Jardín urbano con estanque de nado y vegetación exuberante
Entre la terraza y la masa de vegetación, el recorrido se estrecha y vuelve a abrirse con una secuencia de losas, bordes de hormigón y agua alargada. En este jardín urbano con estanque de nado, la sensación de abundancia no depende del tamaño, sino de cómo se organizan las líneas rectas, los pasos de piedra natural y la plantación densa que se adentra en cada borde.
Una secuencia vegetal que ocupa cada metro
La primera impresión llega desde las borduras: hojas de distintos tamaños, floración en varios tonos y una vegetación que cae sobre las juntas de piedra sin cubrirlas del todo. Ese borde vivo no se limita a enmarcar el terreno; guía la vista hacia el fondo y suaviza la geometría de la terraza. El resultado es un jardín urbano exuberante, muy plantado, donde cada plano parece empujar al siguiente sin perder claridad en la lectura del espacio.
La casa se abre al exterior con una gran superficie acristalada que fija el punto de partida del conjunto. Desde ahí, la terraza geométrica nace con un trazado limpio y se prolonga hacia el estanque de nado largo, que actúa como eje visual. La relación entre vidrio, pavimento y agua ordena la escena desde el interior, mientras la vegetación gana terreno a ambos lados y marca un ritmo más libre alrededor de los recorridos.
Terraza geométrica junto al agua
La terraza no compite con la plantación; la contiene. Sus remates rectos, las piezas de hormigón y las líneas abiertas de la composición dejan espacio para ver el fondo del jardín de una sola mirada. Esa claridad es importante en un solar compacto. Aquí, la terraza geométrica funciona como una plataforma desde la que se leen las capas del proyecto: el borde del agua, la franja verde, los pasos sueltos y, al final, las antiguas dependencias situadas al fondo de la parcela.
El estanque de nado largo introduce una línea de agua continua que estira la perspectiva. Su forma recta contrasta con la irregularidad de las plantaciones, pero no las enfría. Al contrario, la lámina de agua recoge el cielo y deja que las masas verdes se reflejen en la superficie. En los laterales, los bordes de piedra y hormigón remiten al mismo lenguaje que la terraza, de modo que el conjunto mantiene una base muy reconocible aunque el verde se desborde por encima.
Pasos de piedra natural entre bordes y macizos
Junto a la terraza aparecen algunos pasos de piedra natural casi escondidos entre los bordes. No están colocados para llamar la atención de inmediato; obligan a mirar con más cuidado y a elegir el trayecto. Ese gesto cambia la manera de recorrer el jardín. El paso se vuelve más lento y más táctil, con losas que se insertan entre tallos, hojas y pequeñas aperturas de tierra. La ruta no se resuelve por una sola línea, sino por una cadena de pausas sobre la vegetación.
En varios puntos, la plantación se cuela entre las juntas y también sobre los remates de piedra, de manera que el trazado nunca queda totalmente sellado. Esa pequeña pérdida de control da al proyecto parte de su carácter. El jardín urbano con estanque de nado se construye sobre una geometría clara, pero admite desvíos visuales y materiales: una arista de hormigón vertido in situ, una losa natural, una banda vegetal que se abre hacia el agua.
Un recorrido que acompaña el estanque de nado largo
El camino bordea el agua y avanza entre capas de verde hasta llegar a las antiguas naves del fondo. Desde la primera losa hasta ese punto final, el jardín trabaja con la profundidad. No hay un cierre brusco; hay una sucesión de planos que dejan ver más de lo que parece al principio. Las vistas abiertas hasta el fondo evitan que el espacio se reduzca a una terraza con plantación alrededor. Aquí, el recorrido tiene dirección, pero también pequeñas desviaciones entre macizos y bordes.
La vegetación densa no se trata como un fondo neutro. Cambia la altura de los límites, marca umbrales y acompaña el borde del estanque con floraciones puntuales y texturas distintas. Algunas zonas se abren lo justo para dejar pasar la luz; otras se cierran y hacen que el agua aparezca de golpe entre hojas. Esa alternancia entre ocultar y revelar mantiene activa la lectura del jardín durante todo el trayecto.
La noche cambia la lectura del borde
Cuando cae la tarde, la iluminación de jardín se integra en los bordes y convierte la geometría en una línea visible. No se impone sobre la plantación; la recorta. La luz cálida sigue el contorno de la terraza, resbala por el hormigón y acompaña los escalones y transiciones sin separar el conjunto en piezas independientes. El agua, entonces, refleja una franja encendida que hace más evidente la longitud del estanque de nado y prolonga la perspectiva hacia el fondo.
Esa escena nocturna no depende de focos aislados ni de gestos espectaculares. La luz está pensada como parte del recorrido. Marca el borde, lee el desnivel y permite seguir el camino entre la terraza y los pasos de piedra natural sin perder la relación con la masa vegetal. En un jardín pequeño, esa integración es decisiva: al caer la noche, el espacio no se reduce, sino que se vuelve más legible.
Materiales que dejan pasar el verde
El proyecto combina hormigón vertido in situ, piedra natural y zonas de plantación con una precisión muy visible en los bordes. No hay un cambio brusco entre uno y otro material. La piedra se interrumpe para dejar entrar tallos, el hormigón recibe pequeñas aperturas verdes y las juntas permiten que la vegetación gane terreno sin desdibujar el trazado. Ese diálogo material sostiene el conjunto y evita que la terraza parezca un elemento aislado frente al jardín.
También la conexión con la vivienda participa de esa lectura. La gran cristalera y la cubierta ligera sobre la zona exterior prolongan la estancia hacia el jardín y enmarcan la relación con el agua. Desde ahí, la terraza geométrica, el estanque de nado largo y la plantación densa se leen como una misma secuencia. No hacen falta gestos adicionales: basta seguir las losas, la línea del agua y el borde iluminado para entender cómo se organiza este jardín urbano con estanque de nado.
El premio a mejor jardín de ciudad confirma la atención puesta en esa estructura compacta, aunque el interés del proyecto se percibe sobre todo en el recorrido. Cada elemento cumple una función espacial concreta: unos abren la vista, otros la frenan; unos ordenan, otros invaden. Entre ambos extremos aparece una escena muy concreta, hecha de piedra, vidrio, agua y vegetación, que cambia con la luz del día y con la iluminación de jardín al anochecer.
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