Anexo con puertas de cristal y fachada de vidrio
Las hojas negras de acero marcan la entrada antes de que aparezca el jardín. El vidrio ocupa casi toda la superficie y deja ver la relación directa entre el interior y el exterior, con un pavimento claro que continúa delante del anexo. En este proyecto, las puertas correderas de cristal no funcionan como un añadido, sino como la pieza que organiza el uso del espacio en distintas estaciones. La estructura combina acero, madera y paños acristalados, y esa mezcla se lee desde el primer vistazo.
Un espacio pensado para abrirse al jardín
El anexo estaba pensado para poder disfrutar del lugar sin renunciar al resguardo. La idea es sencilla y visible: un recinto que se mantiene cerrado cuando hace falta y que, en cuanto llega el buen tiempo, se abre hacia la zona exterior. Las puertas dobles de cristal permiten esa transición y hacen que la estancia mire al jardín sin obstáculos. Cuando están cerradas, el plano de vidrio sigue dejando pasar la luz y mantiene la lectura del exterior en todo momento.
La fachada de vidrio se desarrolla con grandes paneles y perfiles negros que enmarcan las vistas. No hay una sola abertura aislada, sino una secuencia de superficies transparentes que alarga la percepción del espacio. La textura de la madera, visible bajo el alero y también en el interior, suaviza la presencia del acero y del vidrio. Esa combinación de materiales no busca llamar la atención por sí sola; sirve para dar peso a un espacio que depende mucho de la luz y de la relación con el entorno.
Puertas dobles de cristal para las estaciones frías y cálidas
En invierno, el cerramiento cumple una función clara: el vidrio HR++ ayuda a mantener fuera el frío mientras el anexo sigue siendo utilizable. La referencia a este vidrio forma parte del propio proyecto y explica por qué el espacio puede usarse también cuando baja la temperatura. En verano y en primavera, la escena cambia por completo. Las puertas se abren de par en par y el interior queda conectado con el exterior a través de una sola línea de paso.
Ese cambio de uso se aprecia en la manera en que se disponen las hojas. Las puertas correderas de cristal y las dobles hojas de acero permiten abrir el frente sin perder continuidad visual. La jardinera no se interrumpe, el pavimento exterior acompaña el acceso y las vistas siguen siendo amplias incluso cuando las puertas están cerradas. El resultado es una relación muy directa entre estancia y jardín, sostenida por la propia geometría de los huecos.
La transparencia como parte del recorrido
Desde dentro, el conjunto se percibe como una envolvente muy abierta. Los paneles de vidrio se suceden y prolongan las líneas de visión hacia la vegetación y hacia el espacio pavimentado que rodea el anexo. La madera del techo y de los paramentos interiores aparece en contraste con los perfiles de acero, y eso da una lectura más precisa del volumen. No se trata solo de ver el jardín, sino de registrar cómo el cerramiento lo incorpora a la estancia.
La conexión interior exterior se construye a partir de detalles concretos: el ancho de las hojas, el marco negro, el reflejo sobre el vidrio y el cambio de textura entre el pavimento exterior y las superficies interiores. Cuando las puertas están abiertas, el paso no necesita explicación; basta con seguir la línea del suelo y la continuidad de los perfiles. Esa sencillez visual es una de las claves del proyecto, porque deja que el uso cambie sin que cambie el carácter del espacio.
Acero y madera en una misma lectura
El contraste entre acero y madera da forma al anexo sin recurrir a gestos innecesarios. El acero define las puertas y los marcos con un trazo negro y fino. La madera aparece en el revestimiento visible bajo el vuelo de la cubierta y en la parte interior, donde aporta una superficie más táctil. Entre ambos materiales, el vidrio ocupa el centro de la escena y organiza la entrada de luz. La suma no busca efecto decorativo; responde a la necesidad de abrir el espacio sin perder presencia material.
La imagen exterior muestra también un entorno pavimentado que acompaña la fachada de vidrio. El suelo duro, el volumen contenido y la secuencia de paneles crean un frente claro hacia el jardín. En lugar de aislarse, el anexo se presenta como una estancia que puede recibir luz, vistas y aire según la época del año. Es ahí donde las puertas de cristal adquieren sentido arquitectónico: no solo cierran o abren, también modulan la forma en que se ocupa el espacio.
Un borde entre interior y exterior muy legible
Los perfiles negros dibujan un borde nítido alrededor de los paños acristalados. Ese trazo ordena la fachada de vidrio y hace que las proporciones del conjunto se entiendan de inmediato. La cubierta sobresale y protege el encuentro entre el paramento y la lluvia, mientras la madera bajo el alero introduce una lectura horizontal que aligera el volumen. Todo ello refuerza la idea de un lugar resguardado, pero nunca desconectado del exterior.
La mejor vista del proyecto probablemente esté en la apertura total de las puertas dobles de cristal. Entonces el interior deja de sentirse como una pieza cerrada y pasa a leerse como prolongación del jardín. La mesa o el asiento que aparece junto a la zona exterior no domina la escena; lo importante es el vacío entre los planos, el espacio que se abre cuando las hojas se recogen y la estancia queda expuesta a la luz del día.
Un anexo que cambia con la luz
Por la mañana, el vidrio recoge reflejos suaves del exterior. Más tarde, los tonos oscuros de los perfiles y la madera adquieren más peso frente a la claridad del cerramiento. Ese cambio de lectura acompaña el uso del anexo a lo largo del año. En invierno, el vidrio HR++ y el cierre completo sostienen la estancia. En primavera y verano, las puertas correderas de cristal y las hojas dobles permiten abrir el frente y dejar que el jardín entre en la composición.
La imagen del proyecto no depende de un solo gesto, sino de varios planos bien resueltos: vidrio, acero, madera y pavimento. Cada uno ocupa su lugar y deja claro cómo funciona el espacio. El anexo se entiende como una pieza que está hecha para permanecer cerca del exterior, protegida cuando hace falta y abierta cuando el tiempo lo permite. Esa capacidad de variar sin perder claridad formal es lo que define su presencia.
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