Jardín rústico con terraza y pabellón de madera
La terraza de piedra natural marca el primer plano y abre la vista hacia un jardín rústico con recorridos suaves, césped recortado y una masa vegetal que encuadra el fondo. Las mesas y sillas de exterior se apoyan sobre losas claras, mientras el verde aparece contenido por setos y plantación en capas. En medio de esa composición, el pabellón de madera con tejado a dos aguas introduce una pieza más alta y fija el ritmo del conjunto.
El trazado no sigue una línea rígida. Un sendero curvo de pavimento gris acompaña el borde del césped y conecta las distintas zonas sin cortar la escena en partes iguales. Las piedras de paso blancas, distribuidas sobre el tapiz verde, aligeran el recorrido y dan una secuencia visual que se lee desde lejos. Ese gesto sencillo ordena el jardín y hace visible la relación entre la terraza, el césped y el edificio de madera.
Una terraza de jardín abierta al verde
La terraza de jardín ocupa una posición clara dentro de la parcela y se apoya en un pavimento de piedra natural con piezas rectangulares. El mobiliario negro contrasta con el tono claro del suelo y deja ver que el espacio está pensado para usarse de forma directa, sin artificios. Desde ahí, el jardín se abre con una transición suave hacia el césped, que funciona como pausa visual entre la zona dura y la masa vegetal del perímetro.
En las imágenes, la terraza no aparece aislada. Se deja rodear por pantallas verdes y por volúmenes de plantación que recortan la perspectiva. Ese encuadre hace que la mesa y las sillas queden integradas en la escena, no separadas de ella. La piedra, el hierro pintado de negro y el verde cercano construyen una lectura precisa del exterior, donde cada material mantiene su propio papel.
Piedra clara, líneas grises y un borde vegetal
El pavimento gris del acceso introduce otra dirección de lectura. Sus piezas más amplias dibujan un sendero curvo que acompasa el terreno y enlaza con el césped. No es un trazo decorativo sin función; guía la vista y evita que el jardín quede partido por ejes duros. A un lado, la franja verde responde con un borde más blando, y el contraste entre ambas superficies da profundidad al conjunto.
Las hileras vegetales no se limitan a cerrar el fondo. Los setos y la plantación en capas construyen una secuencia de planos: bajo, medio y alto. Esa superposición deja que el jardín gane espesor sin perder limpieza en la lectura. El resultado es un borde trabajado, donde la vegetación actúa como marco y también como filtro para la mirada.
Césped con piedras de paso y recorridos curvos
El césped con piedras de paso es uno de los elementos más visibles del proyecto. Las piezas blancas sobresalen sobre el verde y marcan un ritmo corto, casi de escala doméstica, que invita a recorrer el jardín sin romper la continuidad del tapiz. Frente a la geometría del pabellón y de la terraza, estas huellas redondean la experiencia del exterior y suavizan el tránsito entre las zonas.
La imagen general sigue siendo ordenada, pero no cerrada. Los recorridos curvos permiten que el jardín cambie de ángulo a medida que se avanza, y eso hace que el pabellón de madera aparezca primero como fondo y después como pieza protagonista. El césped queda así en el centro del movimiento: una superficie abierta que une la arquitectura ligera, la plantación densa y la zona de estancia.
Setos y plantación en capas como marco
Los setos sostienen el perímetro con una densidad constante, mientras las capas de plantación añaden volumen en primer y segundo plano. Entre los verdes aparecen detalles más pequeños, como las flores rosas que se ven en los bordes, que aportan una nota puntual sin desplazar el orden del jardín. El conjunto no depende de una única especie ni de un solo nivel; se construye con repeticiones, alturas distintas y un borde vegetal que cambia según el punto de vista.
Desde el interior del jardín, esa vegetación enmarca tanto la terraza como el pabellón. Desde fuera, en cambio, atenúa las líneas duras de la construcción y deja que el volumen de madera se lea con más claridad. La plantación no funciona como relleno, sino como una pieza espacial que define distancias y controla qué parte del exterior queda a la vista.
Pabellón de madera con tejado a dos aguas
El pabellón de madera con tejado a dos aguas concentra buena parte del carácter del proyecto. Sus pilares esbeltos sostienen una cubierta inclinada, y el revestimiento de madera aporta una lectura cálida al conjunto sin necesidad de recursos añadidos. El contraste entre la madera, el gris del pavimento y el verde del entorno hace que la construcción destaque de forma limpia dentro del jardín rústico.
En los planos cercanos se aprecia también el trabajo de la piel exterior: lamas, encuentros y detalles de la estructura aparecen con nitidez. La presencia de una abertura redonda en uno de los elementos construidos añade una nota singular, pero sigue dentro del mismo lenguaje material. Nada compite con la forma general del volumen. El tejado, la trama de la madera y los apoyos verticales bastan para definirlo.
Una pieza que ordena el fondo del jardín
Detrás del pabellón aparecen muros y volúmenes de ladrillo que refuerzan el contraste entre lo construido y lo vegetal. Esa combinación ayuda a leer la profundidad del terreno: primero la terraza, después el césped con sus piedras de paso, y al final la estructura de madera con su cubierta inclinada. El ojo avanza por capas, no por un solo golpe de vista.
La relación entre el pabellón y el resto del jardín también se percibe en la orientación del mobiliario y en la forma en que la vegetación lo recorta desde los lados. El edificio no se coloca como objeto aislado; queda integrado en la secuencia de superficies, sombras y bordes. Eso le da peso visual sin endurecer el conjunto.
La chimenea exterior y el detalle de las flores
La chimenea exterior aparece como un elemento más íntimo dentro de la escena. La abertura redonda del hogar, enmarcada por una estructura de madera y acabados oscuros, concentra la atención en un solo punto. Su presencia introduce una escala menor frente a la terraza y al pabellón, pero mantiene la misma lógica material: madera, piedra y un frente claro para el fuego.
Entre esas piezas grandes, las flores rosas aportan un registro más cercano. En primer plano o en detalle, se ven sobre un fondo verde desenfocado y recuerdan que el jardín no se lee solo por sus estructuras. También por sus bordes, sus tallos y las pequeñas variaciones de color en la plantación. En conjunto, el proyecto mantiene una secuencia clara entre estancia, recorrido, vegetación y una pieza de fuego que cierra la escena.
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