Interior de casa de campo con armario a medida y baño de mármol verde
La primera impresión la marca el espacio abierto y la longitud de la carpintería. En este interior de casa de campo, el armario a medida con luz recorre 12,5 metros y convierte una estancia amplia en una secuencia precisa de frentes verdes, huecos abiertos y reflejos de vidrio. La superficie cepillada a mano y los detalles de latón suavizan la masa del conjunto, mientras la luz cálida cae sobre los nichos y deja ver la profundidad del mueble.
Un armario continuo que ordena la suite
La suite principal se planteó a partir de una operación clara: abrir el espacio para que la carpintería pudiera tomar protagonismo. El resultado es un recorrido lateral de almacenamiento que no se limita a guardar, sino que construye la estancia. Las puertas en verde oscuro, la iluminación integrada y los pequeños vacíos abiertos introducen ritmo entre superficies cerradas. Desde ciertos ángulos, el armario parece más un plano arquitectónico que un mueble aislado.
En ese tramo continuo aparece también una relación constante entre opaco y transparente. Los paños de vidrio permiten ver el interior iluminado, y ese resplandor contrasta con las zonas más densas de madera pintada. La pieza no busca desaparecer; asume su escala y la utiliza para marcar el eje de la habitación. Cerca de las ventanas, la luz natural añade otra capa sobre la pintura verde y deja una lectura más nítida de las juntas, los cantos y las aperturas.
Huecos, vidrio e iluminación integrada
Los nichos abiertos interrumpen la linealidad del frente y alivian el peso visual del armario a medida con luz. Dentro, las baldas y los compartimentos muestran una estructura más ligera, casi doméstica, que contrasta con la regularidad exterior. Ese juego se repite en el uso del vidrio: las puertas transparentes dejan ver la profundidad del mueble y convierten el contenido en parte de la composición. No hay una separación rígida entre almacenaje y estancia; todo queda enlazado por la misma carpintería.
El baño de mármol verde como pieza central
En el centro de la suite aparece el baño de mármol verde, construido como un volumen escultórico. Sus planos de piedra reúnen suelo y paredes en una misma familia material, con vetas que cambian según la incidencia de la luz. La referencia a las formas de la Amsterdam School se percibe en la masa del bloque, en sus esquinas marcadas y en la manera en que ocupa el centro sin perder precisión. El baño no se presenta como fondo, sino como una pieza que organiza la habitación a su alrededor.
La ducha a ras de suelo de vidrio abre el conjunto hacia un lado más ligero. La mampara transparente deja ver el mármol desde distintos puntos y evita que el bloque central se cierre por completo. Junto a la piedra aparecen grifería de latón y piezas metálicas de tono cálido, visibles sobre fondos de verde intenso. Ese contraste hace que cada gesto técnico, desde el rociador hasta la mezcla de agua, quede integrado en la lectura del espacio.
También se lee una zona de lavabo doble en la que el mármol y la madera trabajan juntos. El doble lavabo de mármol se apoya sobre frentes de madera que aportan una línea horizontal más seca, menos brillante. Las encimeras, las juntas y los bordes del bloque muestran una ejecución precisa, sin adornos innecesarios. En las vistas más próximas, la piedra revela vetas oscuras y destellos azules, y la grifería de latón remata el plano con una nota discreta.
Lavabos dobles y transiciones en piedra
La composición del baño deja ver cómo se resuelven los encuentros entre materiales. Los cantos del mármol se alinean con la carpintería y con el pavimento, y esa continuidad evita que el espacio se fragmente. La zona de lavabos dobles se percibe como una banda limpia, apoyada por armarios bajos y un frente de madera más cerrado. La mezcla de mármol verde, metal cálido y madera oscura define el carácter del baño sin recurrir a gestos decorativos añadidos.
Una cocina que reúne el interior de casa de campo
La cocina lleva la misma lógica de precisión, pero con una escala pensada para quedarse en el centro de la vida diaria. Inspirada en la primera mitad del siglo XX, se organiza alrededor de una isla de cocina de mármol azul que atrae la mirada desde la entrada. Sobre esa pieza se leen el canto grueso de la piedra, la presencia de la zona de cocción y la relación con las lámparas suspendidas. El bloque funciona como mesa de trabajo y como punto de reunión, sin separar ambas cosas.
La cocina de madera a medida enmarca el resto del programa con frentes oscuros y paños de piedra natural que suben detrás de la zona de trabajo. En vez de ocultar la materialidad, la muestra: el veteado del tablero, el brillo contenido del metal y la textura de las puertas aparecen a corta distancia. La disposición rectangular de los armarios y el plano continuo del sobre permiten leer con claridad dónde termina el almacenamiento y dónde empieza la preparación de alimentos.
La luz entra por varias ventanas y cae sobre el frente de trabajo, donde la piedra natural recoge tonos más fríos. Esa claridad hace visible la profundidad del azul en la isla y el carácter más denso de la madera teñida. Los detalles metálicos se repiten en la zona de cocción y en la suspensión sobre el centro de la estancia, pero siempre como un ajuste más que como un gesto ornamental. El espacio queda abierto, aunque cada plano conserva su peso.
Materiales que conectan cocina y jardín
La cocina se lee también por sus transiciones. Los huecos acristalados de los armarios, la encimera de piedra azul y los frentes de madera crean una secuencia que enlaza con el exterior visible a través de las ventanas. No hay ruptura brusca entre el interior y el paisaje; la propia mesa de trabajo prolonga esa relación mediante materiales sobrios y superficies táctiles. El interior de casa de campo gana así una presencia clara, basada en piedra, vidrio y madera, más que en efectos añadidos.
En varios puntos de la estancia, la carpintería incorpora módulos cerrados y otros más expuestos, como si la cocina alternara almacenaje y exhibición según la necesidad. Esa mezcla aparece de nuevo en la iluminación integrada y en los paños de vidrio, que dejan asomar la profundidad de los armarios. Las piezas no compiten entre sí. El conjunto se sostiene por el contraste entre la masa de la isla, la linealidad de los muebles y la presencia constante de la luz natural.
Detalles que afinan el conjunto
Más allá de las piezas principales, el proyecto se define por sus uniones: el encuentro entre la madera pintada en verde, el latón, el vidrio y el mármol. Los paneles oscuros con textura, las molduras finas y las aberturas entre estancias aportan una lectura muy construida del interior. Incluso los rincones bajo las ventanas, con un banco bajo empotrado, participan de esa lógica. Son pequeños cambios de plano los que hacen que la casa se lea como una sucesión de elementos medidos, no como una suma de objetos sueltos.
Fotografiado por Genaro Sellier, el proyecto deja ver cómo una suite, un baño y una cocina pueden compartir un mismo lenguaje material sin volverse repetitivos. El armario a medida con luz fija el orden; el baño de mármol verde introduce masa y reflejo; la isla de cocina de mármol azul añade una nota más fría y horizontal. Entre esos tres momentos, el interior de casa de campo mantiene una cadencia serena, construida a partir de carpintería, piedra y entradas de luz muy precisas.
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