Casa de vacaciones única con paredes de vidrio plegables hacia la terraza
La luz entra sin obstáculos en la planta baja y se desliza sobre la madera del techo, las juntas oscuras y el suelo claro. En el centro de esa escena aparece la casa de vacaciones con paredes de vidrio plegables, pensada para encuadrar las vistas y abrir la cocina con salón hacia dos terrazas enfrentadas. Cuando los paños se despliegan, el interior gana profundidad y la línea entre dentro y fuera se lee casi como un paso continuo sobre la vivienda.
Una apertura que prolonga la cocina hacia el exterior
Las paredes de vidrio plegables ocupan un lugar visible en la cocina abierta con salón de la planta baja. No actúan como un cierre convencional, sino como un umbral amplio entre el mobiliario fijo, la encimera y las superficies exteriores. La cocina se percibe extendida hacia las terrazas, y esa lectura se refuerza por la repetición de los huecos rectangulares y por el frente transparente que deja pasar la luz del jardín. La conexión interior exterior se entiende aquí desde la planta, no desde un gesto decorativo.
Los paneles se abren según el principio de armónica y se recogen con orden en el lado derecho. Ese movimiento deja libre una franja ancha y hace visible la relación entre las dos terrazas que se sitúan frente a frente. Desde dentro, el recorrido recuerda una pasarela visual: la estancia principal no termina en el vidrio, sino que continúa en las plataformas exteriores y en el vacío que queda entre ellas. La cocina abierta con salón y vistas encuentra así un borde móvil.
Perfiles finos para dejar pasar más luz
Incluso con las hojas cerradas, el borde de vidrio no pesa sobre el interior. Los perfiles son especialmente delgados y permiten que la cocina reciba abundante luz natural durante el día. En las fotos, esa claridad cae sobre la madera del techo y sobre las superficies blancas y oscuras de la carpintería, haciendo que el espacio se lea más largo de lo que es. No hace falta abrir para que la relación con el exterior siga presente; basta con mirar a través de la transparencia y ver el verde del jardín al fondo.
La secuencia de materiales ayuda a que el espacio no se cierre sobre sí mismo. El vidrio marca el límite, pero no lo endurece. La madera del interior, el marco oscuro de las ventanas y la base de hormigón visible en la parte inferior construyen una transición precisa entre la vivienda y las terrazas. Esa transición perfecta interior exterior no se apoya en adornos: la producen la sección delgada de los perfiles, la apertura completa y el modo en que la cocina se orienta hacia la vista.
Dos terrazas frente a frente
Desde el interior se leen dos terrazas separadas por la apertura central, una delante y otra en el lado opuesto. Esa disposición multiplica los planos y convierte la planta baja en una pieza atravesada por aire y reflejos. El vidrio plegable no solo abre la fachada posterior; también ordena la relación entre los espacios exteriores, que quedan alineados con la cocina y el salón. En lugar de un único borde, hay una secuencia de umbral, terraza y espacio abierto.
El efecto se nota en la manera en que la vivienda parece estirarse. La apertura de vidrio da continuidad a la estancia principal y deja que el interior y el exterior compartan una misma lectura de ancho. Desde la encimera, la vista se proyecta más allá del marco y encuentra el jardín verde, los planos de terraza y la sombra del alero. La casa utiliza esa orientación para poner el paisaje al nivel de la mesa y del trabajo cotidiano.
Protección térmica y una seguridad que no interrumpe la vista
La alta aislación térmica de las paredes de vidrio plegables aparece en la descripción como una parte esencial del sistema. Gracias a esa prestación, los elementos de madera pueden resistir mejor el frío del invierno. No se trata de una capa añadida al final, sino de una condición que permite que la apertura grande siga siendo utilizable sin renunciar al cerramiento. El vidrio, en este caso, no solo abre: también protege la estancia cuando se vuelve a cerrar.
La seguridad sigue la misma lógica discreta. La vivienda incorpora protección antirrobo RC2, conforme a las normas europeas, sin alterar la claridad de la composición. La referencia técnica se integra en una solución que prioriza la vista y la entrada de luz, pero no deja de lado el uso diario. El resultado es un cerramiento que trabaja en dos sentidos: amplía la relación con las terrazas y mantiene controlado el acceso al interior.
La madera oscura y el vidrio en la imagen exterior
Las fotografías muestran una envolvente de madera oscura con piezas horizontales y un alero marcado que recorta la silueta del volumen. Frente a esa piel, los paños de vidrio abren grandes huecos hacia el exterior y dejan ver la profundidad de las estancias. El contraste entre la madera y el cristal no busca efecto gratuito; sirve para subrayar la dirección de la casa hacia la vista y para dibujar con más claridad la apertura de la planta baja.
En el interior, el techo de madera y la iluminación integrada acompañan esa misma lectura. La cocina se apoya en una mesa de trabajo clara y en marcos oscuros que recogen la luz. Al fondo, el jardín introduce el verde como una superficie más del proyecto. Todo gira alrededor de ese gesto inicial: abrir, prolongar y dejar que la planta baja se mida por la distancia entre el mueble de cocina y la terraza más lejana.
Lo que queda es una vivienda donde el vidrio no funciona como fondo, sino como parte activa de la distribución. Las paredes de vidrio plegables articulan el paso entre cocina, salón y terrazas con una precisión visible en cada encuadre. La casa de vacaciones con paredes de vidrio plegables mantiene la vista como eje, y desde ahí ordena la luz, la protección térmica y la seguridad sin perder claridad en la composición.
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