Jardín rural con piscina integrada en un estanque natural
El agua marca el primer plano: una piscina integrada en un estanque aparece encajada junto a la orilla, con un borde tan cercano al nivel del agua que el conjunto parece flotar. La terraza de madera acompaña ese gesto y deja una franja limpia entre el vaso y la plantación. A pocos metros, el poolhouse con tejado de paja sostiene la escena con su volumen bajo y sus materiales visibles, sin apartar la atención del reflejo y de la línea del agua.
Un jardín rural que empezó como un prado vacío
Hace apenas 3,5 años, este lugar era un prado desnudo. La transformación se trabajó desde una fase temprana dentro del equipo de obra, con una idea clara: un jardín rural con estanque que se abriera hacia el entorno natural del fondo. Esa intención se lee hoy en la relación entre las piezas del proyecto. No hay cortes bruscos entre césped, bordes vegetales y agua; el recorrido pasa de una zona a otra con cambios de textura, de altura y de luz. La presencia de flores, árboles y superficies de césped da al conjunto una escala doméstica y a la vez amplia.
La piscina integrada en un estanque no se presenta como un objeto aislado. Su geometría recta contrasta con la orilla irregular y con la vegetación que envuelve el borde. Desde ciertos ángulos, el agua del estanque refleja los árboles y desdibuja la transición entre lo construido y lo natural. Ese efecto flotante no depende de un gesto espectacular, sino de la forma en que el vaso se apoya en la lámina de agua y en la manera en que la terraza se recorta en torno a él. El resultado es una pieza central que se entiende mejor cuando se mira junto al resto del terreno.
El poolhouse con tejado de paja y madera como apoyo del conjunto
Junto al agua aparece el poolhouse con tejado de paja, un volumen que introduce sombra, protección y una referencia material clara. La cubierta de paja suaviza la línea superior, mientras la madera y la piedra aportan peso visual a la base. En las imágenes se perciben también detalles de fábrica de piedra y elementos de madera bajo la cubierta, además de aperturas que conectan con la terraza exterior. No domina el jardín; lo acompaña y le da un punto de anclaje, especialmente cuando la vista recorre la secuencia entre edificio, borde duro y superficie de agua.
Ese mismo lenguaje material se repite en pequeños tramos del proyecto. La madera aparece en la plataforma junto al agua, en pasarelas y en remates de borde. La piedra, por su parte, introduce una nota más sólida en algunos paños del edificio y en elementos cercanos al acceso a la zona de piscina. Son piezas que trabajan con precisión más que con abundancia. El paisajismo con agua se apoya en ellas para construir un recorrido legible, donde cada cambio de material señala una transición distinta: del césped al borde, del borde a la terraza y de la terraza al estanque.
Terraza junto al estanque y borde de agua
La terraza junto al estanque se sitúa muy cerca del nivel del agua, casi como una prolongación del espejo. En algunos encuadres, las tablas se leen como una línea horizontal que separa el jardín de la lámina reflejante. En otros, la terraza funciona como lugar de paso y como estancia breve, con sillas, piezas de sombra y un borde que mira hacia la piscina. La relación entre plataforma y agua es directa: no hay un gran desnivel, sino una secuencia contenida que permite ver el estanque desde muy cerca.
Los bordes del agua están tratados con una mezcla de dureza y vegetación. La línea recta de la piscina encuentra alrededor una franja más orgánica, donde la plantación de orilla se apoya en grupos de gramíneas, flores y arbustos bajos. Esa capa vegetal evita que la intervención parezca aislada en el terreno. También introduce un ritmo cambiante a lo largo del año, algo que la descripción original ya señalaba con claridad: aquí las estaciones tienen su lugar, y el jardín se entiende como un espacio en movimiento, no como una imagen fija.
Plantación, reflejos y vida alrededor del agua
Los árboles grandes y los macizos floridos atraen aves y enmarcan la vista con distintas alturas. El jardín rural con estanque se apoya precisamente en esa mezcla de capas: copa de árbol, masa vegetal, borde de agua y pradera abierta. En las fotografías, los reflejos multiplican la presencia de los troncos y del tejado de paja, de modo que el estanque no solo contiene agua, sino también el paisaje que lo rodea. Al atardecer, la luz baja vuelve más visibles esas superficies y resalta el dibujo de la orilla.
El conjunto dialoga con una vida de campo que se menciona en el propio proyecto: caballos, ovejas y gallinas alrededor de la granja. Esa referencia no se fuerza en una imagen pastoral, sino que se deja sentir en la amplitud del terreno y en la manera en que la vegetación deja respirar el espacio. El jardín no encierra la parcela; la abre hacia el paisaje posterior y hacia el uso cotidiano del entorno. La piscina integrada en un estanque funciona entonces como una pieza más dentro de ese escenario, conectada con el agua, pero también con el césped y con las áreas de plantación.
Vistas amplias de la composición del jardín
Las tomas más abiertas ayudan a leer la composición completa. Desde arriba se aprecia la relación entre el vaso rectangular de la piscina, la lámina del estanque, el poolhouse con tejado de paja y las franjas verdes que ocupan el perímetro. No se trata de una secuencia cerrada, sino de un territorio articulado por recorridos cortos, cambios de nivel suaves y zonas de estancia al borde del agua. La lectura general es clara: la piscina flotante en estanque no se impone sobre el terreno, sino que se integra en él mediante proporciones contenidas y materiales reconocibles.
En otras imágenes, el césped ocupa el centro de la composición y deja que los bordes vegetales respiren alrededor. Esa apertura permite que el agua cobre aún más peso visual. El terreno, que antes era un prado vacío, ahora se organiza por capas: pradera, plantación, terraza, lámina de agua y edificio. Cada capa tiene una función espacial distinta. Juntas, construyen un jardín rural con estanque donde la vista cambia a cada paso y donde el gesto principal —una piscina integrada en un estanque— se entiende tanto desde la distancia como desde el borde mismo del agua.
La fuerza del proyecto está en esa relación entre control y naturalidad aparente. La geometría de la piscina, el techo de paja del poolhouse, la madera de la terraza y la plantación de orilla no compiten entre sí. Se van respondiendo a lo largo del recorrido. Por eso el lugar se lee como una pieza de paisajismo con agua, pero también como un jardín vivido, atravesado por sombras, reflejos y vistas largas hacia el entorno natural que queda al fondo.
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