Chimenea de gas cerrada empotrada en una zona wellness
El vidrio marca la primera lectura de la estancia: una chimenea de gas cerrada empotrada aparece integrada en una pared revestida y actúa como pieza central entre la zona lounge, la barra y las duchas. No queda apoyada como un volumen aparte; se hunde en el plano, cruza la pared de lado a lado y deja ver el fuego desde tres ángulos. Esa apertura controlada convierte la llama en una presencia continua, visible tanto desde el área seca como desde el borde de la zona húmeda.
Una pared que ordena la estancia sin cerrarla
La composición funciona como una chimenea separadora de ambientes dentro de un espacio wellness. La pieza divide sin bloquear la mirada. Desde un lado, la zona de estar se mantiene recogida alrededor del fuego; desde el otro, las duchas quedan vinculadas a la misma pared, con una transición que se entiende por el cambio de materiales y de luz. La chimenea ocupa el centro de esa secuencia y organiza el recorrido con una presencia baja y horizontal, más arquitectónica que decorativa.
La integración en la pared estucada refuerza esa lectura. El perímetro se resuelve con un acabado liso, mientras la chimenea aparece enmarcada por una envolvente de madera lacada que limpia el encuentro con el vidrio. El conjunto no sobresale de manera innecesaria. Sigue la línea del muro y deja que sean los bordes, los reflejos y la profundidad del hueco los que definan el gesto. Por eso la chimenea de gas cerrada empotrada se percibe como parte del trazado interior, no como un añadido.
Vidrio, madera lacada y una lectura muy directa del fuego
La chimenea de gas con frontal de vidrio permite ver el fuego con una nitidez distinta en cada lado del espacio. El cristal da continuidad visual entre las zonas, pero también contiene la llama dentro de un volumen preciso. Frente a él, la madera lacada aporta una línea más cálida y más seca, con un brillo contenido que responde a la iluminación de la estancia. El contraste entre ambas superficies evita que la pared se vuelva plana; cada material toma un papel claro en la composición.
El acabado de madera no aparece como una cubierta ornamental, sino como un marco que define la chimenea y la relaciona con el resto del mueble mural. Ese pared de chimenea moderna se lee mejor por su proporción que por su tamaño. A un lado, el vidrio; al otro, el revestimiento lacado; entre ambos, la cámara de fuego. El resultado es una pieza frontalmente limpia, pero abierta a la vista desde tres lados, algo poco frecuente en un interno de este tipo.
La luz integrada afina la transición
En la pared aparece una iluminación empotrada que resuelve la zona alrededor de la chimenea con un tono suave. No ilumina solo el fuego; también marca el hueco, la repisa y el nicho contiguo. Esa luz baja da espesor al muro y hace visibles los cambios de plano cuando la estancia se mueve entre la barra, el salón y la zona de duchas. El efecto se refuerza con el contraste entre la superficie clara del estuco y las zonas más oscuras del conjunto, donde el vidrio y la madera absorben parte del reflejo.
Junto a la chimenea, una hornacina incorporada añade otra capa al muro. Su interior iluminado actúa como pausa visual y recoge objetos pequeños o libros sin romper la continuidad de la pared. Esa pieza secundaria evita que todo el peso compositivo recaiga sobre el fuego. También ayuda a entender el proyecto como una suma de vacíos y espesores, donde la pared no solo divide, sino que aloja y ordena. En un espacio wellness con chimenea, ese tipo de detalle cambia mucho la lectura del conjunto.
Acabados que se leen a distinta distancia
La superficie general tiene un aire pétreo, con una textura que recuerda a baldosa o piedra natural en tono gris suave. No intenta competir con la chimenea; la acompaña y le da fondo. A medida que uno se acerca, aparecen mejor los encuentros entre el paramento, la madera y el vidrio. Desde lejos, la pared funciona como una banda continua que atraviesa la estancia. De cerca, cada junta y cada corte afina el dibujo y explica la precisión de la integración. Esa doble lectura es parte de su interés.
El techo de lamas de madera introduce una segunda dirección en el espacio. Sus líneas alargadas prolongan la sensación de recorrido y responden al eje de la chimenea central. No se trata de un recurso independiente, sino de una extensión del mismo lenguaje matérico. La madera del techo encuentra eco en la envolvente de la chimenea, mientras el pavimento y el revestimiento tipo piedra sostienen el plano inferior. Entre ambos, el fuego queda enmarcado sin estridencias, visible, contenido y bien situado.
Entre la lounge y la zona de duchas
La ubicación de la chimenea no es neutra. Colocada entre la lounge, la barra y las duchas, establece una relación directa entre una zona de estancia y otra de uso húmedo. En lugar de separar con un tabique opaco, el proyecto usa una pieza habitable, con fuego y vidrio, para marcar el cambio de ambiente. Eso permite que la vista siga pasando de un lado a otro. El espacio no se parte; se articula. Y la chimenea asume el papel de bisagra entre usos distintos, sin perder protagonismo.
La imagen también deja ver cómo la pieza se sostiene en la pared sin depender de un solo punto de vista. Desde el frontal, la composición es limpia y centrada. Desde los laterales, el vidrio hace que la cámara de fuego siga presente. Por eso la chimenea de gas cerrada empotrada no funciona solo como objeto, sino como una forma de construir profundidad en el interior. El fuego se convierte en un elemento de paso, visible desde varias posiciones y siempre ligado al muro que lo contiene.
Una solución pensada desde la sección, no solo desde el frente
Lo más interesante está en la manera en que la chimenea ocupa el espesor de la pared. No se limita a una cara visible. El volumen se prolonga, permite la visión parcial desde atrás y de lado, y genera una sensación de profundidad poco habitual en una instalación cerrada. Esa condición tridireccional da sentido a la ubicación en el centro de la estancia. La pieza responde al espacio que la rodea, no al revés. Es una solución de interiorismo que se entiende por su sección, por su corte y por el modo en que junta materiales.
Todo el conjunto habla de una misma intención: ordenar una zona wellness con una pieza fija, precisa y visible desde varios puntos. El fuego, el vidrio, la madera lacada y el revestimiento tipo piedra se reparten el protagonismo sin competir. La pared recoge el gesto, el nicho introduce ritmo y el techo acompaña con su trama de madera. Así, la chimenea de gas cerrada empotrada queda integrada en una composición clara, donde cada elemento tiene una función espacial concreta y una presencia bien medida.
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