Edificio comercial convertido en viviendas
La primera lectura está en la piel del edificio: ladrillo con paños de huecos amplios, carpinterías claras y una entrada que ya anuncia el cambio de uso. Detrás de esa imagen se esconde un edificio comercial convertido en viviendas, transformado en tres viviendas con otra forma de habitar el espacio. La reforma de edificio existente no se limita aquí a repartir estancias; también corrige la luz, ordena las circulaciones y deja que cada unidad respire con una planta bien resuelta.
Una fachada de ladrillo que conserva el peso del edificio
La fachada de ladrillo visto mantiene el carácter del volumen original, pero se lee con otra precisión gracias a las ventanas amplias y a los detalles de mampostería sobre los huecos. Los alféizares de piedra oscura y la carpintería de madera acompañan esa mezcla entre lo antiguo y lo nuevo sin forzarla. En la parte superior aparece un remate en ladrillo que afina los vanos y da ritmo al frente, mientras que la ampliación posterior sigue la misma línea visual para que el conjunto no se rompa en dos lenguajes distintos.
También pesa el uso de Fraké en parte del exterior, un material que suaviza el conjunto con una lectura más cálida y seca al tacto visual. No tapa el edificio; lo ordena. Las bandas de ladrillo, los huecos rectangulares y los marcos oscuros dejan claro que se trata de una reforma de edificio existente pensada para vivienda, no de una obra que pretende borrar su origen. Ese contraste entre masa y apertura marca desde fuera el cambio hacia tres viviendas.
Un interior luminoso y amplio desde la entrada
Dentro, el blanco manda en paredes, techos y carpinterías interiores, y esa base hace que la luz rebote con facilidad. El interior luminoso y amplio se percibe en los recorridos, en los huecos de paso y en la manera en que las estancias se abren hacia las ventanas. La planta no se llena de gestos innecesarios; prefiere dejar visibles los encuentros limpios, los armarios a medida y las líneas rectas que hacen trabajar cada metro sin ruido visual.
Las escaleras y los rincones de paso también están resueltos con piezas a medida, como los peldaños blancos con nichos laterales de almacenamiento. Esa intervención evita que el espacio se pierda en zonas residuales. En lugar de ocultar la estructura, la reforma la usa para organizar la vivienda, y por eso las tres unidades conservan una sensación de amplitud aunque cada una tenga una distribución distinta. La luz entra, se desplaza y vuelve a aparecer al final de cada estancia.
Acabados que se leen en el uso diario
La cocina con isla ocupa un lugar central en la vida doméstica. Las superficies de trabajo imitan la piedra y se perciben firmes, fáciles de limpiar y muy presentes en la composición. Frente a ellas, los frentes lisos y los electrodomésticos integrados reducen el ruido visual. En varias estancias aparecen detalles hechos a medida, desde armarios hasta remates de carpintería, y eso ayuda a que la reforma de edificio existente no dependa de piezas sueltas, sino de una organización clara y continua.
La luz natural se acompaña con focos empotrados y con grandes huecos que abren la estancia hacia el exterior. En una de las zonas de estar, las puertas acristaladas amplían la sensación de profundidad y conectan el interior luminoso y amplio con el espacio abierto. No hace falta recurrir a recursos grandilocuentes: la propia estructura, los huecos y la secuencia de materiales bastan para construir la atmósfera de estas tres viviendas.
Cocina con isla y baños resueltos al milímetro
La cocina con isla aparece como una pieza robusta dentro del conjunto. La encimera de aspecto mineral, el fregadero de acero y la grifería visible rematan una composición pensada para el uso intensivo. La línea de muebles altos incorpora hornos en columna y deja la pared libre para que la cocina no se vea cargada. Es un espacio claro, donde la disposición ayuda a cocinar sin cruzar funciones ni perder superficie útil. La cocina no se limita a vestir la vivienda; organiza su centro.
Los baños siguen esa lógica de precisión. Los revestimientos de gran formato, las duchas con mampara de vidrio y los grifos empotrados dibujan estancias compactas pero bien aprovechadas. En uno de ellos aparece una bañera exenta, encajada con suficiente aire alrededor para que no parezca un objeto aislado. Los nichos dentro de la ducha resuelven el almacenaje de forma directa. Así, el baño moderno no depende del efecto, sino de una distribución que deja pasar la luz y ordena las piezas sanitarias.
Un recorrido distinto en cada vivienda
El primer apartamento reúne dormitorio, baño, aseo, sótano y cocina-comedor. Una hoja plegable vincula el interior con el exterior y amplía visualmente la estancia principal. El pavimento de hormigón y los focos empotrados sostienen un acabado sobrio, mientras que la bañera exenta aporta una nota más abierta en un baño de dimensiones contenidas. Todo encaja en una secuencia compacta, donde cada estancia cumple una función clara dentro de la vivienda.
El segundo apartamento se desarrolla en dos plantas y suma una terraza exterior generosa, cerrada con madera para proteger la intimidad. Desde la sala de estar, el interior luminoso y amplio continúa hacia esa pieza exterior sin perder continuidad en los materiales. También se prevé un lugar para trabajar, algo que se integra sin alterar la lectura general de la planta. La buhardilla, despejada y luminosa, deja margen para otros usos. En este punto, la reforma de edificio existente demuestra su capacidad para adaptar el edificio a ritmos de vida distintos.
La vivienda principal y su terraza exterior
La casa principal ocupa el nombre de una pieza conocida del imaginario local, pero aquí lo importante es su organización interior. Se añadió una planta completa, y esa ampliación permite disponer de una cocina-comedor, dos dormitorios, baño, aseo y una terraza exterior. En el salón, una claraboya introduce luz cenital sobre la planta baja y cambia la manera en que se percibe el techo. El efecto no es decorativo: dibuja una zona más abierta y hace que el volumen gane profundidad sin sumar artificios.
La terraza exterior aparece como una prolongación directa de la vivienda, con pavimento cerámico gris, cerramientos de madera y un perímetro de metal que marca el borde. No es una pieza ornamental; funciona como un espacio protegido al aire libre. Vistas desde dentro, las superficies claras y los huecos amplios refuerzan el carácter del interior luminoso y amplio, mientras que desde fuera la reforma de edificio existente mantiene una presencia sobria, apoyada en ladrillo, carpinterías claras y encuentros muy medidos entre lo nuevo y lo ya construido.
En conjunto, el proyecto deja ver con claridad cómo un edificio comercial convertido en viviendas puede conservar su memoria material y, al mismo tiempo, adaptarse a una distribución doméstica precisa. Las tres viviendas comparten una misma base de luz, orden y apertura, pero cada una interpreta esa base de manera distinta. Lo que une todo no es un gesto formal repetido, sino una cadena de decisiones concretas: huecos bien abiertos, cocinas resueltas con lógica, baños compactos y exteriores pequeños pero utilizables.
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