Jardín wellness estilo campo con piscina flotante
El agua marca el primer plano y también el ritmo de toda la parcela. En este jardín wellness estilo campo, la piscina flotante en el estanque se lee como una pieza suspendida sobre la lámina de agua, rodeada por una terraza de madera junto al agua y por bancos de vegetación que cambian con la luz. Desde lejos, el conjunto parece sencillo; al acercarse aparecen los listones, los reflejos y las líneas bajas del poolhouse con techo de paja.
Piscina flotante en el estanque, vista desde el borde
La piscina ocupa el centro visual sin necesidad de levantar su volumen. El espejo del estanque la recorta y la devuelve en reflejos oscuros, mientras la tarima de madera hace de borde y de estancia al mismo tiempo. Dos tumbonas y una mesa auxiliar bastan para fijar la escala. No hay gestos sobrantes. El agua, la madera y la sombra de los árboles llevan la atención al mismo punto y convierten la piscina flotante en estanque en el gesto más claro del proyecto.
La relación entre la tarima y el agua cambia según el ángulo. A veces el borde parece una plataforma compacta; en otras tomas, la pasarela de madera se alarga y conecta la zona de baño con el resto del jardín. Ese recorrido no busca imponerse. Deja ver el estanque, permite rodearlo y abre pequeñas pausas junto a los grupos de flores. El resultado es una secuencia de pasos cortos, vistas cruzadas y superficies que trabajan con la calma del lugar.
Una terraza de madera que organiza las estancias al aire libre
La terraza de madera junto al agua es más que un borde técnico. Marca el lugar para sentarse, tomar el sol o mirar la superficie del estanque cuando el viento apenas la arruga. En una de las imágenes, la misma tarima reúne tumbonas, un sofá bajo y un tramo cubierto por una estructura ligera. Esa combinación de suelo continuo y piezas sueltas da flexibilidad al espacio sin perder la lectura clara de cada zona.
También aparece una segunda lectura de la terraza: desde el lado más abierto, la madera conduce hacia una zona de sombra donde el techo baja y la vista se hace más íntima. Allí la piscina queda cerca, pero no invade. El borde vegetal suaviza la transición entre el pavimento y la pradera, y el jardín mantiene una escala rural que evita cualquier rigidez. En esta jardín wellness estilo campo, el movimiento se entiende por los cambios de material, no por los límites marcados.
Poolhouse con techo de paja y cocina exterior
El poolhouse con techo de paja aparece como un volumen contenido, apoyado en piedra natural y madera. La cubierta de paja rebaja la línea del conjunto y lo acerca a la arquitectura agrícola de la parcela. Bajo esa cubierta, la madera queda visible en el techo y en la estructura, mientras los paños de piedra sostienen el frente. No es un anexo que compita con el agua; actúa como refugio junto a la tarima y como fondo material para la escena exterior.
En el interior abierto del poolhouse, la cocina exterior del poolhouse introduce otro uso del lugar. Hay un plano de trabajo, armarios verticales y dos pilares de piedra natural que enmarcan la apertura. La combinación funciona por contraste: la textura pétrea recibe la luz de forma más seca, y la madera del techo aporta continuidad con la terraza. Desde la piscina hasta esta zona de cocina, el proyecto desplaza la atención del baño al encuentro y al uso cotidiano del espacio exterior.
Piedra natural, madera y paja en una misma escena
La piedra natural no se limita a un detalle decorativo. Se ve en los paños del poolhouse, en los remates y en las piezas que sostienen la cocina exterior. Ese material conecta con el pavimento de madera sin copiarlo, y por eso el conjunto mantiene una lectura nítida. La paja, por su parte, dibuja una cubierta más blanda y hace que los volúmenes se lean bajos entre los árboles. Es una suma de materiales que se reconocen por tacto y por peso visual.
Parterres de flores junto al agua y bordes muy vivos
Los parterres de flores junto al agua dan al estanque una orilla menos exacta. Se mezclan con gramíneas, masas de flor y árboles de copa más alta, que se reflejan sobre el agua y amplían la profundidad del encuadre. En lugar de un perímetro duro, el jardín trabaja con una secuencia de bordes blandos, cambios de altura y huecos entre plantaciones. Esa densidad vegetal hace que la mirada pase del agua al fondo sin detenerse en una sola escena.
La vegetación no está colocada como telón. Se extiende por franjas y acompaña las curvas del estanque, dejando que aparezcan vistas parciales del rielado de la madera y de los volúmenes con techo de paja. En el texto original se menciona, además, la presencia de aves, caballos, ovejas y gallinas alrededor de la granja. Ese dato ayuda a entender el tipo de paisaje al que responde el jardín: un entorno vivo, abierto y en contacto con la actividad del campo.
Un jardín que cambia con las estaciones
La composición no depende de una sola imagen fija. El propio proyecto se describe como un jardín en desarrollo, y esa idea se percibe en la relación entre los bordes, los árboles y la plantación. Las estaciones tienen aquí un papel visible: el estanque refleja un cielo distinto según la hora, las flores aparecen y se repliegan en los parterres, y la sombra de la vegetación modifica la lectura de la tarima. Nada está congelado. El lugar se entiende por su capacidad para cambiar sin perder estructura.
También sorprende la transformación del terreno. La parcela era un prado vacío tres años antes de las fotografías, y ahora reúne agua, madera, paja y plantación abundante en una misma secuencia. Esa evolución se nota en la manera en que las vistas se encadenan: primero el espejo del estanque, después la piscina flotante, más allá el poolhouse y, al fondo, los árboles que ordenan el horizonte. El conjunto funciona precisamente porque cada elemento ocupa un lugar claro dentro del recorrido.
En uno de los encuadres más amplios, la superficie del agua hace de primer plano y el jardín se desarrolla detrás con capas sucesivas. La casa cubierta de paja apenas asoma entre las ramas, mientras el estanque y la plataforma de baño concentran la acción. Esa composición explica bien el proyecto: un jardín wellness estilo campo donde el agua no se añade al final, sino que construye la manera de habitar el exterior. Las vistas, el uso y la vegetación trabajan juntos desde el inicio.
Por eso el proyecto se recuerda más por sus transiciones que por un único gesto. La madera cambia de un borde de piscina a una pasarela; la piedra pasa del volumen al apoyo de la cocina; la paja suaviza el perfil de las construcciones; las flores empujan el borde del agua hacia delante. Todo eso ocurre en una parcela que sigue creciendo visualmente con cada estación. Y es ahí donde el jardín wellness estilo campo encuentra su fuerza: en la relación continua entre baño, estancia y paisaje.
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