Escalera central con descansillos
La escalera central ordena el recorrido de la casa desde la planta baja hasta el último nivel. Se accede a ella desde la cocina, el salón y la entrada principal, de modo que el hueco de escalera funciona como un eje visible y no como un pasillo secundario. La luz entra por varios niveles y hace que los tramos, los descansillos y los cambios de dirección se lean con claridad.
Un recorrido que une varias plantas
La escalera de varios tramos se compone de tres tramos cerrados con dos descansillos intermedios. Esa secuencia marca el paso entre la planta baja, el sótano y la última planta sin perder la orientación. En el sótano, el arranque se resuelve con un peldaño de bloque cuadrado, un gesto breve pero muy concreto que fija el inicio del ascenso. El conjunto deja ver una circulación pensada para moverse por la vivienda con rapidez y sin rodeos.
Varios frentes del interior miran hacia este núcleo. Desde la cocina, el salón y la entrada principal, la escalera queda siempre presente, y eso refuerza su papel dentro del espacio. No se esconde. La caja de la escalera acompaña la vida diaria de la casa y, al mismo tiempo, mantiene un trazado claro entre niveles. La sucesión de peldaños y descansillos hace que cada planta quede conectada de un vistazo.
Madera clara en peldaños, largueros y pasamanos
La madera de haya aparece en los peldaños y en los elementos estructurales de la escalera, con un tono claro que se reconoce enseguida sobre los paramentos blancos. El pasamanos sigue esa misma línea de material y dibuja una curva continua a lo largo de los tramos. En los detalles más próximos se aprecia el trabajo de carpintería, especialmente en las uniones y en el acabado de los cantos, donde la pieza mantiene una presencia sobria y precisa.
La base de los largueros incorpora un perfil de remate que enmarca la parte inferior y superior de la estructura. Abajo, la escalera queda cerrada con una placa plana que limpia la línea del conjunto. Esa solución deja el protagonismo en la huella de los peldaños, en la continuidad de la madera y en la lectura ordenada de los dos descansillos. El resultado es una pieza interior que se percibe estable desde cualquier nivel.
Una escalera de haya con presencia en el día a día
El material no solo aparece como acabado. También define la forma en que se lee el volumen de la escalera. La haya aporta una superficie uniforme a peldaños y pasamanos, mientras que el blanco de la envolvente amplía la percepción del hueco. Entre ambos, el recorrido se entiende con facilidad. La escalera central actúa así como un enlace vertical, pero también como una secuencia de piezas visibles que acompañan el movimiento por la casa.
Barandilla negra y detalles de forja
El contraste lo introduce la barandilla negra, colocada sobre los largueros interiores y a lo largo del vacío. Sus barrotes oscuros refuerzan la seguridad del trazado y, al mismo tiempo, marcan una línea firme frente a la madera clara y los planos blancos. Los soportes de la barandilla llevan rosetones pintados en negro mate, y ese detalle se repite con una cadencia casi ornamental. No es un adorno aislado; es parte del dibujo general de la escalera.
En los elementos de remate aparece también un perfil de “cazador de palomas”, que enmarca la parte alta y baja de los largueros. Cerca de los puntos de unión, el pasamanos adopta un modelo de ojo de cerradura, un perfil reconocible cuando se observa la escalera de cerca. La mezcla de perfiles, rosetones y barrotes negros da al conjunto una lectura más precisa que la de una simple escalera funcional.
Los ovalos como firma del conjunto
Los motivos ovalados del hierro negro aparecen en varias vistas y dan continuidad a la barandilla. En la foto más cerrada, esos óvalos se leen casi como una secuencia gráfica sobre el vacío. El trazado acompaña los tramos sin restar claridad al paso. Junto a ellos, los montantes y las piezas de enlace mantienen una construcción firme, visible y bien resuelta desde la base hasta el último descanso.
La alfombra azul a rayas como hilo del recorrido
Sobre los peldaños y los descansillos, la alfombra azul a rayas introduce una franja de color que acompaña el ascenso. No cubre la escalera de forma uniforme en todas las vistas, pero sí aparece como una banda reconocible sobre el blanco y la madera. Ese azul marca el centro de cada tramo y hace más legible la secuencia de pasos. En combinación con la barandilla negra, el color ordena la imagen sin quitar protagonismo a la carpintería.
De noche, la iluminación mantiene la misma lectura del trayecto que durante el día. La escalera sigue siendo clara, y los descansillos ganan presencia por la luz que cae desde los niveles superiores. El espacio entre plantas no se vuelve pesado; más bien se abre con una sucesión de planos blancos, madera clara y acero negro. Esa combinación se aprecia mejor cuando se recorre desde abajo, donde la vista sube por los tres tramos y llega hasta la última planta.
Luz, altura y una visión continua entre niveles
La escalera central aprovecha una relación directa con la luz natural. Desde la planta baja entra suficiente claridad para que el hueco se lea en profundidad, y en los niveles superiores la vista atraviesa la vide con facilidad. Esa apertura permite ver la estructura completa: tramos cerrados, descansillos, remates negros y el pasamanos de haya. El conjunto no depende de un solo punto de vista; cambia según la altura desde la que se observe.
En la práctica, la escalera resuelve un movimiento vertical completo dentro de la vivienda. Une sótano y plantas superiores, pero también organiza la experiencia del interior alrededor de su centro. La composición de madera clara, barandilla negra y alfombra azul a rayas permanece visible en cada pausa del recorrido. Por eso la escalera de varios tramos no queda reducida a un elemento de paso: define la manera en que se entiende la casa desde dentro.
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