Renovación de jardín moderna con niveles y privacidad
La renovación de jardín se lee desde el primer paso: una terraza de baldosa cambia a una tarima de madera, y el trazado se adapta a dos niveles con líneas rectas y juntas limpias. La casa y el exterior ya no compiten. El jardín acompaña la reforma con una distribución más clara, donde cada plano tiene una función distinta y la transición entre superficies marca el recorrido.
Terrazas en varios niveles
El desnivel organiza todo el proyecto. En la parte superior, las terrazas amplias dejan huecos para plantaciones en piezas y pequeños vacíos verdes que rompen la superficie mineral. En el nivel inferior, junto al agua, el espacio se reduce y gana recogimiento. Allí aparece el ambiente más reservado del jardín en varios niveles, pensado para quedarse, sentarse y mirar el entorno desde una posición más baja.
Para resolver la base, se apoyaron las plataformas sobre postes tubulares de acero y marcos de madera dura. Esa estructura queda fuera de la lectura cotidiana, pero sostiene la composición visible: pavimento cerámico en unas zonas, piezas de tarima en otras, y un borde nítido entre ambas. El resultado no depende de gestos decorativos, sino de cómo se apilan y encajan los planos.
Una planta que sigue la pendiente
Las jardineras encastradas en el pavimento aportan ritmo a la terraza moderna. No aparecen como añadidos, sino como interrupciones calculadas dentro de la superficie. A medida que el recorrido baja, las proporciones cambian: la zona de estancia se estrecha, la lámina de agua se intuye al fondo y el mobiliario queda más protegido por muros, pantallas y plantación densa.
Madera y baldosa en una misma lectura
La terraza de madera y baldosa define el carácter del conjunto. La cerámica toma la delantera en el área de comedor, donde la cocina exterior negra concentra la escena y las líneas del pavimento orientan la vista. La tarima, en cambio, suaviza la zona de lounge y wellness exterior, con una textura más cálida bajo los asientos y alrededor del acceso a la ducha exterior. Cada material señala un uso distinto sin necesidad de cerrar el espacio.
El contraste entre ambos acabados también sirve para unir. La madera y la baldosa se encuentran en cambios de cota, en bordes rectos y en remates que acompañan la circulación. En lugar de repetir el mismo suelo, el proyecto alterna superficies para que el jardín en varios niveles se lea con claridad. Esa alternancia se percibe especialmente en los detalles: el borde de la tarima, la alineación de las juntas y el encuentro con los paños de piedra.
Piedra, bambú y paneles para ganar privacidad
La privacidad no se resuelve con un único cerramiento, sino con varias capas. Un paño negro de postes protege el respaldo del banco de lounge. Más abajo, el seto de bambú cierra la vista lateral y aporta una franja vegetal densa. Junto a la zona de agua, un muro de piedra natural con revestimiento de piedra marca el perímetro y añade peso visual al nivel inferior. Todo funciona por superposición, no por aislamiento brusco.
La ducha exterior repite el mismo revestimiento de piedra que aparece en la cocina interior, un detalle que enlaza ambos ámbitos sin copiar su uso. Ese eco material se nota también en la pequeña arquitectura de apoyo: una caja de jardín blanca con puertas de madera resuelve el salto entre cotas y forma parte de una gran jardinera que, a la vez, sirve para guardar los cojines del banco. El almacenamiento queda integrado en el perímetro, sin interrumpir la lectura del espacio.
Una zona wellness exterior contenida entre muros
En el nivel inferior, la zona wellness exterior se construye con gestos simples: un muro macizo, la vegetación apretada detrás y una superficie de tarima que invita a detenerse. La referencia a la bañera de hidromasaje aparece como parte de esa estancia privada, no como centro escénico. Lo importante es cómo el conjunto baja el tono: menos apertura, más resguardo, y una secuencia de materiales que cambia cuando el terreno desciende.
La luz completa esa escena sin imponerse. Las luminarias están colocadas para marcar el borde de los muros, tocar el pavimento y dejar que la madera conserve su presencia al caer la tarde. En las imágenes, esa iluminación no decora; guía. Hace legibles las alturas, resalta la textura de la piedra natural y prolonga el uso de la terraza cuando el día empieza a cerrarse.
La cocina exterior y el comedor como punto de anclaje
La cocina exterior organiza la parte más social del jardín. Su frente oscuro contrasta con el pavimento cerámico y fija una línea horizontal clara en el área de comer. Alrededor, las superficies lisas dejan espacio para las sillas y para el tránsito entre la terraza superior y el plano que conduce al lounge. Es una escena más abierta que la del nivel inferior, pero sigue apoyada en la misma lógica de muros, pavimentos y plantación contenida.
Desde ese punto, el conjunto se entiende mejor: la casa marca el arranque, la terraza moderna despliega el uso diario y el jardín en varios niveles desciende hacia un espacio más íntimo. No hay un único material dominante, sino una sucesión de cambios medidos. Piedra, madera, baldosa y vegetación no compiten; se reparten la atención según la actividad de cada zona y la distancia desde la vivienda.
Una renovación de jardín que gana con el detalle
Visto de cerca, el proyecto se apoya en decisiones discretas. El encuentro entre tarima y baldosa está resuelto con precisión; el muro de piedra natural aporta sombra y profundidad; el seto de bambú quiebra la vista sin endurecerla. Visto desde más lejos, lo que permanece es la lectura continua del terreno: una renovación de jardín que ordena el espacio exterior, separa usos y deja que la arquitectura y el paisaje hablen con el mismo ritmo.
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