Rehabilitación de vivienda con fachada de lamas de madera y flujo interior-exterior
Las lamas de madera verticales marcan el primer plano, pero no trabajan solas. Detrás aparece el vidrio, y entre ambos se lee una secuencia de sombra, reflejo y profundidad que deja pasar la luz sin perder espesor. Ese gesto resume bien la fachada de lamas de madera: un filtro que ordena la mirada y sitúa la casa entre la terraza, el interior y el entorno inmediato.
Una renovación nacida de la vista
La vivienda se compró pensando en el horizonte y en una adaptación futura. La base era una bungalow de 1968 con varias carencias, así que la intervención no se limitó a actualizar acabados. El proyecto replanteó la casa desde su relación con el paisaje, abriendo los espacios principales hacia el exterior y apoyándose en líneas de luz y vistas para que cada estancia mantuviera contacto visual con lo que la rodea. La reforma buscó que el conjunto funcionara mejor que la construcción original.
En planta, la organización se lee a través de huecos altos, deslizamientos ocultos y pasos directos entre estancias. Las correderas desaparecen en los paramentos, y esa desaparición tiene un efecto claro: las superficies no interrumpen el recorrido. El flujo interior exterior aparece en la manera en que los materiales continúan de un lado a otro y en cómo la terraza se entiende como una extensión de las piezas habitadas, no como un añadido posterior.
Materiales naturales que cruzan el umbral
La elección de materiales naturales da unidad a las distintas partes de la obra. La madera de afromosia aparece como revestimiento y también en el borde superior de la terraza de sol, donde se contrapone al enlucido blanco y al remate de aluminio claro. La pared de ladrillo, pegada en aparejo irregular, vuelve a salir en el muro del jardín y en el interior, de modo que la textura no queda reservada a una sola zona de la vivienda. Esa repetición refuerza la continuidad entre dentro y fuera sin recurrir a efectos decorativos.
La misma lógica alcanza al mobiliario. El interior a medida no se limita a resolver almacenaje: define proporciones y acompaña el recorrido de las estancias. Los armarios del estar siguen la secuencia numérica de Fibonacci, una decisión que se percibe en la cadencia de los frentes y en la longitud de los módulos. El resultado es preciso, pero lo importante está en cómo esos elementos se integran en la lectura general de la casa, junto a los pavimentos, los muros y las aperturas.
Una casa pensada como recorrido continuo
Desde el interior, las vistas se abren sobre un paisaje amplio y cambiante. Los grandes paños acristalados elevan la línea de visión y dejan que la vegetación y el cielo entren en la casa a través de reflejos, sombras y transparencias. No se trata solo de ver hacia fuera: la arquitectura coloca la luz en movimiento, la hace recorrer techos, carpinterías y superficies blancas, y con eso cambia la forma en que se lee cada estancia durante el día.
La idea de interior-exterior se repite también en la forma de trabajar los detalles. Los materiales del interior continúan hacia el exterior, y el pavimento del umbral se entiende como parte del mismo sistema visual. La imagen de las lamas de madera, el vidrio y la losa oscura de la terraza muestra ese cruce con claridad. La casa no corta entre un ámbito y otro; los enlaza por capas, por alineaciones y por cambios de profundidad.
Luz, sombra y un borde muy medido
En la parte visible de la fachada, la madera vertical no actúa como un simple cierre. Filtra la vista, protege del sol y deja entrever la carpintería de vidrio situada detrás. Ese espesor intermedio ayuda a controlar la lectura de la vivienda desde el exterior y, al mismo tiempo, marca una transición suave entre la terraza y el interior. La protección solar exterior forma parte del dibujo general, no como accesorio técnico, sino como una pieza que se integra en el ritmo de la fachada de lamas de madera.
La textura de la madera se percibe mejor cuando la luz la toca lateralmente. Entonces aparecen las juntas, la dirección de las vetas y la profundidad mínima entre listones. Frente a esa superficie, el vidrio ofrece otra temperatura visual: refleja el entorno y deja ver el espacio interior con una cierta reserva. La combinación de ambas capas da al frente una lectura precisa, sobria y muy construida.
La parte existente y la ampliación ligera
La planta baja ya existía y se había resuelto con construcción tradicional. Encima se añadió una estructura de madera, elegida para no cargar en exceso el soporte original. Esa decisión técnica se percibe en la ligereza de la parte superior, en la forma en que el volumen se apoya sobre la base y en el uso de acabados cálidos en la envolvente. El ladrillo pegado en aparejo irregular y la madera de afromosia ayudan a leer la intervención como una suma controlada de piezas, no como una sustitución brusca.
El exterior del suelo, el alero blanco y el borde de aluminio clarifican aún más el encuentro entre materiales. No hay un exceso de recursos, sino pocos elementos puestos en su sitio. Esa contención permite que el contraste entre la madera, el blanco y el ladrillo tenga más peso visual. El proyecto encuentra ahí una de sus claves: repetir materiales en puntos distintos de la casa para que la renovación se entienda como un todo construido paso a paso.
Tecnología discreta para una vivienda actual
La actualización técnica acompaña la reforma sin ocupar el primer plano. La vivienda cuenta con ventilación sistema D, bomba de calor, suelo radiante, protección solar exterior, aspiración centralizada y domótica. Todos esos sistemas quedan detrás de una imagen que sigue apoyándose en la materia y en la luz, pero explican cómo la casa funciona hoy. La instalación se integra con el resto de la obra y no interfiere en la lectura de los planos, los huecos y las superficies continuas.
La iluminación también se resolvió de forma específica. Como no había un fabricante que ofreciera equipos adecuados para una misma canal continua interior y exterior, el sistema se diseñó junto a un contratista especializado. Ese dato dice mucho del proyecto: cuando una pieza no existe, se dibuja. Y cuando se dibuja, pasa a formar parte del lenguaje general de la casa, igual que el mobiliario a medida, la madera de afromosia o el ladrillo en aparejo irregular.
Vista desde cerca, la casa se define por decisiones concretas: una loma de madera que tamiza, un vidrio que deja ver, una terraza oscura que prolonga la estancia y una serie de recorridos que mantienen el contacto con el paisaje. La rehabilitación no busca un efecto inmediato; construye una relación persistente entre estructura, luz y uso cotidiano. Ahí está su interés, en la manera en que cada pieza sigue hablando con la siguiente.
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