Casa de jardín de lujo en forma de L
El tejado de paja marca la silueta desde lejos, pero es la chimenea de ladrillo la que fija la composición. En esta casa de jardín de lujo, la forma en L ordena el volumen y deja que cada tramo tenga su propia relación con el exterior. La estructura combina madera de roble y acero, con grandes paños de vidrio y puertas plegables de acero que abren la estancia hacia la terraza. El resultado es un edificio de vida exterior donde los materiales no decoran: sostienen la lectura completa del conjunto.
Una forma en L que separa y conecta
La planta en L resuelve dos piezas con ritmos distintos. En el tramo delantero, la cubierta se eleva un poco más; detrás, el techo desciende y acompaña un cuerpo más bajo, casi de apoyo. Esa diferencia de altura hace visible la función de cada parte sin necesidad de señalarla. El volumen trasero se prolonga en una zona cubierta con postes de madera de roble apoyados sobre bases de piedra dura, pensada para guardar leña y para ampliar el uso del borde exterior cuando la temporada invita a estar fuera.
Visto desde el jardín, el conjunto no se impone por tamaño, sino por la relación entre piezas. El tejado de paja suaviza el perfil, mientras el ladrillo de la chimenea introduce un eje vertical muy claro. A su alrededor, el acero negro de los marcos y los cerramientos marca líneas finas sobre superficies de vidrio amplias. Esa tensión entre masa y transparencia define la casa de jardín en forma de L y le da una presencia precisa en el terreno.
Roble, acero y paja en la misma lectura
La estructura principal se apoya en madera de roble, una elección que se percibe tanto en la lógica constructiva como en la textura visible de las piezas. El roble se cruza con el acero en los huecos y en las carpinterías, y esa combinación deja un borde más exacto en las aperturas. El techo de paja remata el conjunto con una capa densa que atenúa la línea del alero y enlaza visualmente con la chimenea de fábrica.
En la zona cubierta posterior, los postes de roble descansan sobre zócalos de piedra dura. El gesto es sencillo y directo: elevar la madera del suelo, protegerla del contacto inmediato con la humedad y dar al perímetro una base más sólida. Ese espacio funciona como cobertizo cubierto para leña, pero también admite otros usos ligados a la terraza. La estructura queda abierta, casi como una prolongación lateral del edificio, sin cerrar la vista hacia el jardín.
Un borde exterior pensado para estancias largas
La parte posterior no actúa como un anexo residual. Al contrario, convierte el borde en un lugar de uso. La cubierta protege la leña de la chimenea y crea una transición entre interior y terraza. En los meses cálidos, ese umbral puede leerse como veranda o como extensión del espacio exterior junto a la casa de jardín. La losa de piedra, los postes de madera y la sombra bajo el alero construyen una franja útil, más próxima al estar que al simple paso.
Puertas plegables de acero y una estancia que se abre
El acceso principal se produce a través de puertas plegables de acero en la fachada delantera y también desde el lado de la terraza. Cuando se abren, el interior pierde el límite duro del cerramiento y recibe la luz desde dos direcciones. Los marcos negros dejan ver el paisaje y, al mismo tiempo, dibujan una retícula sobria que ordena la relación con el exterior. No se trata de una apertura decorativa; es una manera de hacer que la casa de jardín de lujo respire hacia ambos lados.
Dentro, la primera pieza es una zona de asientos amplia. Hay espacio para familia y amigos, pero también para que el uso cambie sin forzar la distribución. La estancia admite conversación, juego y reunión alrededor del fuego. El pavimento claro, los muros blancos y la carpintería oscura dejan que las piezas estructurales se lean con nitidez. En lugar de ocultar la construcción, el espacio la muestra como parte del ambiente cotidiano.
La chimenea como centro visual y térmico
La chimenea de ladrillo continúa dentro con un acabado de estuco que la integra con las paredes interiores. Frente a ella, la doble chimenea aporta calor a la estancia y convierte ese frente en el punto más activo de la sala. El hueco de fuego se ve desde la zona de estar, pero también dialoga con las vistas a través de los grandes vidrios. El fuego no queda aislado en una esquina; organiza la estancia y ayuda a que el interior siga teniendo peso cuando cae la noche.
La presencia de la chimenea también aclara la relación entre dentro y fuera. Desde la terraza, la masa de ladrillo se reconoce al instante; desde el interior, el mismo elemento recoge la luz de las paredes estucadas y la devuelve con una textura más serena. Ese contraste entre ladrillo, estuco y acero es uno de los gestos más claros del proyecto. Hace que la casa de jardín de lujo se lea como un edificio completo, no como una suma de piezas independientes.
Una cocina discreta junto a la sala principal
Pasada la zona de estar aparecen una cocina y una pequeña barra, resueltas sin romper la continuidad del espacio. Los frentes de madera y la encimera oscura se apoyan en una composición contenida, de líneas rectas. No buscan protagonismo; sirven a la sala con una presencia medida. Más al fondo se ubica el aseo, resuelto en el tramo trasero para no interferir con el uso principal del recinto.
Las mesas y las sillas se alinean con la luz que entra por los paños acristalados, y el techo con vigas vistas refuerza la sensación de longitud bajo cubierta. La estructura de antiguo pino, formada por vigas y tablones, deja una lectura más cálida y más áspera al mismo tiempo. Se percibe la veta, los encuentros y el espesor del material. Ese techo con vigas vistas da al interior una presencia material que contrasta con los marcos de acero y el vidrio.
En conjunto, el proyecto trabaja con pocos elementos, pero los lleva hasta el final. El roble define la estructura, el acero recorta las aperturas, la paja envuelve la cubierta y el ladrillo fija la chimenea. Dentro, la sala, la cocina y la barra comparten un mismo techo de vigas vistas, mientras la zona cubierta posterior amplía el uso hacia la terraza y la leña. La casa de jardín de lujo queda así preparada para pasar del día a la noche sin cambiar de carácter, con el fuego y la madera como referencia constante.
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