienda familiar compacta en dos niveles, con cuatro dormitorios, dos baños, un estudio y las estancias de cocina, comedor y estar reunidas en un programa muy ajustado. La parte superior queda casi suspendida sobre la base de hormigón, mientras el nivel inferior se posa junto a la terraza y prolonga la mirada hacia los árboles.
Desde la calle, el conjunto se lee como una caja de madera negra entre troncos. Esa imagen cambia al acercarse: las caras del volumen se van vaciando y terminan en un cuerpo acristalado que deja entrar la luz entre los árboles. La casa semienterrada no busca ocultar su peso, sino repartirlo entre el hormigón visto, la estructura de acero y la madera tintada en negro. El resultado es una pieza compacta que cambia de espesor según el lado desde el que se mire.
Una casa semienterrada que se abre al bosque
La relación con el paisaje se construye con aperturas largas y precisas. Dos tercios de las fachadas están resueltas con ventanas de suelo a techo, y esa decisión desplaza el foco desde el volumen exterior hacia el interior. En lugar de un cierre continuo, aparecen paños transparentes que enmarcan ramas, troncos y franjas de cielo. La casa con vistas al bosque convierte cada estancia en un punto de observación, sin perder la sensación de recogimiento que da la parte enterrada.
En el nivel inferior, el vidrio conecta directamente con la terraza. Ese contacto entre dentro y fuera no depende de un gesto ornamental, sino de la sección del edificio: el terreno cae, el suelo se alinea con el exterior y la estancia se prolonga hasta el borde abierto. La terraza interior exterior funciona como un tramo más de la vivienda, con la vegetación muy cerca y el hormigón dejando ver su textura en ambas caras.
Hormigón visto, acero y madera en una misma estructura
El nivel semienterrado se resuelve con paneles prefabricados aislados de hormigón armado, lo que permite que el material quede visible por dentro y por fuera. Esa superficie lisa y pesada sostiene la parte superior y fija el contacto con la ladera. Encima, la planta alta se apoya en una estructura de acero de tipo cercha, aislada con paneles sándwich y revestida con madera tintada en negro. La combinación de madera hormigón acero no funciona como un gesto decorativo; organiza el peso, el vuelo y la lectura de cada nivel.
El volumen superior sobresale cinco metros por encima de la base de hormigón. Esa separación se percibe especialmente en las estancias más abiertas, donde la envolvente se adelgaza y el vidrio ocupa el frente principal. El cuerpo negro de la planta alta parece detenerse justo antes del árbol más cercano, y esa distancia corta entre materia y copa refuerza la sensación de estar entre niveles: el terreno abajo, la caja estructural arriba y, entre ambos, un recorrido de luz muy controlado.
Ventanas de suelo a techo y recorridos abiertos
En el interior, las ventanas de suelo a techo no se limitan a ampliar las vistas. También ordenan los recorridos, porque el ojo encuentra siempre una salida hacia el exterior, incluso cuando atraviesa la escalera o la galería. En las imágenes se aprecia una secuencia de barandillas metálicas, marcos oscuros y planos acristalados que dejan pasar el fondo boscoso. Ese juego de líneas hace que la casa familiar compacta parezca más larga de lo que su huella sugiere.
La escalera aporta otra lectura. Su armazón de acero introduce un trazo industrial dentro de una casa dominada por superficies oscuras y madera. A su alrededor, los huecos visuales conectan plantas y estancias sin convertir el interior en un espacio completamente abierto. Hay privacidad en los dormitorios y en los baños, pero también continuidad entre los vacíos, los pasamanos y la luz que cae desde los paños acristalados.
La terraza como umbral real
La terraza no aparece como añadido final, sino como una pieza que completa la sección de la casa semienterrada. El nivel inferior sale directamente a ese plano exterior y la vivienda gana una extensión útil donde el hormigón, el vidrio y la vegetación se encuentran sin transición brusca. Desde allí, la casa con vistas al bosque deja de ser una caja cerrada y se vuelve un borde habitable, con la tierra bajando detrás y el paisaje abriéndose delante.
En ese punto, la luz se reparte de forma distinta. El interior recibe reflejos sobre la madera oscura, mientras el exterior muestra sombras más duras sobre el hormigón. Esa diferencia no se corrige; forma parte del proyecto. La terraza interior exterior permite leer el cambio entre materiales y también entre alturas, porque el terreno cae con claridad y el edificio responde a ese desnivel con una base anclada y un cuerpo superior en vuelo.
Programa ajustado en un volumen compacto
Reunir cuatro dormitorios, dos baños, un estudio, cocina, comedor, estar y almacenamiento dentro de un volumen compacto exigía una distribución precisa. La respuesta no recurre a amplios gestos, sino a una organización clara de niveles. Las zonas comunes se relacionan con el vidrio y con el exterior inmediato, mientras los espacios más privados se alojan en una secuencia más contenida. La casa familiar compacta mantiene así una escala razonable para el terreno, sin renunciar a la lectura abierta de sus espacios principales.
También ayuda la manera en que se ensamblan los materiales. El hormigón marca la base, el acero dibuja la lógica estructural de la planta alta y la madera negra envuelve el volumen visible desde la calle. Dentro, el conjunto se suaviza con superficies de madera y con detalles metálicos en barandillas y marcos. No hay una única escena interior; hay cambios de densidad, de altura y de transparencia que acompañan el uso diario de la casa.
Un volumen acristalado entre árboles
La parte más abierta del proyecto es también la más silenciosa. El volumen acristalado se va imponiendo a medida que las fachadas pierden espesor y la estructura deja más sitio al vidrio. Los árboles aparecen muy cerca de las ventanas, casi al mismo nivel que las personas sentadas junto a ellas. Esa proximidad hace que la casa semienterrada no se lea solo como una respuesta a la parcela, sino como una forma de fijar la vista en el bosque y de trabajar con la pendiente desde dentro.
Por fuera, el conjunto alterna oscuridad y reflejo. Por dentro, las superficies de hormigón visto, acero y madera sostienen una secuencia de espacios en los que la luz entra lateralmente y rebota sobre los marcos. La casa con vistas al bosque no busca exhibirse de una sola vez: se recorre por cambios de escala, por huecos y por una relación muy directa entre la masa compacta y la transparencia final que se disuelve entre los árboles.
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