Diseño de oficinas cálido con bistró y salas de reunión tranquilas
La primera impresión no la marca una mesa de trabajo, sino la secuencia de gestos que recorre la sala: bancos redondeados, paneles de madera, perfilería de acero y una franja de verde que corta el espacio abierto. Ese conjunto da forma a un diseño de oficinas que se aleja de la imagen rígida del despacho cerrado. Aquí, la circulación se lee enseguida, con áreas para sentarse, hablar, esperar o presentar sin romper el ritmo del conjunto.
Un diseño de oficinas pensado para reunirse sin aislarse
La base del proyecto es un espacio amplio, casi sin divisiones al principio, al que se le han ido añadiendo piezas que ordenan el uso. La intención era clara: crear un diseño de oficina cálido, con un tono cercano, y reservar lugares informales donde la gente pudiera sentarse juntos sin tener que pasar a una sala convencional. En lugar de una única sala de reuniones, el plano se apoya en varias situaciones distintas, cada una con una escala propia y un modo diferente de ocupar el tiempo.
Las zonas de paso no quedan al margen. Se integran con jardineras en espacio abierto que separan el recorrido de las mesas y, al mismo tiempo, introducen una línea verde entre puestos de trabajo. Ese recurso suaviza la transición entre trabajo individual y zonas de encuentro. También deja ver cómo el mobiliario fijo se usa como herramienta espacial: no solo para decorar, sino para marcar trayectorias y cambiar la lectura del volumen sin levantar muros cerrados.
La zona bistró en oficina como lugar de trabajo y pausa
La zona bistró en oficina ocupa un papel central. No funciona solo como comedor, porque también admite reuniones y presentaciones en grupo. La mesa, los asientos y la proximidad a la librería a toda altura convierten este rincón en una pieza de uso mixto, más cercana a un pequeño salón que a una sala auxiliar. La madera y la tapicería recogen la luz con suavidad, mientras el borde de la estantería dibuja una separación clara respecto a los puestos de trabajo.
Ese límite importa. La librería a medida sube hasta el techo y actúa como una pared que no cierra del todo la vista, pero sí controla la relación entre la bistró y el resto del interior. Desde un lado se percibe como fondo doméstico; desde el otro, como una pantalla que organiza el plano abierto. Es una decisión sencilla en apariencia, aunque resuelve algo esencial en cualquier diseño de oficina: dónde se conversa, dónde se come y dónde se sigue trabajando.
Una lounge de oficina con formas redondeadas
La lounge de oficina aparece como una pausa en el recorrido. Los bancos curvos, las mesas pequeñas y los respaldos tapizados en tonos verdes y oliva introducen una escala más baja que la de las mesas de trabajo. Las esquinas se suavizan y el conjunto deja de parecer una zona de espera para funcionar como un punto de encuentro real. La geometría redonda se repite en varias piezas, y eso hace que la estancia se lea con continuidad, sin depender de una única pieza protagonista.
En las imágenes, esa zona se acompaña de marcos de acero finos y de una abertura estrecha que deja ver la separación entre recintos. La combinación de superficies suaves y estructura metálica es lo que define el ambiente, no un exceso de decoración. Cada pieza tiene una tarea visible: sentar, filtrar, delimitar o sostener la mirada. Así, el espacio mantiene una lectura clara incluso cuando cambia de uso a lo largo del día.
Tribuna, banco y sala de presentación en un mismo gesto
En el lado opuesto del espacio aparece la tribuna, pensada como un elemento de entrada y como un punto de atención dentro del proyecto. No se presenta como una pieza aislada, sino como parte de la secuencia general: recibe a quien llega y permite seguir una presentación o una lectura en grupo. Su presencia añade un cambio de nivel y una relación distinta con el suelo, algo que se percibe de inmediato en un interno tan abierto.
La bistró y la tribuna comparten esa voluntad de uso colectivo. Ambas permiten sentarse sin formalidad excesiva, pero cada una responde a una situación distinta. Una se apoya en una mesa y en un perímetro más doméstico; la otra reúne cuerpos en escalones o gradas. En un diseño de oficinas así, el mobiliario no solo ocupa: estructura el modo de estar y de mirar hacia delante.
