Piscina de hormigón a desbordamiento en el jardín
La línea del agua queda al mismo nivel que el borde de hormigón y eso es lo primero que se lee en la escena. La piscina de hormigón a desbordamiento se presenta como una pieza sobria, encajada en un jardín donde el trazado recto del vaso contrasta con los volúmenes redondeados de los arbustos recortados. El borde recupera piezas de piedra azul y marca una transición precisa entre el agua, la terraza y la zona verde.
El borde como parte del dibujo
Más que rematar el vaso, el detalle del borde de la piscina organiza toda la composición. Los bordillos recuperados introducen una lectura más material que decorativa: se ven como piezas con memoria, colocadas para definir la coronación del hormigón y contener la lámina de agua. La piedra azul en bordillo aporta un cambio de tono sutil frente al gris del hormigón, sin interrumpir la continuidad visual del conjunto. Esa diferencia de textura se aprecia de inmediato en el encuentro entre agua y contorno.
La piscina de hormigón a desbordamiento funciona aquí casi como una línea trazada en el jardín. El agua se aproxima al canto y refuerza la sensación de precisión en el perímetro. No hay gestos superfluos alrededor del vaso. El interés está en cómo se resuelve el límite, en la unión entre la masa de hormigón y la pieza de piedra recuperada. Es un acabado que se entiende por su sección, por la altura del borde y por la manera en que el reflejo del agua acompaña la arista.
Una terraza de piedra junto al vaso
Junto a la piscina aparece una terraza de piedra junto a la piscina formada por piezas grandes, de formato amplio y juntas discretas. Ese pavimento recoge la luz y sirve de base neutra para leer el vaso con claridad. La superficie mineral prolonga el borde sin competir con él, y deja una franja suficiente para moverse alrededor del agua. En el plano visual, la terraza actúa como una pausa entre el hormigón y la vegetación.
También se percibe la convivencia de materiales en el suelo: hormigón visto, losas de piedra natural y algunos registros de ladrillo en el entorno más próximo. Esa combinación no busca contraste llamativo, sino una secuencia de acabados que sostienen el conjunto. La piscina de hormigón a desbordamiento gana presencia precisamente porque el resto se mantiene en un registro contenido. El pavimento no se impone; acompaña el vaso y deja que el borde recuperado sea el verdadero cambio de ritmo.
Piedra azul y piezas recuperadas
Los bordillos recuperados dan al perímetro una lectura más densa. No aparecen como un añadido nuevo, sino como un material reutilizado que se integra en el borde y hace visible el espesor de la coronación. La piedra azul en bordillo tiene una presencia clara por su color y por la forma en que delimita el encuentro con el agua. Esa pieza, al ser recuperada, introduce una variación de tono y una huella material que se aprecia en primer plano.
El acabado no recurre a perfiles llamativos ni a soluciones ocultas. Todo se resuelve a través de la piedra, el hormigón y la línea del agua. En una piscina de hormigón a desbordamiento, ese tipo de detalle define la lectura completa del proyecto: dónde termina el vaso, cómo se apoya la terraza y qué material recibe la mano al borde. La imagen deja ver esa secuencia con claridad, casi como si el perímetro estuviera dibujado por capas.
Setos recortados alrededor del agua
Al fondo y en los laterales, los setos recortados y los arbustos redondeados enmarcan la escena con un perfil bajo y controlado. No hay una masa vegetal desbordada, sino una vegetación podada que deja respirar el perímetro de la piscina. Las curvas de esos volúmenes suavizan la geometría del vaso y hacen que la línea recta del hormigón se lea todavía mejor. El jardín no compite con el agua; la subraya.
La presencia de un parasol en el entorno inmediato refuerza la idea de uso cotidiano, pero sin alterar la sobriedad del conjunto. Lo que domina sigue siendo el encuentro entre el borde, la terraza y la masa verde recortada. La piscina de hormigón a desbordamiento queda así integrada en una composición de patio interior donde el control de los contornos importa tanto como los materiales. Cada elemento ocupa su lugar y deja espacio para el reflejo.
Una composición contenida de hormigón, piedra y verde
Visto en conjunto, el proyecto se apoya en tres piezas visibles: el vaso de hormigón, la piedra azul recuperada y la terraza mineral que lo rodea. Esa suma basta para construir la escena. La luz resbala sobre el agua y encuentra después la superficie mate de la piedra natural, mientras la vegetación recortada cierra el fondo. La secuencia es breve, pero precisa, y por eso la piscina de hormigón a desbordamiento conserva tanta presencia en un espacio reducido.
La colaboración con una designpartij se menciona en la información del proyecto, aunque en la imagen el protagonismo sigue siendo material. Se entiende más por la forma de encajar bordes, pavimento y plantación que por cualquier gesto expresivo. El resultado es una pieza de jardín donde el detalle del borde de la piscina, los bordillos recuperados y la piedra azul en bordillo definen la atmósfera visual. Nada sobra. El agua, la piedra y el verde recortado bastan para fijar el carácter del lugar.
En esa relación entre el borde y el plano horizontal, la piscina de hormigón a desbordamiento encuentra su punto más claro. La terraza de piedra junto a la piscina no intenta destacar, pero sí amplía la lectura del vaso y del recorrido perimetral. Los setos recortados cierran la composición como un telón bajo, y el resultado queda más cerca de una escena de patio ordenado que de un jardín expansivo. Es un proyecto que se entiende desde la proximidad: por cómo toca el agua, por cómo se apoya la piedra y por cómo se recorta la vegetación.
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