Cocina abierta en una casa familiar moderna
La cocina abierta se extiende junto a un pavimento de efecto piedra que no interrumpe el paso entre la zona de trabajo, el comedor y el estar. La luz entra por nuevas aperturas y recorre las superficies de madera clara, el techo texturizado y los volúmenes curvos que suavizan la planta baja. La reforma convierte una vivienda antigua en una casa familiar moderna donde el espacio se lee de un vistazo, pero sigue guardando rincones y cambios de cota que remiten al estilo mid-century.
Una planta baja más abierta hacia el jardín
La intervención parte de una decisión clara: retirar tabiques y dejar que la planta baja respire. Así aparece un gran espacio abierto de comedor y cocina de 50 m², con vistas directas al jardín posterior. La relación con el exterior no depende de gestos decorativos, sino de huecos nuevos y una secuencia de vidrio, marco de madera y suelo continuo. Desde la mesa se perciben la profundidad del espacio y la cantidad de luz que rebota sobre los muros claros y las superficies lisas.
El recorrido cambia de escala en pocos pasos. La cocina queda conectada con la zona de estar mediante una abertura redondeada que enmarca la vista y evita una transición brusca. Ese gesto, repetido en varios puntos, da forma a una lectura más fluida de la vivienda sin borrar su carácter doméstico. El resultado no es un plano vacío, sino una planta que organiza el movimiento alrededor de piezas fijas: la mesa, la isla, los bancos y los huecos hacia el exterior.
Madera de aliso y una isla con bordes suaves
La cocina de madera a medida utiliza aliso en frentes, paneles y almacenaje, con una presencia que se nota más por su textura que por su brillo. En el centro, la isla introduce formas redondeadas que rebajan la rigidez habitual de una pieza de trabajo. Los cantos se curvan, las sombras se alargan en los laterales y el conjunto gana ligereza visual sin perder peso material. Sobre la encimera de microcemento natural, la madera marca el ritmo de la estancia.
Un vano plegable en caoba abre la cocina hacia una barra exterior. Esa pieza, pequeña en superficie pero decisiva en uso, convierte el borde del interior en un lugar de paso y apoyo. La carpintería a medida no se limita a contener almacenaje: resuelve el encuentro entre cocina, comedor y jardín con una secuencia de planos y aperturas. En las imágenes, los frentes de madera se leen casi como arquitectura interior, más que como mobiliario aislado.
Detalles que cambian la lectura del espacio
Las fotografías muestran cómo los módulos bajos, las repisas abiertas y los encuentros en esquina se trabajan con precisión. Hay una tensión suave entre las líneas rectas de los paños y los recortes curvos de los pasos. Esa mezcla evita que la cocina se vea pesada. Incluso cuando el almacenaje ocupa toda una pared, el conjunto deja respirar la estancia gracias a la repetición de huecos, a las luces integradas y a la continuidad del pavimento de efecto piedra bajo las piezas.
El mobiliario fijo también hace de fondo para una selección de objetos vintage y contemporáneos. No compiten con la obra de interiorismo; más bien apoyan la lectura de la planta y de sus proporciones. La isla central, la mesa del comedor y los asientos bajos se relacionan por altura y por distancia, de modo que el espacio abierto de comedor conserva una escala doméstica, no expositiva.
Techo texturizado, luz puntual y referencias de los años setenta
Arriba, el techo texturizado introduce una capa más en la habitación. No busca protagonismo, pero sí define cómo cae la luz sobre la estancia. Los focos pequeños se dispersan sobre la superficie y acompañan las lámparas colgantes situadas sobre la mesa. El plano superior tiene suficiente relieve para que la iluminación no parezca plana, y eso ayuda a reforzar la atmósfera de la planta baja en las horas de menos luz natural.
Junto al techo aparecen paneles de madera, zonas en microcemento y una banqueta hundida que remite a la vivienda original. También están las superficies con apariencia de terrazo y las curvas en pared y carpintería, que recuperan una gramática muy propia del estilo mid-century. La referencia no se toma como cita literal, sino como una serie de decisiones visibles: materiales con tacto, esquinas menos duras y una paleta clara que deja hablar a la estructura del espacio.
Un lenguaje de curvas en toda la casa
Las formas redondeadas no se reservan para un solo mueble. Aparecen en el borde de la isla, en las aberturas de paso, en los volúmenes del techo y en ciertos remates del mobiliario. Esa repetición crea continuidad entre piezas que, por función, podrían haber quedado separadas. La casa familiar moderna se entiende entonces como una suma de piezas enlazadas por radios suaves, no como una sucesión de cajas cerradas.
La planta baja gana así una especie de respiración lateral. Desde la zona de comedor se mira hacia la cocina, y desde allí hacia el jardín, pero siempre hay un arco, una arista suavizada o una superficie mate que filtra el trazo. La luz natural trabaja sobre esas transiciones y hace visibles los cambios de plano. El interior se vuelve más legible cuando cae la tarde y las sombras subrayan cada curva.
Texturas cálidas en las plantas superiores
En la parte alta, el registro cambia. La moqueta de pelo alto, los tejidos densos y los metales patinados aportan una sensación más recogida que la de la planta baja. No se trata de un giro escenográfico, sino de una forma de cerrar el recorrido con materiales que absorben mejor la luz. Las superficies blandas contrastan con la piedra y la madera del nivel inferior, y el resultado mantiene el mismo lenguaje, aunque con otra temperatura visual.
Los baños siguen esa línea mediante baldosas de aspecto pétreo y mobiliario de madera a medida. La mampara de vidrio deja ver la continuidad de los revestimientos y el lavabo se apoya en un mueble que ordena el conjunto sin recargarlo. Son estancias secundarias dentro del proyecto, pero ayudan a entender la coherencia material del resto de la vivienda: piedra, vidrio y madera trabajados con la misma contención.
Una casa familiar moderna construida desde los materiales
Lo que mantiene unido el proyecto no es una idea decorativa, sino la relación entre superficies, huecos y medidas. La cocina abierta domina la experiencia de la planta baja, pero lo hace a través de una serie de decisiones concretas: retirar muros, abrir ventanas, redondear remates y prolongar el suelo entre estancias. La vivienda queda organizada por una secuencia clara, con una cocina de madera a medida que actúa como núcleo y un espacio abierto de comedor que la acompaña sin restarle protagonismo.
El proyecto encuentra su fuerza en la mezcla de madera cálida, microcemento, vidrio y acabados de aspecto pétreo. Nada aparece aislado. Los materiales se repiten en distintas escalas y, al hacerlo, conectan la cocina, la mesa, las zonas de estar y los baños. Vista en conjunto, la reforma no persigue una imagen cerrada, sino una casa que deja ver sus cambios de nivel, sus aperturas y la manera en que la luz atraviesa cada habitación.
Fotografía: Thibault de Schepper
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