Salas de reunión tranquilas con puertas de acero redondeadas
En el centro de la planta se sitúan dos salas de reunión tranquilas, cerradas con puertas de acero de borde redondeado. Esa forma curvada evita que el cerramiento se vea duro o excesivamente técnico, aunque el material siga siendo claramente metálico. Las salas quedan integradas en el corazón del espacio abierto, de modo que el volumen central concentra buena parte de la actividad sin perder la sensación de orden.
Las imágenes muestran interiores más recogidos, con asientos tapizados y mesas de contorno suave. Allí, el ruido visual baja. El pavimento gris, los marcos negros y las líneas rectas del techo refuerzan el contraste con los bancos redondos y la tapicería más blanda. Son salas pensadas para hablar, pero también para hacer una pausa corta entre reuniones, con una relación muy directa entre cerramiento y uso.
Puertas, marcos y divisiones que no desaparecen
Las piezas de acero aparecen en puertas, bastidores y armarios. No intentan esconder su presencia. Al contrario, recortan las zonas y ayudan a entender cómo se ha organizado el interior. En algunos puntos, los perfiles negros y las hojas metálicas sostienen una lectura casi gráfica del espacio. En otros, el acero deja paso a paneles más cálidos y al trabajo de la madera, que aparece sobre todo en la gran librería a medida y en los remates de las zonas de apoyo.
Ese contraste entre metal y madera mantiene el interior lejos de una solución uniforme. El resultado depende de pequeñas diferencias: un marco más estrecho, una puerta curvada, una balda visible, una mesa baja en la lounge de oficina. Son detalles discretos, pero son ellos los que permiten que el diseño de oficina cálido siga teniendo una estructura nítida.
Jardineras en espacio abierto para cortar el recorrido
Las jardineras en espacio abierto cumplen una doble función. Introducen verde y, al mismo tiempo, separan mesas, pasillos y puntos de paso. No se colocan como adorno, sino como una serie de límites bajos que hacen legible la organización de la planta. Frente a las pantallas opacas, estas piezas dejan pasar la vista y mantienen el ambiente abierto, pero evitan que los puestos de trabajo se lean como un único bloque.
En las vistas hacia la ventana, las plantas se alinean junto a la zona de trabajo y refuerzan la sensación de borde. Entre la luz natural y los perfiles oscuros del mobiliario, el verde actúa como una línea intermedia. Esa decisión enlaza con la lectura general del proyecto: un diseño de oficinas que usa elementos domésticos, como jardineras, estanterías y bancos tapizados, para ordenar un programa de trabajo bastante complejo.
Luz suspendida y mesas de trabajo en la parte abierta
La iluminación de riel oficina aparece sobre las mesas abiertas y sobre algunos puntos de reunión, junto a piezas suspendidas que marcan el plano superior. El techo conserva parte de su infraestructura visible, con conductos y vigas que no se ocultan por completo. Eso da al conjunto una lectura directa, casi técnica, que contrasta con las superficies más blandas de la lounge y del bistró. La luz acompaña esa dualidad sin imponer un gesto teatral.
Las mesas de trabajo se organizan con separadores negros y una alineación bastante clara, mientras la franja de plantas y el mueble alto de fondo definen el borde de la zona. Lo que podría haber sido una gran sala indiferenciada termina convirtiéndose en una secuencia de ámbitos. Cada uno conserva relación con el siguiente, pero sin confundirse. Es ahí donde el diseño de oficina gana precisión, apoyándose en mobiliario, luz y cerramientos, no en una partición cerrada.
Una lectura doméstica para un programa profesional
La imagen general del proyecto se construye con decisiones muy concretas: una biblioteca a toda altura que separa, una tribuna que recibe, salas de reunión tranquilas que se cierran con acero y un área bistró que admite comidas y presentaciones. Todo se apoya en materiales reconocibles: acero, madera, tapicería y vidrio. No hay artificio innecesario. El interés está en cómo se encadenan las piezas y en cómo cada una ayuda a leer el espacio sin perder su propio carácter.
Por eso el proyecto se entiende mejor como un diseño de oficinas en el que el trabajo, la pausa y la reunión comparten un mismo plano, pero no la misma actitud. Unos metros más allá de los puestos, la lounge de oficina baja el tono; junto a la bistró, la librería a medida hace de filtro; en el centro, las salas de reunión tranquilas concentran la conversación. Todo queda a la vista, aunque no en el mismo nivel de intensidad. Esa es la operación más clara del conjunto.
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