Jardín campestre moderno con piscina desbordante, pool house y dos estanques
El pavimento recto marca el paso desde la casa hacia el jardín, pero enseguida aparecen bordes blandos, masas verdes y el agua en primer plano. En este jardín campestre moderno, la parte trasera deja atrás el antiguo mosaico de colores y se organiza con líneas más limpias, alternadas con arbustos de forma orgánica. La lectura es clara: la casa se moderniza por dentro y el exterior toma esa misma dirección sin perder el vínculo con el paisaje que se abre detrás.
Una base más limpia para ordenar la parcela
La transformación empieza en la superficie. Donde antes había una composición más fragmentada, ahora la terraza con pavimento de líneas rectas define los recorridos junto a la zona de agua y los bordes de plantación. Los cambios no borran todo lo existente: los árboles que merecían quedarse se conservan y siguen dando altura al conjunto. A su alrededor se incorporan tilos, Liquidambar y algunos Acer, una combinación que en otoño cambia la lectura de la parcela con tonos muy distintos entre sí.
Ese contraste entre dureza y volumen vegetal es lo que sostiene el proyecto. El trazado rectilíneo da orden cerca de la vivienda y del agua, mientras las plantaciones orgánicas suavizan las transiciones. No se trata de llenar el jardín, sino de dejar que cada franja tenga su propio ritmo. Las piezas duras encuadran el recorrido; las masas verdes lo aflojan. Desde ciertos puntos, el césped, los macizos y la línea de la piscina se leen casi como tres planos superpuestos.
El pool house concentra la zona de bienestar
El espacio más activo se agrupa alrededor del pool house con baño y cocina. El volumen acristalado se abre hacia la terraza, y la estructura de madera da sombra sin cerrar la vista. Junto a esa pieza aparece un jacuzzi en el jardín, alojado en una zona revestida con materiales oscuros que refuerzan el contraste con el agua clara. La piscina desbordante en el jardín queda a poca distancia, con un azul muy visible y un borde definido que recoge la luz del día.
La secuencia funciona por proximidad. Terraza, piscina y pool house quedan ligados por la misma pavimentación y por una alineación precisa de juntas. La madera de la pérgola introduce una escala más doméstica frente al vidrio del cerramiento, y ese cambio de material también ayuda a marcar el uso de cada franja. El conjunto no depende de gestos grandes; se apoya en la relación entre el borde de la piscina, la cubierta ligera y la abertura del volumen auxiliar.
Pérgola, vidrio y agua en una misma escena
En varias vistas, la pérgola de madera en el jardín aparece como una trama abierta sobre la terraza. Debajo, las sillas y la superficie pavimentada quedan protegidas sin perder contacto con el césped y con la lámina azul de la piscina. El cerramiento de vidrio del pool house refleja el entorno inmediato y deja ver cómo el exterior entra en la composición interior. Aquí el jardín no se limita a rodear un edificio: lo activa desde el borde.
La piscina desbordante en el jardín introduce un sonido visual propio, aunque la imagen se concentre en la línea del agua y no en el movimiento. El borde oscuro de la cubeta subraya el nivel del vaso, mientras el agua clara aporta una presencia muy marcada en mitad de la vegetación. A su alrededor, los macizos y las piezas duras dibujan una escena de uso cotidiano, con bancos, paso y estancia resueltos en pocos elementos.
Dos estanques, dos maneras de mirar el paisaje
Al fondo, el proyecto cambia de registro y se vuelve más fluido. La parte trasera del jardín abandona la geometría más estricta y busca una conexión directa con el entorno. Ahí aparece el estanque orgánico en el jardín, colocado como si hubiera estado siempre en ese lugar. Su borde se apoya en la plantación ribereña y en una forma menos cerrada, más cercana al relieve del terreno que a una figura impuesta.
La segunda pieza de agua es muy distinta. El estanque espejo junto a ventana se coloca junto al hueco del salón y ofrece una superficie plana, casi dibujada con regla. Desde la estancia hundida, el reflejo amplía el fondo y duplica la presencia del cielo y del borde vegetal. La relación entre ambos estanques resume bien el proyecto: uno se integra en el paisaje; el otro encuadra la vista desde la casa. Los dos trabajan con la misma materia, pero no de la misma manera.
El jardín visto desde el salón
La posición del estanque espejo junto a ventana importa tanto como su forma. Al situarse junto al vidrio, convierte la fachada interior de la casa en parte de la escena exterior. La superficie quieta recoge la luz y la línea del marco, y ese reflejo hace que el agua funcione como un plano más de la habitación. No es un detalle aislado, sino una pieza pensada para ser leída desde dentro, con el salón como punto de observación.
En el extremo opuesto, el estanque orgánico en el jardín se abre a la parcela con menos precisión geométrica y más relación con los bordes plantados. Entre ambos, la casa queda conectada con el fondo del terreno sin recurrir a una transición brusca. El proyecto avanza así por cambios de escala: primero la terraza, luego la zona wellness, después la parte más paisajística. El agua vuelve a aparecer al final, pero con otra actitud.
Un paisaje doméstico construido por capas
Lo que une todo el conjunto es la manera en que cada elemento toma su lugar sin competir con el siguiente. Los árboles conservados siguen dando memoria al terreno, mientras las nuevas especies aportan una lectura estacional más rica. La piscina desbordante en el jardín organiza el centro de gravedad visual; el pool house con baño y cocina aporta el volumen más definido; los estanques, en cambio, empujan la mirada hacia el fondo y hacia el borde de la parcela. Entre unos y otros, el pavimento recto mantiene el recorrido legible.
También la materialidad ayuda a separar sin romper. Piedra o cerámica en las zonas duras, madera en la pérgola, vidrio en el pool house, vegetación densa en las transiciones y agua como pausa. Nada aparece como decorado añadido. Cada parte cumple una función espacial concreta: sostener una vista, marcar un límite, dar sombra, reflejar la casa o abrir el jardín al terreno que queda detrás. Ese es, en realidad, el gesto principal del proyecto.
Fotografía: Marc Ras
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