Interior de penthouse con grandes ventanales y detalles a medida
La luz entra sin filtro por los ventanales de suelo a techo y recorre un interior de penthouse repartido en dos niveles. Desde el salón, la vista queda siempre presente: no como fondo decorativo, sino como parte de la estancia. Esa relación entre apertura y recogimiento marca todo el proyecto. Los tonos marrones, más oscuros en algunas superficies, no apagan el espacio; lo sostienen y hacen que el vidrio, el suelo y los muebles pesen visualmente con más claridad.
Un salón con grandes ventanales y una línea visual larga
El salón con grandes ventanales organiza la vida en la planta superior. Los paños acristalados abren la estancia de lado a lado y dejan que el mobiliario se lea con precisión: una zona de estar centrada, alfombra amplia, butacas en tonos bronce y una pared resuelta con piezas hechas a medida. La televisión queda integrada en un mueble de pared a medida con nichos abiertos, de modo que el frente no se interrumpe con elementos sueltos. Todo avanza en horizontal, desde la carpintería hasta la línea de visión hacia fuera.
La decisión de vivir arriba se entiende enseguida. En esa planta, el penthouse se vuelve más abierto y más expuesto al paisaje; abajo, el recorrido cambia de ritmo. La luz que entra por los ventanales obliga a trabajar con una paleta marrón oscura que tenga presencia sin cerrar el espacio. Por eso los materiales se apoyan unos a otros: madera, vidrio y metal aparecen en capas breves, con contraste suficiente para que cada plano tenga borde y profundidad.
Cocina con isla, frentes oscuros y luz suspendida
La cocina con isla ocupa el centro visual de la zona de día. El volumen principal se compone de una pared de armarios altos, módulos empotrados y una superficie de trabajo que se extiende como una pieza continua. Frente a ella, la isla ordena la circulación y aporta una segunda banda de uso. Las lámparas colgantes marcan ese eje con una luz más baja, mientras el resto de la estancia recibe iluminación puntual desde el techo. El resultado es una cocina que no compite con los ventanales, pero sí fija el interior con una presencia precisa.
En las imágenes, los frentes alternan zonas más claras y otras más oscuras, lo que refuerza la lectura del plano sin recurrir a ornamento. La mesa cercana prolonga el uso cotidiano hacia el comedor y ayuda a conectar la cocina con el resto del apartamento. El proyecto recurre aquí al interior a medida de forma muy visible: cada armario, cada nicho y cada encuentro de material parece pensado para sostener la composición, no para llenarla.
Carpintería a medida que ordena la estancia
El mueble de televisión, las hornacinas y las superficies paneladas convierten la pared en una pieza de fondo activa. No sirve solo para guardar; también enmarca la zona de estar y recoge los objetos pequeños para que la habitación mantenga una lectura limpia. Ese mismo criterio aparece en el paso hacia otras áreas, donde la carpintería acompaña la circulación con paneles oscuros y tramos de vidrio. La casa no se apoya en gestos aislados, sino en una serie de remates que repiten el mismo lenguaje.
En un punto de transición, la barandilla de vidrio deja pasar la vista y evita que la planta se cierre sobre sí misma. El suelo sigue una dirección continua y ayuda a unir salón, cocina y distribuidores. La sensación es la de un penthouse de dos niveles donde cada cambio de estancia está medido por la materia: madera en los frentes, vidrio en los límites y superficies lisas en los planos principales.
La planta más baja reserva la parte tranquila
Abajo, el ambiente se vuelve más recogido. La secuencia de baño, ducha y descanso pertenece a una zona donde el ruido visual disminuye. No hay exceso de elementos ni cambios bruscos; el proyecto recurre a superficies amplias y a una luz más controlada. Desde aquí también se relaciona el exterior privado del dakterras, mencionado en la propuesta original, como una extensión para empezar o terminar el día con otra cadencia. La organización de usos hace que el apartamento se lea en dos registros: uno abierto y otro íntimo.
En el baño, las piezas cerámicas de gran formato acercan la estancia a un baño efecto piedra. Las juntas se reducen y la textura gana protagonismo en las paredes. Una mampara de ducha de vidrio con perfiles oscuros separa sin cerrar, dejando que la luz atraviese el espacio. El lavabo, con forma redondeada y luz indirecta en la base, suaviza la geometría más recta del resto del conjunto. Son cambios pequeños, pero suficientes para que el baño tenga lectura propia dentro del recorrido.
Vidrio, perfiles oscuros y superficies minerales
La ducha no se resuelve como un volumen pesado, sino como una división ligera. El vidrio deja ver el espesor de las baldosas y la continuidad del pavimento, mientras los perfiles negros subrayan el perímetro. Esa misma combinación aparece en otras zonas del proyecto, donde el metal y el cristal sirven para dibujar los límites en lugar de esconderlos. En un interno con tanta entrada de luz, esa decisión resulta especialmente clara: las divisiones se leen, pero no bloquean.
Las paredes del baño y de los recorridos privados incorporan planos de textura más marcada, con un efecto pétreo que contrasta con los elementos lisos. El proyecto no busca un acabado neutro, sino una secuencia de materiales que se distingan entre sí. Por eso la paleta marrón oscura convive con grises, blancos rotos y acentos de color en piezas puntuales. El conjunto sigue siendo sobrio, pero no plano.
El distribuidor como pieza de luz y paso
El distribuidor y la planta de conexión entre niveles se organizan con paneles oscuros, vidrio y una iluminación que cae desde arriba. La escalera y la barandilla abren una vista longitudinal que une las distintas zonas sin perder referencias. En esa transición se percibe bien el carácter del proyecto: no hay una única sala protagonista, sino varios momentos encadenados por la misma carpintería y por la misma atención al detalle. Incluso el paso entre estancias se convierte en una parte legible del interior.
Los elementos de almacenaje se integran en muros y franjas continuas, de manera que el espacio útil queda distribuido sin fragmentar el recorrido. La combinación de vidrio, madera y luz indirecta vuelve a aparecer aquí con un objetivo práctico: ordenar el paso y mantener la profundidad visual. Ese es el hilo que sostiene todo el interior de penthouse: grandes superficies abiertas, piezas hechas a medida y una elección de color que responde a la intensidad de la luz natural.
Interiores: B-TOO | Marlou Verbeek
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