Villa moderna con vistas al bosque
La luz entra de lado y recorre la madera oscura antes de abrirse hacia el verde. En esta villa moderna con vistas al bosque, la relación entre interior y entorno no se resuelve con un gesto único, sino con varias aperturas: un ventanal de doble altura en la zona de estar, un vacío que organiza la planta superior y superficies de madera que enmarcan las circulaciones. El resultado es una casa de lujo pensada para vivir con calma, con espacios amplios y una lectura clara de cada recorrido.
Un salón de doble altura que dirige la mirada
El salón de doble altura concentra buena parte de la escena interior. El gran paño acristalado junto a la vide deja ver los árboles en toda su altura y sitúa la vegetación como parte del mobiliario visual de la estancia. No se trata solo de abrir la casa al paisaje, sino de introducirlo en el eje de la vida diaria. En la planta superior, dos puestos de trabajo domésticos se colocan junto al vacío, de modo que el bosque y la piscina siguen presentes incluso cuando la actividad se desplaza a la zona de estudio.
Ese vacío también ordena el resto de la estancia. La altura extra da aire a los techos blancos, mientras la luz cae sobre los planos lisos y los encuentros entre muro, vidrio y carpintería. La sala mantiene una escala generosa, pero no pierde lectura doméstica: el sofá, la alfombra y la línea baja del mobiliario fijan el uso del espacio. Todo queda a la vista, con una transición directa entre la zona de estar, la circulación vertical y el paisaje exterior.
La planta abierta gira en torno a una isla de siete metros
En la planta baja, el espacio abierto se organiza alrededor de una cocina con isla grande de siete metros y una mesa de comedor amplia que ocupa el centro de la composición. La isla no actúa como un elemento aislado, sino como una pieza de trabajo y reunión que marca la distancia entre cocinar, servir y permanecer. La vista avanza sin interrupciones desde la cocina hacia el salón, apoyada por grandes ventanales que mantienen el bosque siempre al fondo.
Frente a esa apertura, una pared de roble oscuro concentra varias funciones. La puerta del ascensor, la escalera, el vestidor, la pared de la cocina, el trastero y el garaje quedan integrados en ese plano continuo, que absorbe el programa técnico y deja la estancia principal más limpia. El gesto es sencillo y eficaz: un volumen de madera reúne lo necesario sin competir con la mesa ni con la isla. La multimediaroom puede cerrarse con una gran corredera, de modo que el espacio se transforma según el uso sin romper la lectura general del espacio abierto.
Madera oscura para ocultar lo funcional
La pared de roble trabaja casi como una pieza de carpintería a escala de casa. Su tono oscuro contrasta con los muros blancos y con el brillo de los cerramientos, y permite que puertas, almacenaje y accesos se retiren del campo visual. Esa decisión aligera el día a día: los elementos más prácticos no invaden la estancia principal y la cocina conserva una presencia serena, apoyada en líneas rectas, superficies continuas y un uso muy controlado del contraste.
Despachos junto al vacío y vistas cruzadas
La planta superior no se limita a mirar hacia abajo. Los dos despachos colocados junto al vacío mantienen la conexión con el bosque y con la piscina, de manera que trabajar allí implica conservar la misma orientación visual que en la sala. La barandilla desaparece casi en favor de la percepción de altura, y el recorrido entre estancias se vuelve más ligero. La vide no es un vacío decorativo; es una pieza que regula la distancia entre niveles y reparte la luz en la casa.
Las aperturas de gran formato refuerzan esa lectura cruzada. En algunos momentos se ve el tronco de los árboles en toda su altura; en otros, el verde aparece filtrado por los marcos y por la estructura de la vivienda. Esa sucesión de vistas construye una villa moderna con vistas al bosque que no depende de un único punto de observación, sino de varias pausas visuales repartidas por la casa.
Una zona de bienestar en la planta inferior
El sótano cambia el ritmo. Aquí, la casa de lujo se repliega alrededor de un núcleo central fijo, descrito como box in box, y organiza a su alrededor funciones de descanso y actividad. La sala de fitness conecta con el espacio de relax del área wellness, mientras la zona de billar se prolonga hacia un taller para manualidades y dibujo. La combinación es doméstica y precisa: cada uso tiene su propio sitio, pero todos comparten una misma lógica espacial.
Entre las duchas de vapor y la sauna, una pared de vidrio añade profundidad y deja ver cómo la luz se reparte en la estancia. Ese recurso evita que el sótano quede cerrado sobre sí mismo. También aquí aparece una vide que permite la entrada del sol, algo poco habitual en una planta enterrada y, sin embargo, decisivo para que el espacio no dependa solo de iluminación artificial. La zona de bienestar se entiende así como una extensión real de la vivienda, no como un apéndice separado.
Vidrio, agua y luz en un mismo nivel
En las imágenes, el lenguaje del bienestar se apoya en azulejos rectos, una ducha acristalada y superficies de madera que enmarcan los huecos. El conjunto remite más a una secuencia de materiales que a una sala cerrada. La transparencia entre áreas, la geometría limpia del mobiliario y la presencia de un baño con bañera y espejo amplio refuerzan la idea de una planta inferior pensada para usos largos, no solo para visitas puntuales.
Materiales que ordenan la casa sin alzar la voz
El exterior introduce el tono general con volúmenes nítidos, revoque claro y listones de madera que dan ritmo a la fachada y a las zonas de paso. Al caer la tarde, la iluminación rasante destaca las lamas verticales y marca la profundidad de los voladizos. Ese lenguaje continúa dentro, donde los paramentos blancos, los paños oscuros y los reflejos del vidrio construyen una villa energéticamente eficiente en su planteamiento, sin recurrir a gestos técnicos visibles ni a una retórica de máquina.
La selección de acabados refuerza esa lectura sobria: madera, vidrio, piedra o porcelánico en los pavimentos, y carpinterías que enmarcan vistas más que objetos. La casa no acumula recursos; los distribuye con precisión. De la escalera a la isla de cocina, del despacho junto al vacío al espacio wellness, todo depende de la misma idea de continuidad visual y uso claro de los materiales. Por eso esta villa moderna con vistas al bosque se recuerda menos por un efecto puntual que por la manera en que cada nivel abre una relación distinta con la luz y el entorno.
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