Villa moderna de estilo cubista con piedra natural y madera
Los volúmenes avanzan y retroceden con líneas rectas, mientras el revoco blanco deja que la piedra natural marque el ritmo de la composición. En esta villa moderna estilo cubista, la fachada alterna planos lisos, paños de vidrio y piezas de madera que suavizan los cambios de nivel. Las ventanas negras subrayan el dibujo geométrico y abren la vista hacia una terraza amplia y un jardín con lámina de agua.
Volúmenes cúbicos y un juego claro de materiales
La casa se lee por capas. Primero aparece el bloque blanco, luego el acento de piedra natural en fachada y, en algunos puntos, la madera toma el relevo en la entrada y bajo los vuelos. Ese contraste no se queda en el exterior inmediato: se repite en el jardín y en el borde de la terraza, donde una jardinera de piedra y una gran chimenea exterior de mampostería prolongan el mismo lenguaje material. La composición evita el gesto ornamental y trabaja con piezas precisas, bien colocadas, que hacen visible la estructura del conjunto.
La villa moderna estilo cubista gana presencia por su perfil bajo y por las aristas limpias de los volúmenes. Los huecos rectangulares y las carpinterías oscuras tensan los paramentos claros, mientras la piedra aporta peso visual en las zonas más expuestas. En lugar de ocultar las transiciones, el proyecto las muestra: el revoco termina, la piedra arranca, la madera aparece como una pausa cálida entre superficies más duras. Esa secuencia se percibe también desde el acceso, donde la casa se abre con una lectura frontal muy nítida.
Terraza, agua y una continuidad medida hacia el jardín
La terraza se resuelve con losas grandes y juntas marcadas, una decisión que refuerza la dirección horizontal de la vivienda. Desde ahí, el espacio exterior se estira hacia una lámina de agua larga y estrecha, contenida por un borde de vidrio que hace desaparecer la masa visual del cerramiento. El jardín moderno con lámina de agua no busca llenar cada rincón; deja respirar el pavimento, los parterres y la superficie reflejante, que devuelve fragmentos de la fachada y del cielo sobre la parcela.
La zona exterior mantiene la misma disciplina que la casa. Los trazados son rectos, los encuentros entre materiales están bien definidos y el agua introduce una línea silenciosa entre el pavimento y la vegetación. En las imágenes se aprecia cómo la terraza y la piscina de reflejo ordenan la perspectiva, mientras la piedra natural aparece de nuevo en el perímetro de la vivienda. El resultado no depende de un gesto llamativo, sino de la repetición de materiales y alineaciones que conectan interior y exterior.
Madera, sombra y una entrada que no compite con el volumen principal
La madera entra en escena en puntos concretos: una zona de acceso, elementos de vuelo y detalles que alivian la dureza de la geometría. No cubre la casa; la acompaña. Su tono rompe la secuencia entre blanco, negro y piedra sin robar protagonismo a los volúmenes cúbicos. Esa mezcla se ve mejor cuando la luz cae de lado y marca las juntas, el canto de los forjados y las superficies lisas del revoco.
Las franjas de sombra que generan los salientes y la carpintería enmarcan las aperturas más profundas. Allí, la vivienda parece más compacta y más precisa. Es una estrategia sencilla, pero muy visible: el material correcto en el lugar adecuado cambia el peso del plano y hace que cada volumen se lea con más claridad. La madera, además, introduce una temperatura distinta en un conjunto dominado por piedra, vidrio y revoque.
Energía integrada en un tejado plano
Sobre la cubierta plana, los paneles solares quedan instalados fuera de la vista principal. La solución permite mantener la línea limpia del techo y aprovechar una orientación adecuada mediante soportes específicos. En una casa como esta, donde la silueta importa tanto como la materialidad, el tejado no se convierte en un elemento técnico expuesto. Se resuelve con discreción y deja que la geometría de la villa moderna estilo cubista siga siendo la lectura dominante desde el exterior.
La misma lógica aparece en la envolvente revocada con aislamiento exterior. La capa aislante queda oculta bajo el acabado de yeso, y la superficie final conserva una apariencia uniforme. En la fachada orientada al sol se ha utilizado vidrio con control solar, una decisión que afecta menos a la imagen que al comportamiento del interior. Lo relevante aquí es cómo esa técnica se integra sin alterar el dibujo general de la casa ni interrumpir la relación entre huecos, paños lisos y piedras de acento.
Una planta pensada para vivir en una sola cota
El programa principal se concentra en la planta baja: cocina, salón, despacho, un dormitorio y un baño. Esa distribución da lugar a recorridos cortos y a transiciones claras entre estancias. Bajo parte de la vivienda hay un sótano parcial con espacio técnico y trastero, de modo que la zona habitada queda despejada de instalaciones visibles. La arquitectura trabaja con esa concentración de usos para que los espacios principales se abran con más libertad hacia el jardín y la terraza.
El techo acústico de la planta baja refuerza la sensación de orden en el interior. Su superficie continua, lisa y sin juntas visibles absorbe parte del sonido y evita que el espacio grande se vuelva duro al oído. No es un gesto que se vea a primera vista, pero sí se percibe en cómo queda el fondo de las estancias. Junto con la distribución en una sola cota, ese tratamiento hace que la vivienda funcione con una lectura muy directa, casi doméstica y al mismo tiempo precisa.
Puertas correderas, chimeneas de gas y una escalera de roble
Entre el salón y la cocina, y entre el salón y el despacho, las puertas correderas de madera permiten abrir o cerrar sin ocupar espacio de giro. Cuando están recogidas, las estancias se leen de manera continua; cuando se cierran, cada una recupera su propia escala. Ese movimiento se acompaña de dos chimeneas de gas, colocadas para aportar foco en las piezas principales de la planta. No son elementos decorativos aislados, sino puntos de anclaje dentro de la organización interior.
La escalera de bloque en roble introduce otra textura. Su masa es más sólida que la de una escalera ligera y marca la subida a la planta superior con una presencia clara. Arriba se distribuyen tres dormitorios, un baño y un aseo, manteniendo la lógica de una casa que reserva la planta baja para el uso diario. En el interior, los materiales vuelven a ordenar el recorrido: madera en la escalera y en las puertas, superficies lisas en el techo y aperturas amplias que relacionan las piezas habitables.
Una secuencia exterior que se entiende desde la acera hasta el agua
La parcela se resuelve con pavimentos rectos, bordes limpios y vegetación contenida. Desde la parte delantera hasta la terraza posterior, la villa moderna estilo cubista mantiene la misma cadencia: piedra natural, revoco blanco, madera y vidrio. La composición no depende de un solo frente; trabaja en profundidad, dejando que el acceso, la fachada y el jardín formen una única lectura. La lámina de agua cierra esa secuencia con un reflejo bajo y calmo que multiplica las líneas de la arquitectura.
Visto en conjunto, el proyecto apuesta por una economía de medios muy visible. La piedra da peso, la madera introduce pausa, el vidrio abre y el pavimento ordena. Todo está colocado para que la casa se lea sin ruido, desde los volúmenes cúbicos hasta el borde del agua. Esa claridad convierte la villa moderna estilo cubista en una pieza donde el exterior y la organización interior se sostienen con los mismos recursos, sin perder cada uno su propio carácter.
Want to see more of HABÉ? View the page of HABÉ for even more great projects and company information.







