Interior de casa de campo con carpintería a medida y materiales cálidos
La primera impresión llega con la madera y el azulejo: una cocina de casa de campo que ya no funciona como estancia aislada, sino como parte de un recorrido interior más amplio. La antigua estructura, antes una granja, fue vaciada por completo y reorganizada para una familia numerosa. Las aberturas se redefinieron, los espacios se enlazaron y, aun así, cada sala conserva un ritmo propio. El resultado no depende de un gesto único, sino de una suma de planos, umbrales y materiales reutilizados que hacen avanzar la casa con naturalidad.
Una cocina de casa de campo que marca el centro de la casa
En la cocina, las paredes de pequeños azulejos blancos levantan una franja luminosa sobre los muebles de madera. Frente a ellas, la encimera de aspecto marmóreo introduce una superficie más fría, con vetas suaves que recogen la luz de las lámparas colgantes. La composición se apoya en volúmenes claros y en frentes de roble, mientras que los tiradores metálicos y los detalles en tono latón dan continuidad a los cajones. Es una cocina de casa de campo, pero leída desde la precisión del gesto interior, no desde la nostalgia literal.
La isla y la zona de trabajo se entienden como un bloque central dentro de la estancia. Desde ahí se ve la pared de azulejo, el ventanal y la secuencia de muebles bajos, todo ordenado para que el conjunto soporte uso diario sin perder presencia. El acabado en piedra y azulejo aparece también en los encuentros, donde el revestimiento protege la pared y deja que la madera siga dominando la lectura general. Ese contraste entre cerámica blanca, roble y piedra compone el eje visual del proyecto.
Puertas de roble a medida y paneles que ordenan el paso
La carpintería a medida no se limita a los armarios. Puertas macizas de roble, panelados continuos y frentes de biblioteca con puertas pivotantes integradas construyen una secuencia de pasos entre estancias. Las hojas en madera no se presentan como piezas sueltas, sino como parte del espesor de los muros y de la transición entre una habitación y otra. En varios puntos, el borde de una abertura cambia la dirección de la vista y permite que la casa se conecte sin perder privacidad. Eso se nota especialmente en los espacios de paso, donde una puerta puede desaparecer dentro de un frente librero o quedar alineada con un panel.
Los acabados envejecidos refuerzan esa sensación de permanencia. En el suelo aparecen tablones de roble recuperado, cepillado con un grano visible y una superficie que evita el brillo excesivo. Junto a ellos, el mármol rojo italiano, tratado con un aspecto cepillado y envejecido, introduce una nota más densa, casi mineral, que aparece en puntos concretos de la casa. Los detalles de bronce oscuro y latón completan el conjunto sin imponerse. No hay una búsqueda de efecto nuevo; lo que domina es la continuidad material entre piezas nuevas y materiales reutilizados.
Escalera con arcos y vacíos blancos que atraviesan la planta
La escalera con arcos cambia el tono de la circulación. Los paramentos blancos se curvan en las aperturas y en las hornacinas, mientras la barandilla oscura traza una línea continua a lo largo del recorrido. Desde abajo, las formas arqueadas suavizan la masa del muro; desde arriba, organizan la vista hacia la zona de paso. Es un tramo de casa que no se limita a unir niveles. También marca un cambio de ritmo entre los espacios más activos y las áreas de transición, donde el blanco de las paredes permite que la sombra defina mejor los huecos.
En otra zona de paso, la misma lógica se repite con más quietud: una gran abertura en arco enmarca puertas de madera con cuarterones y deja que la luz caiga sobre el suelo de piezas cerámicas rojizas. Ese pavimento de terracota recuperada introduce una temperatura distinta, más terrosa, que aparece y desaparece a medida que la casa avanza entre la cocina, el hall y las zonas privadas. Los arcos no son un adorno añadido; funcionan como una manera de separar sin cerrar del todo.
Zona de entrada y lavadero con piedra oscura y yesos trabajados
La zona de entrada y lavadero aparece resuelta con una materialidad más contenida. Un plano de piedra oscura sostiene el uso diario, mientras la madera enmarca el mueble y las aberturas cercanas. Las técnicas de revoco en estas piezas crean una superficie más sobria, pensada para resistir el tránsito y la humedad sin perder presencia visual. Aquí el interior clásico cálido no nace de elementos decorativos, sino de una elección precisa de superficies: piedra en horizontal, yeso trabajado en vertical y madera en los bordes.
Ese mismo registro se retoma en los espacios sanitarios, donde la piedra oscura y las formas redondeadas vuelven a aparecer. Una encimera con lavabo integrado, una grifería en metal oscuro y el marco de madera de un nicho bastan para dar continuidad al lenguaje general. En vez de aislar estas piezas como estancias secundarias, el proyecto las integra en la misma conversación material. Así, el lavadero, el recibidor y el aseo no rompen el relato de la casa; lo afinan con superficies más resistentes y menos abiertas.
Acabados en piedra y azulejo que cambian la temperatura de cada sala
La cocina muestra azulejo, pero el baño y el lavadero mueven el foco hacia la piedra. Esa alternancia evita que la casa se vuelva monótona. Los acabados en piedra y azulejo funcionan como una gramática compartida: pared lavable en un punto, encimera oscura en otro, suelo cerámico recuperado más allá. La combinación no busca dramatismo, sino un paso claro entre zonas de uso intenso y habitaciones más recogidas. Se percibe en el contraste entre el brillo controlado de la cerámica y la textura más absorbente del roble envejecido.
También en la cocina, la presencia de los azulejos blancos y del granito visual de la piedra aclara los límites de la estancia. La encimera, las juntas y el canto de la isla dibujan una estructura legible a primera vista. Ese orden hace que la cocina de casa de campo no se sienta cerrada sobre sí misma, sino conectada con el resto del interior de casa de campo. La vista se desplaza del fregadero a la abertura arqueada, del bloque central al panelado, y la casa se entiende como una serie de habitaciones relacionadas por materiales compartidos.
La obra completa dependió de una carpintería a medida muy precisa. La ejecución y coordinación del conjunto permitieron que puertas, paneles, bibliotecas, molduras de escalera y detalles metálicos hablaran el mismo idioma. El resultado no se apoya en una pieza estrella, sino en la forma en que cada borde encuentra al siguiente. Desde los suelos recuperados hasta el roble cepillado, desde el mármol rojo envejecido hasta la cerámica de las paredes, todo responde a una idea clara: una casa preparada para reunir a una familia grande sin perder la lectura de cada estancia.
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