Reforma y ampliación de una casa sobre dique
La cubierta verde cae casi como una prolongación de la ladera. Sobre ella crecen árboles frutales, y en el plano más soleado aparecen manchas de flores silvestres que rompen la superficie con color. Esa imagen resume bien la reforma y ampliación de una casa sobre dique: una vivienda existente rehabilitada y un volumen nuevo incrustado en la parte alta del terraplén, donde la obra deja de parecer un objeto aislado para entrar en relación directa con el terreno.
Un volumen blanco que se funde con el perfil del lugar
Desde la calle, la parte añadida no se anuncia con gestos obvios. Su presencia queda absorbida por la composición general y por la línea del paisaje. La envolvente blanca del edificio rehabilitado mantiene una lectura clara, casi silenciosa, mientras el nuevo cuerpo se apoya en hormigón y acero. Esa oposición no busca dramatismo; marca dos momentos de la misma casa. La reforma y ampliación de una casa sobre dique se entiende aquí como un ajuste preciso entre lo existente y lo incorporado después.
El encuentro entre el volumen y la ladera se resuelve con una lógica muy concreta: el nuevo edificio queda parcialmente enterrado y, al mismo tiempo, abre una gran fachada acristalada hacia el paisaje. El vidrio no funciona como un gesto ornamental, sino como una pieza que orienta la mirada y deja que el exterior entre en la estancia principal. En el conjunto, la casa se lee como una casa integrada en la ladera, con una implantación que aprovecha la pendiente en lugar de corregirla.
Techo verde, frutas y una pendiente que sigue viva
La cubierta no se limita a cubrir. Está tratada como una superficie habitable para la vista, con vegetación, árboles frutales y una pendiente sembrada de flores silvestres. Ese espesor vegetal suaviza la transición entre arquitectura y terreno, pero también hace visible el modo en que la construcción se introduce en el dique. En una casa con techo verde, la cubierta deja de ser remate para convertirse en suelo elevado, con una lectura mucho más cercana a la topografía que a la de una vivienda convencional.
La zona soleada, salpicada de floraciones, introduce una segunda capa de color frente al blanco de la envolvente. El contraste es sereno y muy material: hierba, tierra, ramas y yeso pintado. Esa secuencia se aprecia también en la forma en que el volumen nuevo se adhiere al terreno, con una masa que no pretende imponerse. La casa con techo verde no se muestra como un gesto aislado, sino como una construcción que acepta la pendiente como parte de su propia imagen.
Hormigón, acero, madera y blanco en el interior
En el interior, la paleta cambia pero no pierde esa relación contenida con los materiales. La combinación de madera, hormigón, blanco y grises organiza el recorrido entre la parte antigua y la nueva. El contraste entre superficies lisas y texturas más cálidas evita una ruptura brusca. El resultado es una arquitectura de hormigón y madera donde cada material mantiene su presencia, sin competir con el paisaje que entra por el gran paño acristalado.
La casa original conserva dos dormitorios sencillos y luminosos. Sus espacios se apoyan en una claridad directa, sin elementos sobrantes. En la ampliación se concentran la sala de estar, la cocina y el baño, lo que desplaza la vida diaria hacia el volumen nuevo y su apertura visual. Esa distribución refuerza la idea de una vivienda abierta al paisaje: las áreas principales se orientan hacia la gran superficie de vidrio, mientras el cuerpo existente queda reservado a las piezas más recogidas.
La gran fachada acristalada como punto de giro
Lo más visible en la nueva pieza es el plano de vidrio. La gran fachada acristalada introduce profundidad y hace que el paisaje forme parte de la estancia. No se trata solo de ampliar la vista, sino de fijar una relación exacta entre el interior y el exterior. Los marcos oscuros recortan el horizonte y subrayan la horizontalidad del conjunto, mientras la masa de hormigón se percibe detrás como una base estable. Esa tensión entre transparencia y peso da carácter al espacio sin necesidad de recurrir a efectos decorativos.
La luz entra de forma amplia y modula los grises, el blanco y la veta de la madera. Los límites parecen más largos de lo que son, sobre todo en las zonas de estar, donde el vidrio mantiene presente la pendiente exterior. En esa lectura, la reforma y ampliación de una casa sobre dique no depende de la imagen frontal, sino de cómo la obra sostiene la vista y el contacto con el entorno desde dentro.
Un baño blanco, con madera y objetos de mimbre
El baño principal sigue la misma línea sobria del resto de la ampliación. Muros, suelo y techo permanecen blancos, y ese fondo continuo deja que los materiales naturales se lean con más claridad. Una gran doble lavamanos se sitúa como pieza central, y el conjunto se completa con un inodoro de líneas puras. La presencia de madera y cestas de mimbre introduce una escala más doméstica, visible en pequeños puntos que rompen la superficie blanca sin recargarla.
El espacio gana amplitud por el propio color, no por recursos escenográficos. La luz rebota en las superficies y alarga las aristas del cuarto. En el baño de invitados, la lógica se repite con una versión compacta del lavabo y otro inodoro de trazo sobrio. Esa continuidad en blanco mantiene el mismo lenguaje y evita cambios de tono innecesarios. El resultado es un interno que atiende a la función, pero sobre todo al modo en que cada pieza ocupa su sitio dentro del volumen nuevo.
Una ampliación que ordena la vida de la casa
La distribución final deja leer con claridad el papel de cada parte. La vivienda antigua contiene los dormitorios, más contenidos y tranquilos; la ampliación reúne las estancias de uso diario y concentra la relación con el paisaje. Entre ambas, la transición se produce a través de materiales y de luz, no de gestos abruptos. La casa se vuelve así más precisa en su uso, con recorridos cortos y una presencia exterior que depende de la forma en que el volumen se incrusta en el dique.
También importa la manera en que la construcción subterránea aprovecha el espesor del terreno, mencionado aquí como una forma sencilla de almacenar calor. Sin convertirlo en argumento técnico, ese dato ayuda a entender por qué la obra se hunde en la pendiente en lugar de apoyarse encima. La reforma y ampliación de una casa sobre dique encuentra su fuerza en esa decisión: una casa que se repliega, se abre y deja que la ladera marque el dibujo final.
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