Villa mediterránea con piscina y terraza cubierta
El agua turquesa dibuja una curva suave junto a la terraza de tonos beige. Esa línea redondeada marca el ritmo de la villa mediterránea con piscina: piedra natural en los muros, palmeras alrededor del vaso y un borde que se aparta de la geometría rígida para abrir paso a un jardín más sereno. Desde la imagen, la escena se lee por capas: suelo de baldosa, masa vegetal baja y una arquitectura que alterna superficies claras con texturas más pesadas.
Una piscina de formas redondeadas entre piedra y palmeras
La piscina no se presenta como un rectángulo cerrado, sino como una pieza de contorno orgánico. El agua, de azul claro, refuerza esa sensación de movimiento y contrasta con el pavimento de piedra o baldosa que la rodea. A un lado aparecen tumbonas alineadas frente al borde; al otro, palmeras y arbustos de copa redonda completan una composición muy mediterránea. La villa mediterránea con piscina encuentra aquí su imagen más directa: una zona exterior donde la curva del vaso suaviza la dureza de la obra.
En otra vista, el perímetro exterior se amplía con muros de piedra natural y cubiertas de teja rojiza. No hay ornamento sobrante. La fuerza del conjunto está en la combinación de materiales: el muro denso, la junta visible, el suelo de piezas claras y el reflejo del sol sobre la lámina de agua. Esa mezcla de piedra y cerámica da peso a la escena y evita que la zona de baño quede aislada del resto de la casa.
Loggia y patio cubiertos con vigas de madera
La zona cubierta funciona como prolongación del exterior, pero con una sombra más contenida. Las vigas de madera quedan a la vista bajo la cubierta y se apoyan en pilares de piedra natural, una relación material que vuelve legible la estructura. Debajo, un rincón de estar reúne cojines claros, asientos bajos y una mesa sencilla. La villa mediterránea con piscina gana profundidad con este patio: primero la sombra, luego la abertura hacia el jardín y, al fondo, el agua.
En la zona de comedor exterior tipo loggia, la mesa se coloca bajo la misma estructura y queda protegida por la secuencia de columnas y travesaños. Se ve como un espacio de uso diario, no como una pieza aparte. La presencia de bancos y sillas bajo la cubierta, junto con el horizonte del jardín y el borde del estanque, hace que esta estancia exterior tenga una lectura doméstica clara. La madera del techo y la piedra de apoyo fijan el lugar; el mobiliario solo termina de activarlo.
Una entrada de piedra natural con arco
El paso exterior cambia de escala cuando aparece el arco de piedra natural. La abertura curva, maciza y ligeramente ceremonial, enmarca el acceso como si fuera una transición entre la calle interior del conjunto y la parte más privada de la parcela. El suelo sigue en losas claras y en el encuentro inferior se aprecia el cuidado por el drenaje y la continuidad del pavimento. Ese gesto arqueado introduce un lenguaje distinto al del agua: más compacto, más mineral, pero igual de presente en la identidad de la vivienda.
La piedra no se limita al arco. También aparece en paños de muro y en elementos de soporte, donde la textura se percibe por la irregularidad de las juntas y por la sombra que queda atrapada entre piezas. Frente a superficies blancas o lisas, estos planos aportan densidad visual. La villa mediterránea con piscina se define así por contraste: aberturas suaves, muros pesados, y una relación constante entre el vacío del paso y la masa de la obra.
Un salón moderno y luminoso frente a grandes ventanales
Dentro, la luz entra con fuerza por paños acristalados de gran tamaño y deja ver un salón de base clara. La composición es sobria: un sofá esquinero junto a la chimenea, alfombras en tonos suaves y un techo con pequeños focos empotrados que ordenan la estancia sin imponerse. En una segunda imagen, varias zonas de asiento se agrupan alrededor de una mesa baja, mientras las cortinas suavizan el borde de los ventanales. El resultado es un salón moderno y luminoso que se apoya más en la apertura que en el mobiliario.
La chimenea aparece como un plano estable dentro de ese interior sereno. No compite con la luz; la acompaña. El sofá en esquina aprovecha la longitud del muro y deja libre el recorrido hacia las aberturas. Se percibe una planta pensada para mirar fuera, con el jardín entrando en el interior a través de los reflejos del vidrio y de la continuidad visual con la vegetación. En esta casa, el salón no se cierra sobre sí mismo: se apoya en el exterior y lo deja formar parte de la escena.
Comedor con lámparas colgantes y una pared blanca limpia
La mesa del comedor queda definida por tres lámparas colgantes de vidrio y por un conjunto de sillas oscuras que dibujan un contraste preciso sobre la madera. Al fondo, una pared blanca recibe una obra de gran formato y mantiene el espacio despejado. Esa combinación de lámparas suspendidas, asiento tapizado y mesa alargada introduce un ritmo más íntimo que el del salón, aunque sigue conectado con la misma claridad cromática. El comedor actúa como un punto de pausa entre la cocina y la zona de estar.
Las lámparas no decoran por sí solas; bajan la escala del techo y fijan la mesa en el centro de la composición. La obra en pared aporta una superficie visual amplia, pero no compite con los materiales cercanos. Todo se apoya en una paleta corta: blanco, madera, negro y vidrio. Así, el interior mantiene una lectura limpia sin perder matiz, y el comedor aparece como una estancia pensada para ser vista desde distintos ángulos de la vivienda.
Cocina con armarios blancos y marcos oscuros
La cocina sigue la misma línea de claridad, aunque aquí la precisión pasa por los frentes blancos y los marcos oscuros de ventanas y puertas. Los armarios llegan hasta la pared y las luminarias empotradas dejan el plano superior casi sin ruido visual. En una de las vistas se aprecia la zona de trabajo con el fregadero bajo la ventana, una posición que aprovecha la luz natural y ordena el uso del paño principal. La cocina con armarios blancos y marcos oscuros se lee como una pieza contenida, sin gestos excesivos.
El contraste entre el blanco de los muebles y el perfil oscuro del cerramiento da profundidad al espacio. No se trata solo de una cocina lisa, sino de una estancia que utiliza el borde del hueco para enmarcar la tarea. El plano de trabajo, la grifería visible y la continuidad de los módulos hacen que cada elemento tenga un papel claro. Frente a las texturas exteriores de piedra, aquí domina la superficie cerrada, pulida y lineal.
Vista en conjunto, la casa alterna tres registros que se responden entre sí: la piscina de formas redondeadas, los espacios cubiertos con vigas de madera y la secuencia interior de salón, comedor y cocina. La piedra natural une varias escenas; la luz, en cambio, cambia de intensidad según el lugar. De la terraza abierta al patio bajo cubierta, y de allí al interior acristalado, la villa mediterránea con piscina construye su interés en esos cambios de paso, material y sombra.
Want to see more of De Appelboom? View the page of De Appelboom for even more great projects and company information.







