Escalones flotantes en el jardín
El primer golpe de vista lo dan los escalones flotantes en el jardín: una pieza ligera, casi suspendida, que resuelve un cambio de nivel en el jardín de dos metros sin convertirlo en un obstáculo. Entre ambas terrazas, el recorrido se lee con claridad. Las superficies grises avanzan por planos distintos, mientras las franjas de plantación sujetan los bordes y meten vegetación entre el pavimento y los elementos de contención.
Dos terrazas unidas por un recorrido claro
La operación principal consiste en unir dos terrazas con una secuencia corta y directa. No hay un gesto monumental, sino una subida organizada en peldaños y plataformas que deja espacio libre debajo y refuerza esa sensación de vuelo. El desnivel se convierte así en parte de la composición. El pavimento gris acompaña el movimiento entre niveles y dibuja una base neutra para el conjunto, mientras los remates oscuros contienen las partes plantadas y marcan el límite de cada plano.
Desde una vista amplia, el jardín urbano contemporáneo se entiende por capas. Un nivel recibe el estar principal y otro prolonga el uso hacia la parte superior, con una transición que no corta el espacio. Las juntas del pavimento, visibles en los planos más cercanos, ordenan la lectura de las piezas y hacen que el suelo tenga ritmo. La mezcla de formatos y tonos evita una superficie monótona y da peso a cada terraza sin cargarlas visualmente.
Escalones flotantes en el jardín como pieza principal
Los escalones flotantes en el jardín son el punto de unión más evidente entre los dos niveles. Su parte inferior abierta deja pasar el aire y hace que los peldaños se perciban menos pesados que una escalera convencional. Esa decisión es importante en un jardín moderno en desniveles, porque el volumen construido no compite con la plantación ni tapa el trazado del terreno. El conjunto funciona como paso y como pieza visual a la vez.
En los detalles se aprecia una superficie de textura marcada, con un aspecto mineral que sostiene la composición sin reclamar protagonismo. Los cantos rectos y los cambios de plano dan nitidez a la secuencia. Frente a ellos, los parterres de plantación suavizan la geometría con hojas amplias y bordes verdes que se desbordan ligeramente hacia la línea dura del pavimento. Esa tensión entre piedra y verde mantiene viva la escena sin romper la calma del conjunto.
Pavimento gris, juntas visibles y cambios de formato
El pavimento gris ocupa un papel silencioso pero constante. En lugar de extenderse como una lámina uniforme, aparece repartido en piezas de distintos tamaños, con variaciones de tono que ayudan a distinguir terrazas, pasos y remates. Las juntas están presentes y se leen con claridad, algo que refuerza la precisión del trazado. En primer plano, la textura del hormigón y su grano fino aportan una lectura material directa, sin artificio.
Ese mismo suelo acompaña el cambio de nivel en el jardín con una cadencia controlada. Unos tramos se ensanchan, otros se estrechan junto a los bordes o junto a los elementos de contención. El resultado es un recorrido que no se impone, pero sí dirige. La composición aprovecha el color gris para enlazar las dos terrazas y deja que la plantación y la carpintería exterior aporten contraste en el fondo.
Parterres de plantación y bordes definidos
Los parterres de plantación rodean la verharding con masas verdes densas, colocadas en franjas que acompañan las aristas de los peldaños y de las plataformas. No son un relleno decorativo. Actúan como borde blando frente a los elementos de hormigón oscuro y ayudan a separar las distintas zonas sin necesidad de muros pesados. La vegetación crece muy cerca del pavimento y hace que el jardín parezca más profundo de lo que indica su superficie.
Las piezas de contención oscuras trazan líneas limpias a lo largo de los desniveles. Sobre ellas, la plantación gana altura y deja ver una secuencia de planos: suelo, borde, masa vegetal. Esa estratificación encaja con el carácter del jardín moderno en desniveles y hace que cada terraza tenga una identidad propia. La lectura del espacio mejora también por la repetición de líneas horizontales, que se ven tanto en las piezas de contención como en el fondo de madera.
Valla de madera como fondo del conjunto
La valla de madera aparece al fondo como una superficie cálida en contraste con el pavimento gris y los bordes oscuros. Sus lamas horizontales acompañan la longitud del jardín y refuerzan la dirección de los niveles. No toma el protagonismo, pero sí cierra la vista con una textura reconocible que ordena el perímetro. Frente a ella, el verde de los parterres se ve más denso y las terrazas quedan mejor definidas.
Visto en conjunto, el proyecto se apoya en tres decisiones claras: resolver el desnivel, unir dos terrazas y mantener una base material sobria para que la vegetación tenga presencia. Los escalones flotantes en el jardín articulan el recorrido, el pavimento gris une las superficies y la plantación llena los huecos entre piezas. Es un jardín urbano contemporáneo que trabaja con pocos elementos, pero los coloca con precisión para que el movimiento entre niveles se lea de un vistazo.
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