Reforma de un bungalow a casa y oficina (estructura de acero, paneles sándwich y geotermia)
La reforma de bungalow a casa y oficina parte de un volumen aislado y envejecido de los años 60, pero la lectura final es otra: un edificio blanco, preciso, con una vivienda y un espacio de trabajo para arquitectura bajo el mismo techo. La intervención no se limita a actualizar una casa antigua; reorganiza su presencia, su envolvente y su relación con el jardín. En la oficina, el vidrio abre vistas largas y deja entrar la luz sobre mesas, sillas y superficies claras.
Un volumen antiguo que ya no se distingue del añadido nuevo
La primera decisión importante fue borrar la diferencia entre lo existente y lo incorporado después. Para ello se usaron estructura de acero y hormigón in situ, una base técnica que permite leer el conjunto como una sola pieza. Las superficies blancas, lisas, no separan el pasado del presente; los unen. Esa reforma integrada antiguo y nuevo se percibe en la continuidad de las líneas y en la manera en que los paños de fachada recorren todo el edificio sin cambiar de registro.
Los paneles sándwich blancos aparecen en más de un plano. Visten el volumen de nueva construcción y, al mismo tiempo, aíslan y recubren la vivienda existente. Ese gesto evita la imagen de “antes y después” que suele quedar visible en muchas reformas. Aquí la envolvente trabaja como una sola superficie. El resultado es un cuerpo compacto, con huecos puntuales y grandes superficies de vidrio que aligeran la masa blanca y dibujan una silueta cubista frente al césped y los senderos pavimentados.
Una oficina con grandes ventanales orientada a la luz
En la zona de trabajo, el vidrio toma el protagonismo. La oficina con grandes ventanales no se cierra sobre sí misma: mira al exterior y deja que el entorno verde forme parte de la estancia. Las ventanas amplias también mejoran la visibilidad desde dentro y convierten la fachada acristalada en una extensión del puesto de trabajo. En las fotos, las mesas oscuras, las sillas y el techo blanco ribeteado se ordenan bajo una luz uniforme, sin rincones pesados ni sombras duras.
La elección del cerramiento no es solo visual. El vidrio con protección solar permite que la sala de trabajo y reunión siga siendo abierta, pero sin el exceso de radiación que suele convertir estos espacios en lugares incómodos. Las superficies acristaladas quedan acompañadas por perfiles finos y por un plafón claro, mientras la mirada se dirige hacia fuera. En vez de aislar el trabajo, el cerramiento lo relaciona con el jardín y con la línea del acceso, que aparece marcada por el pavimento exterior y la franja de césped.
Reunirse entre vidrio, techo claro y líneas rectas
La sala de reuniones se resuelve con una mesa blanca, sillas alineadas y cerramientos transparentes que dejan pasar la profundidad del espacio. El techo, con un perfilado muy visible, aporta textura sin competir con las superficies lisas. Ese tipo de detalle se repite en varios interiores y da continuidad a la secuencia de estancias. La luz rebota en el blanco y reduce el peso visual de los muebles, mientras el vidrio mantiene la lectura del exterior incluso cuando uno está sentado alrededor de la mesa.
También aparece una escalera muy limpia, de peldaños blancos y bordes rectos, que refuerza la sensación de precisión constructiva. Junto a ella, los paramentos de tono claro y alguna superficie de hormigón o estuco acentúan el contraste entre materia y transparencia. No hay gestos decorativos superfluos. La circulación se entiende por la propia geometría: subir, girar, entrar en una sala, volver al vidrio. Esa claridad espacial es la que sostiene la reforma de bungalow a casa y oficina en su uso diario.
Técnica oculta detrás de una imagen muy limpia
Bajo esa apariencia sobria hay una solución técnica completa. La reforma con estructura de acero y hormigón in situ incorpora una bomba de calor geotérmica para calefacción y refrigeración pasiva, junto con un sistema de ventilación con recuperación de calor. Nada de esto aparece como un recurso visual; se percibe en la manera en que el edificio está preparado para funcionar con estabilidad en el tiempo. La arquitectura no lo exhibe, pero sí lo hace posible.
La ventilación con recuperación de calor y la geotermia se suman a una actualización general del edificio hacia un estándar más cercano al de una obra nueva. Eso se nota en la limpieza de los encuentros, en la continuidad del blanco y en la manera en que el volumen parece haberse ajustado a una lógica más precisa que la del antiguo bungalow. La obra no maquilla la casa previa; la reordena para que su imagen y su funcionamiento hablen el mismo idioma.
Terrazas cubiertas y transición suave hacia el jardín
El exterior no queda reducido a un fondo verde. Las zonas de terraza y la terraza cubierta con vidrio construyen un intervalo entre interior y jardín. Bajo la gran cubierta, el suelo de madera aporta una textura distinta al blanco dominante, y las barandillas o pantallas transparentes mantienen la apertura hacia el césped. La veranda deja pasar la luz, pero también crea un borde donde sentarse, mirar y moverse entre la casa y la oficina sin un corte brusco.
Desde fuera, el conjunto se lee como un volumen blanco con grandes paños acristalados y líneas salientes que marcan la sombra. Desde dentro, la misma intervención produce salas de trabajo abiertas, una zona de reunión clara y recorridos cortos entre espacios. La renovación no busca efectos añadidos; trabaja con planos, vidrio, madera y una estructura precisa para que vivienda y oficina funcionen como partes de un mismo edificio. Así queda definida esta reforma de bungalow a casa y oficina, con una presencia exterior serena y una organización interior muy legible.
Materiales que unifican el conjunto
El blanco de los paneles sándwich, el acero, el hormigón vertido in situ y los cerramientos de vidrio componen una paleta corta, pero suficiente para dar carácter al proyecto sin cargarlo. En el interior aparecen también madera en la zona de lounge y plafones perfilados que acompañan la luz. Esa mezcla de superficies duras y acabados cálidos en contacto directo con el vidrio evita que la oficina resulte fría. Las estancias se sostienen en la exactitud de los encuentros y en la entrada de luz por varias direcciones.
La zona de estar muestra otro matiz: paneles de madera en una pared, un mueble integrado blanco y una iluminación puntual que baja la intensidad del espacio. Frente al carácter más abierto del área de trabajo, aquí el gesto es más recogido, aunque sin perder la relación con el resto del edificio. La madera introduce una lectura más doméstica, mientras el techo ribeteado y las líneas rectas mantienen el lenguaje general. En conjunto, la casa y la oficina quedan ligadas por una misma manera de construir, de cerrar y de dejar pasar la luz.
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