Renovación de casa con techo de paja y grandes ventanales con vistas a la vegetación
La línea del techo de paja baja suavemente sobre la casa, mientras los ventanales abren el interior hacia el verde. Desde dentro, el paisaje no aparece como fondo, sino como parte del recorrido visual: césped, troncos y reflejos en el vidrio llegan hasta el borde de las estancias. En esta renovación de casa con techo de paja y grandes ventanales, la ampliación de una vivienda existente se resuelve con una relación muy directa entre la estructura y el bosque que la rodea.
Más metros sin perder la presencia del bosque
La obra parte de una vivienda de 1956 que necesitaba ampliarse. En lugar de borrar por completo lo anterior, el proyecto aprovecha esa base y la lleva a otra escala. La casa se sitúa muy atrás en la parcela, casi retirada entre los árboles, y esa posición define la experiencia interior. No hay una secuencia de vecinos o fachadas cercanas que distraiga la vista; lo que domina es la masa verde, la profundidad del terreno y la calma que se percibe a través de los huecos de vidrio.
La ampliación de la vivienda existente se lee en la planta y en la manera en que el espacio gana aire. Las piezas nuevas no buscan imponerse con gestos largos, sino organizar una casa que respira hacia el jardín. La luz entra con facilidad, pero también lo hace la materia: madera, piedra y superficies lisas que recogen el tono del exterior sin copiarlo. Esa cercanía con el entorno no se plantea como efecto decorativo, sino como una consecuencia clara de la distribución y de la apertura de los cerramientos.
Ventanales que acercan la vegetación a la estancia
Los grandes ventanales son el punto de giro del proyecto. No se limitan a iluminar; encuadran la vegetación y llevan el jardín hasta el interior. El vidrio marca una frontera física, pero no visual. Desde el salón y las zonas de estar, el verde se mantiene a una distancia muy corta, casi táctil. Esa conexión interior-exterior se entiende mejor cuando la vista se desplaza desde el techo de paja hacia la línea del suelo, donde el exterior entra en escena con una continuidad muy precisa.
En varias imágenes, las cortinas suavizan la transparencia del paño acristalado sin romper la relación con el paisaje. El efecto no depende de un gran gesto, sino de una suma de decisiones discretas: marcos oscuros, aperturas generosas y una colocación del volumen que protege la intimidad. El resultado es una casa en la que mirar hacia fuera forma parte del uso cotidiano de cada estancia, tanto en la sala principal como en los espacios más recogidos.
Una pared de lamas de madera que ordena el interior
Dentro, la pared de lamas de madera introduce ritmo y dirección. Las líneas verticales alargan la percepción del muro y hacen que la sala parezca más precisa en su composición. No es un revestimiento pensado solo para decorar; también estructura el fondo sobre el que aparecen la chimenea, las aberturas y el mobiliario fijo. La madera, con su tono mate y su dibujo repetido, contrasta con los paños de yeso y con el brillo contenido del vidrio.
Ese mismo lenguaje aparece en varias zonas de la casa y da continuidad a la ampliación. La superficie de madera no compite con el paisaje exterior, sino que acompaña la manera en que la casa se abre hacia él. En la cámara más amplia, la estructura del techo y las líneas del mobiliario mantienen una lectura clara del espacio. Nada parece colocado al azar; cada plano contribuye a ordenar la estancia sin cerrarla.
Nichos y estanterías a medida en el dormitorio
El dormitorio introduce otra escala. Allí, los nichos y estanterías a medida se integran en la pared como una pieza continua, con huecos abiertos que sirven para apoyar, guardar o simplemente romper la monotonía del paño. La composición trabaja con vacíos y llenos, y eso da al cuarto una cadencia más tranquila que la del salón. Junto al vidrio, la vista a los árboles vuelve a aparecer, esta vez desde un espacio más recogido y silencioso.
La solución no se limita al almacenamiento. Las piezas a medida fijan la proporción del cuarto, enmarcan la cama y crean un fondo que no interrumpe la entrada de luz. La madera vuelve a estar presente, pero aquí se combina con superficies más neutras y con el peso visual de las aberturas. El dormitorio queda así definido por dos fuerzas: la precisión del mueble y la profundidad del paisaje que se ve al otro lado del cristal.
La chimenea de piedra natural como ancla del salón
La chimenea de piedra natural introduce un centro claro en la zona de estar. Su textura rompe con la suavidad de los paramentos y añade una densidad material que se nota incluso antes de acercarse. En torno a ella, la casa se organiza en capas: un banco, una pieza de asiento, el paño vertical de madera y, al fondo, el vidrio. Esa sucesión evita que el salón se lea como un espacio plano. Tiene profundidad, y se entiende por fragmentos.
La piedra no aparece como acento aislado, sino como parte de una paleta más amplia donde el yeso, la madera y los acabados oscuros mantienen un diálogo contenido. La chimenea ayuda a fijar el centro de la estancia, sobre todo cuando la luz cambia y el jardín pierde intensidad. Entonces la materia interior gana peso. El fuego, la piedra y la madera sostienen el espacio sin necesidad de recurrir a gestos decorativos innecesarios.
Una casa resuelta con privacidad y vistas largas
La posición retrasada de la vivienda es clave para entender su carácter. Al quedar colocada hacia el fondo de la parcela, la casa consigue privacidad real: no se ven vecinos, no hay una calle cercana que intervenga en las vistas y el verde toma el relevo. Desde el interior, esa decisión se traduce en una secuencia visual más larga, donde el jardín funciona como una prolongación de las estancias. Las vistas a la vegetación no son un remate; son parte de la experiencia espacial.
El proyecto también se apoya en una relación muy concreta entre el exterior y el interior: techo de paja arriba, vidrio en los paños principales y materiales terrosos dentro. Esa combinación no busca teatralidad. Funciona porque cada elemento tiene una tarea clara. El techo protege y define la silueta; los ventanales abren; la madera ordena; la piedra fija. Así, la renovación de casa con techo de paja y grandes ventanales construye una casa amplia, retirada y muy atenta a lo que ocurre más allá de sus límites.
El conjunto deja una impresión de continuidad medida. La ampliación de una vivienda existente no borra su origen; lo lleva a otra escala con recursos visibles y bien colocados. Entre los árboles, la casa recoge luz, privacidad y materia sin apartarse del bosque que la rodea. Y cuando la mirada pasa del interior al jardín, la vegetación vuelve a ocupar el primer plano, casi pegada al cristal, como si la casa hubiera sido colocada allí para mirar sin interferir.
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