Hotel ecológico con interiores estilo granero
La madera aparece desde el primer plano: en las paredes, en los techos y en los marcos que recortan la luz. En este hotel ecológico, la referencia al granero no se queda en una imagen rural, sino que organiza el espacio con tablones visibles, grandes ventanales y piezas negras que marcan puertas, grecas y aparatos. El resultado es sobrio y directo, con una lectura clara de los materiales y de sus uniones.
Habitaciones donde la madera lleva el ritmo
Todas las habitaciones comparten la misma atención por el detalle, aunque no todas resuelven el programa igual. Las más pequeñas no tienen kitchenette, pero sí frigorífico y posibilidad de preparar café. Esa diferencia se lee en la forma en que se libera la superficie, en la presencia de textiles blandos y en los objetos de aspecto natural que se repiten sobre mesas y estantes. La madera, por su parte, no actúa como fondo neutro: dibuja el perímetro y fija el tono del interior estilo granero.
La luz entra por paños de vidrio grandes y se posa sobre el veteado, que cambia de matiz según la estancia. En algunas imágenes, la cama queda apoyada sobre una base de madera y comparte escena con una mesa y sillas sencillas; en otras, el espacio se abre hacia una cocina compacta con frentes oscuros y encimera clara. Esa combinación evita la monotonía y permite que cada habitación mantenga su propio uso sin salir del mismo lenguaje material.
Herrajes para puerta corredera y piezas que resuelven el paso
Las grandes puertas correderas son una de las decisiones más visibles del conjunto. No se utilizan como recurso decorativo aislado, sino como una manera de abrir o cerrar metros de forma limpia. El sistema de suspensión y rodadura se desarrolló específicamente para este proyecto, y eso se nota en la presencia de guías, fijaciones y perfiles que se integran en la carpintería sin suavizar su carácter técnico. En un interno así, el herraje no desaparece: ordena.
También aparecen tiradores empotrados, piezas de agarre rectas y soluciones pensadas para colocar en horizontal o en vertical. Algunas se leen como cortes precisos en la madera; otras dejan ver el contraste entre la veta y el metal oscuro. La colección incluye formatos diferentes y acabados como hierro envejecido o bronce blanco, siempre con una lógica de uso clara. Son piezas que acompañan puertas, paneles y frentes sin convertirlos en un decorado aparte.
Un trabajo hecho a medida
Lo más específico del conjunto está en lo que no se compra como una pieza genérica. El sistema de puertas se resolvió hecho a medida y varias de las aplicaciones de herrajes responden a medidas concretas del interior. Esa precisión permite que las hojas corran con holgura y que el paso entre estancias se cierre cuando hace falta. En una página como esta, el valor está en la relación entre carpintería y mecanismo: la madera no se impone sobre el sistema, y el sistema no distrae de la madera.
En el mismo registro aparecen barras y accesorios a juego, realizados en moldes de arena y acabados a mano. Incluso una barra de toallas puede recortarse por el usuario, un detalle pequeño pero revelador de cómo se pensó el conjunto: piezas que acompañan el espacio sin pedir protagonismo. Las placas para ventanas oscilobatientes, en versión oval o rectangular, continúan esa misma idea de continuidad material a través de elementos distintos.
Fragancias y pequeñas pausas sensoriales
Junto a los herrajes, el proyecto incorpora difusores de fragancia a base de aceite. La emisión se produce de forma muy sutil mediante varillas de fibra de algodón, por lo que la presencia del aroma queda ligada al paso del usuario más que a un gesto llamativo. La referencia a la aromacología explica esa elección: café y manzana se nombran como notas capaces de activar o refrescar la percepción. No se trata de un recurso accesorio, sino de otra capa del ambiente, tan controlada como los acabados.
Esa dimensión olfativa acompaña bien el interior estilo granero, donde la madera y los tejidos naturales ya construyen una base sensorial nítida. El espacio no necesita acumular estímulos. Basta con la textura de los paneles, el metal mate de las manillas y la luz filtrada por los grandes ventanales para definir el recorrido. Los difusores entran ahí como una prolongación discreta del mismo criterio: pocos elementos, bien escogidos y colocados donde el uso los encuentra.
Baño con azulejos oscuros y contraste controlado
El baño introduce un cambio de registro más marcado. Los azulejos oscuros, en suelo y/o paredes según la estancia, absorben parte de la luz y hacen que la madera cercana resulte todavía más legible. Frente a las tablas claras del resto del proyecto, este fondo negro o muy profundo refuerza la lectura de los contornos, de las juntas y de los remates. El resultado no busca brillo; busca definición. Cada superficie ocupa su sitio y deja que el resto se recorte mejor.
En las imágenes, ese contraste aparece junto a otras soluciones muy contenidas: lavabos sobrios, líneas rectas y carpinterías que no compiten con el revestimiento. La materia sigue siendo la protagonista, pero cambia de densidad. La madera suaviza, el azulejo oscurece y el metal aporta un borde preciso. Esa suma explica bien cómo el proyecto pasa de la estancia común al baño sin perder su identidad.
Una arquitectura interior que también mira al exterior
Fuera, una pérgola de madera prolonga el lenguaje del interior y crea una zona cubierta con bancos y mesa. Las lamas horizontales dejan pasar la luz en bandas, mientras la estructura roja del edificio y los detalles oscuros del techo sitúan el conjunto en un registro muy reconocible. En otra vista, el volumen barnizado de rojo y los paneles solares sobre la cubierta aparecen como parte del mismo universo constructivo, sin necesidad de adornos añadidos.
Lo interesante es que el interior no rompe con esa imagen exterior. La madera visible, los acentos negros y las aperturas generosas repiten el mismo vocabulario. Por eso el hotel ecológico se lee como una secuencia de materiales y usos más que como una suma de estancias independientes. El granero se vuelve alojamiento, sala de reunión y refugio de paso, pero mantiene una estructura clara: madera, vidrio, metal y un control muy medido de cada cierre.
Detalles que envejecen bien
Las manillas en metal crudo no piden mantenimiento y, con el uso, se pulen ligeramente hasta adquirir brillo. Es una cualidad visible y práctica al mismo tiempo: el paso de las manos modifica la superficie, la vuelve más suave y deja una huella de uso. Algo parecido ocurre con las piezas de hierro envejecido o de bronce blanco, cuyo aspecto no depende de la novedad sino del patinado. En un proyecto tan apoyado en la materia, ese envejecimiento forma parte de la lectura final.
Por eso el conjunto funciona mejor cuando se observa de cerca. Un borde de madera, una guía de corredera, un corte en una puerta, un azulejo oscuro, una barra de toallas recortable: todo apunta a una arquitectura interior pensada desde el detalle. No hay gestos superfluos. Solo un hotel ecológico que usa el interior estilo granero para organizar el uso diario, y que encuentra en los herrajes para puerta corredera y en las piezas hechas a medida su parte más precisa.
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