De vivienda vacía a casa soñada
El suelo en espiga marca el paso desde la entrada y ordena la vivienda con un dibujo claro bajo los pies. A partir de ahí, la reforma integral reconfigura el espacio: se derriban tabiques, la cocina pasa al centro de la casa y las nuevas aperturas sustituyen los antiguos cerramientos por ventanales modernos que dejan entrar la luz desde el fondo y el lateral.
Una reforma integral resuelta en cuatro semanas
En solo cuatro semanas, el interior cambió por completo. La obra no se limitó a abrir estancias; también se ajustó la vivienda a una manera distinta de usarla. La cocina, antes una pieza más, ocupa ahora el punto de encuentro principal, mientras la domótica concentra el control de la casa en un sistema único. Esa combinación de redistribución y tecnología se lee en cada tránsito: menos pasillos cerrados, más vistas cruzadas y una relación más directa entre las zonas de día.
El equipo asumió tanto la dirección de obra como el amueblamiento final, y eso se nota en la continuidad entre los materiales, la posición de los muebles y la luz. Los tonos claros dominan paredes, tapicerías y textiles, pero no borran las texturas. El conjunto se apoya en superficies suaves al tacto, en una paleta contenida y en piezas que dejan respirar el espacio sin vaciarlo.
El suelo en espiga como base visual de la casa
La madera en espiga recorre las estancias principales y aporta ritmo sin levantar la voz. Su dibujo alarga el recorrido y acompaña el cambio de planos entre salón, comedor y zonas de paso. Frente a las paredes lisas, el suelo introduce una lectura más densa, casi gráfica, que ayuda a fijar el mobiliario y a dar orden al conjunto. No hace falta añadir demasiado alrededor: el propio pavimento ya dirige la mirada.
La misma lógica aparece en otros detalles de carpintería interior. Los marcos, las molduras y algunos paramentos con relieve refuerzan la presencia de la madera en puntos estratégicos, como la escalera o los distribuidores. Son piezas que no buscan protagonismo aislado, sino que sostienen la continuidad del proyecto desde el primer paso hasta las estancias más abiertas.
Texturas que se tocan antes de mirarse
Los tejidos blandos suavizan la geometría más marcada de la obra. El tapizado tipo teddy, el bouclé y las cortinas con caída ligera introducen una respuesta física que contrasta con la precisión de los nuevos huecos. En lugar de recargar, estas superficies amortiguan el eco visual y hacen que el mobiliario encaje con naturalidad junto a la madera y la piedra. El resultado es un interno cálido que se apoya en el tacto tanto como en la luz.
También el pavimento trabaja en esa dirección. El suelo en espiga convive con una alfombra de pelo alto, con mesas de superficie redonda y con una mesa de comedor de sobre dibujado en espiga. Cada elemento remite al otro sin copiarlo. Así, la casa gana capas, pero mantiene una lectura clara desde la entrada hasta el fondo del salón.
Luz sobre vidrio, metal y piedra
Las lámparas colgantes de vidrio se convierten en un punto de atención sobre la mesa y la zona de estar. Su transparencia deja ver la fuente de luz y crea reflejos pequeños sobre el entorno inmediato, sobre todo cuando cae la tarde. Junto a ellas aparecen apliques de pared en tonos bronce, vidrio y cuero, que suman una luz más baja y precisa en pasillos y rincones. Esa mezcla evita una iluminación uniforme y deja que cada estancia tenga su propia intensidad.
En la cocina, el plano de trabajo y la pared efecto mármol introducen una superficie más mineral. La veta se aprecia en los fondos y en las piezas de apoyo, donde la textura piedra dialoga con los frentes lisos y la luz puntual del techo. El contraste funciona por proximidad: vidrio, metal y piedra se reparten la escena sin competir entre sí.
Ventanales modernos y capas en las ventanas
Los nuevos ventanales modernos amplían las vistas y limpian el borde entre interior y exterior. La luz entra más directa y cae sobre las superficies claras, sobre la madera y sobre los textiles con un efecto distinto a lo largo del día. En las ventanas, la casa no se queda en una sola solución: se superponen cortinas y persianas, con tejidos translúcidos, lamas o plegados de aspecto tejido, para graduar la entrada de luz sin endurecer el conjunto.
Ese sistema de capas también aparece en el resto de la vivienda. En la escalera y el recibidor, los paramentos revestidos, los espejos redondos y las molduras marcan el recorrido sin saturarlo. Son gestos breves, pero muy visibles, que acompañan el paso de una estancia a otra y explican por qué el interior sigue sintiéndose despejado incluso con tantos materiales en juego.
La cocina central organiza la vida diaria
La cocina central concentra la actividad y fija el corazón de la planta. Desde ahí se entiende mejor la nueva distribución: una relación más abierta con el comedor, una circulación más directa hacia el salón y una presencia mayor del mobiliario como pieza arquitectónica. La mesa redonda cercana, las sillas tapizadas y las lámparas colgantes de vidrio refuerzan esa escena doméstica sin convertirla en un decorado. Todo queda a una distancia razonable, pensado para usarse de verdad.
En las imágenes, el acabado de la cocina se apoya en una combinación de superficies claras y detalles más oscuros o ahumados. No hay exceso de ornamento; lo que destaca es la proporción entre vacío y materia. La campana, las luminarias y los reflejos del vidrio construyen una secuencia de pequeños puntos de luz sobre el eje principal de la estancia.
Un interior que se reconoce por sus detalles
La entrada resume bien el tono de la reforma. Una consola con sobre en efecto mármol, un espejo redondo de borde cálido y una pared tratada con listones o molduras bastan para fijar la primera impresión. No es una estancia de paso neutra, sino un umbral con piezas concretas y bien colocadas. Desde ahí, la casa deja ver su carácter en las líneas del zócalo, en la textura del enlucido y en la continuidad del suelo en espiga.
El acabado general no persigue espectáculo. Prefiere la repetición de materiales que ya han demostrado su peso visual: madera, vidrio, piedra y textiles con cuerpo. Por eso la reforma integral resulta tan legible. Se percibe en el recorrido, en la luz, en la posición central de la cocina y en la manera en que la domótica y los nuevos cerramientos reorganizan el día a día sin imponerse sobre el interior.
Fotografía – Miryam Schotman Interieurs
Contribuidores: tejidos teddy, bouclé, mármol en tonos marrones y claros, iluminación mural en bronce, vidrio y cuero, alfombra de pelo alto, papel pintado y molduras en paredes, papel pintado en recibidor y hueco de escalera, molduras, lámparas sobre isla, sofá de sello propio, mesa de comedor redonda con tablero en espiga, cortinas wave con brillo, estores plegables de madera tejida y pantallas de lámparas artesanales forradas con papel, tejido o cuero.
En conjunto, la casa pasa de una estructura desnuda a un interno cálido construido con cambios muy concretos: menos tabiques, más luz, más control y un lenguaje material claro. El suelo en espiga atraviesa esa transformación como una línea continua, mientras la cocina central, los ventanales modernos y la domótica fijan la nueva manera de habitarla.
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