Sala de jardín independiente con techo de lamas
Las lamas del techo dibujan una retícula precisa sobre el suelo y sobre el vidrio. Esa línea horizontal ordena la escena desde el primer vistazo, mientras la estructura de aluminio antracita sostiene una sala de jardín que se abre y se cierra según la luz. El resultado es un espacio exterior con presencia propia, colocado entre la vegetación y el pavimento como una pieza más del conjunto.
Una sala de jardín entre apertura y resguardo
La planta libre se organiza en dos partes. En el tramo delantero, los laterales abiertos dejan pasar el aire y la vista hacia el jardín. Es el punto más expuesto, pensado para la primera taza de café en primavera o para una cena al aire libre cuando cae la tarde. Detrás, la sala de jardín independiente gana resguardo: una pared fija con lamas orientables de aluminio filtra las miradas y deja ajustar la privacidad sin cerrar del todo el espacio.
Las paredes correderas de vidrio aparecen en los cerramientos laterales y cambian la lectura del volumen. Abiertas, prolongan la terraza hacia el jardín; cerradas, recortan un interno exterior claro, con reflejos suaves y un límite muy delgado entre dentro y fuera. El vidrio no compite con la vegetación ni con los perfiles oscuros. Más bien deja que el verde siga presente a través de cada plano.
Techo de lamas para modular la luz
El techo de lamas concentra gran parte del carácter del proyecto. Sus listones orientables permiten regular la entrada de sol y la sombra que cae sobre la terraza. En las imágenes, esa decisión se traduce en franjas marcadas sobre el pavimento y en una sombra más densa bajo la cubierta. El espacio cambia con el día sin perder definición. Por la mañana recibe una luz más franca; al avanzar la jornada, el techo de lamas convierte el resguardo en un lugar más tamizado.
También hay una lectura más silenciosa en ese plano superior. La repetición de las lamas crea un ritmo que acompaña la estancia sin imponerse. Bajo esa trama, la zona lounge exterior queda protegida de una manera ligera, sin muros pesados ni cierres opacos. La cubierta no es un fondo neutro: participa en la atmósfera del lugar y deja ver cómo se mueve la luz entre una lama y otra.
Lamas orientables y privacidad medida
La pared fija con lamas orientables añade otra capa de control. Desde el exterior se intuye la función de filtro; desde dentro, la vista hacia el jardín sigue teniendo profundidad. Esa combinación permite graduar la intimidad sin perder relación con el entorno verde. Frente a ella, las superficies acristaladas mantienen la apertura visual. El conjunto funciona como una secuencia de grados, desde el aire libre hasta un rincón más protegido.
El acabado en aluminio antracita refuerza las líneas rectas y hace que los planos se lean con claridad. Sobre ese tono oscuro, el vidrio gana ligereza y los reflejos del jardín quedan mejor recortados. La sala de jardín independiente no busca ocultarse entre la plantación; se coloca con nitidez, apoyada en perfiles finos y en una geometría que deja respirar el perímetro.
Una zona lounge exterior que cambia con el tiempo
Dentro de la cubierta, la escena se parece a una sala abierta al jardín. En invierno, el cerramiento de vidrio ayuda a retener el uso del espacio y el rincón lounge adquiere una presencia más recogida. En verano, la apertura de los laterales y el control de la sombra hacen que el aire circule con mayor libertad. No hace falta transformar el lugar; bastan los paneles correderos y la orientación de las lamas para ajustar el ambiente a cada momento.
La iluminación LED regulable añade otro registro al final del día. Con la luz encendida, el techo y los perfiles adquieren una lectura más suave, mientras el pavimento sigue mostrando sus dibujos de adoquines de hormigón decorativos. La noche no borra la estructura; la destaca con una luz contenida que permite seguir usando la sala sin perder la relación con el exterior.
El pavimento también cuenta la escena
El suelo no actúa como un soporte neutro. Los motivos del pavimento de hormigón introducen una trama distinta bajo la cubierta y acompañan el trazado recto del aluminio. Esa diferencia entre el dibujo del suelo y la línea limpia de la estructura hace que la terraza se lea por capas. En una de las vistas aparece incluso una lámina de agua en primer plano, que introduce un plano más bajo y amplía la sensación de profundidad alrededor de la sala de jardín.
La vegetación enmarca el volumen sin cerrarlo. Hedges, plantación y césped rodean la construcción y suavizan la transición hacia el resto del jardín. Desde algunas vistas, el volumen parece asentarse entre masas verdes y superficies minerales, con una relación muy directa entre el cerramiento oscuro, el vidrio y las piezas claras del suelo. Nada resulta sobrante; cada elemento deja ver su función en la composición.
Un cerramiento hecho para este lugar
No hay dos salas de jardín iguales en este tipo de proyecto. Aquí, la solución responde a una combinación concreta de cubierta de lamas, vidrio corredero y lamas orientables, pensada para dar uso al espacio en distintas estaciones. El frente abierto, el fondo más protegido y los laterales acristalados construyen una experiencia gradual, casi por estratos. Esa manera de ordenar el volumen hace que la sala de jardín independiente funcione como estancia exterior y como transición con el jardín a la vez.
La lectura final depende de esas decisiones visibles: la cubierta de lamas que filtra, el vidrio que despeja, el aluminio antracita que dibuja el contorno y el pavimento que ancla todo al suelo. Así se forma una zona lounge exterior con una presencia precisa, pensada para sentarse, mirar y dejar que cambien la luz y la sombra sobre la terraza.
Fotografía: Linda van der Leer
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