Renovación sostenible de una villa auténtica
La piedra blanca, la escalera clásica y la luz que entra desde el jardín fijan el tono desde el primer paso. La renovación sostenible de una villa partió de dos condiciones muy claras: conservar el carácter auténtico de la casa y trabajar la vivienda desde una lógica más responsable. En lugar de borrar lo existente, el proyecto afina lo que ya estaba ahí: la distribución, la división de los huecos y la presencia de la escalera, todo revisado con una mirada tranquila y precisa.
Una casa auténtica leída de nuevo desde su estructura
La renovación de villa auténtica se apoya en elementos que siguen teniendo peso visual. La escalera mantiene su papel central y la subdivisión de las ventanas conserva la cadencia de la fachada. También la distribución de la vivienda se ha renovado con respeto por esa lógica original, de modo que los recorridos no se sienten impuestos, sino reconocibles. En el interior, las superficies claras dejan que destaquen las líneas de la carpintería, los marcos negros en contraste y la secuencia de estancias conectadas por aperturas amplias.
En las fotos, la casa no se presenta como una suma de efectos, sino como un volumen donde cada ajuste hace legible la estructura. Los huecos de ventana, la barandilla blanca y los remates limpios alrededor de la escalera construyen una lectura serena. La luz rebota en los paramentos claros y reduce el ruido visual. Esa misma sobriedad permite que el jardín, visible a través de los ventanales, entre en la escena con más fuerza que cualquier objeto decorativo.
El jardín se reordena alrededor del agua y el césped
El exterior se ha rehecho parcialmente y ampliado con un wadi en el jardín. La intervención no rompe con el carácter rural de la parcela; lo acompasa. Se leen zonas de césped y plantación que prolongan la casa hacia el fondo verde, mientras las masas vegetales suavizan el perímetro de la villa. Desde dentro, el paisaje aparece como una extensión de la paleta interior: verde, blanco, beige y algunas sombras oscuras de carpintería que enmarcan la vista.
Ese jardín con césped y plantación no funciona como telón de fondo pasivo. En las estancias abiertas al exterior, el color del verde influye en la percepción de la casa y sustituye el recurso habitual de colgar piezas en las paredes. La vegetación, visible a través de grandes paños acristalados, introduce variación sin alterar la calma general. El gesto es simple: la habitación mira hacia fuera y el jardín responde con textura, ritmo y profundidad.
Geotermia en la vivienda, sin alterar la imagen de la casa
La parte técnica también forma parte de la reforma. Se ha trabajado con geotermia en la vivienda, una decisión que permanece fuera del foco ornamental pero sostiene el proyecto desde dentro. No se explica aquí como un recurso abstracto, sino como una capa más de la renovación sostenible de una villa. El interés está en cómo convive con una casa que sigue mostrando su escalera, sus divisiones y sus proporciones originales sin que la intervención técnica las desfigure.
Ese equilibrio entre conservación y actualización se percibe precisamente porque nada en la imagen exterior o interior intenta dramatizar la obra. La arquitectura conserva su presencia doméstica, mientras la solución energética queda integrada en la lógica general del proyecto. El resultado es una vivienda que habla tanto de mantenimiento del carácter como de una lectura más actual de la manera de habitarla.
Un interior claro que deja trabajar a la luz
Las superficies claras dominan el interior y la luz del jardín las activa a lo largo del día. En vez de llenar las paredes, el proyecto confía en los planos vacíos, los marcos negros y las líneas continuas del techo para ordenar el espacio. La línea de luz en el techo aparece como un trazo discreto que acompaña las estancias y define su borde superior. No busca protagonismo; hace visible el perímetro y permite que el ambiente se lea con más nitidez.
La repetición de materiales en distintas habitaciones refuerza esa sensación de continuidad. No se trata de uniformidad rígida, sino de una misma familia de acabados que se despliega de forma constante: suelo claro, carpinterías definidas, paredes blancas, detalles oscuros donde hace falta contraste. Ese lenguaje reduce la dispersión visual y deja que cada pieza de mobiliario encaje con menos esfuerzo. La casa se mueve con una calma que nace de la repetición, no de la decoración.
Materiales repetidos, espacios que se enlazan
El salón muestra bien esa lógica. El almacenamiento integrado en el salón se funde con la pared y deja una franja limpia alrededor de la televisión. En otra zona, las cortinas blancas suavizan la altura de los ventanales y el mueble bajo se alinea con la arquitectura. La almacenamiento integrado en el salón evita el efecto de añadido y sostiene la ordenación del espacio con líneas rectas, frentes lisos y huecos precisos.
La continuidad visual también aparece en el paso entre estancias. Los marcos negros de algunas puertas introducen una nota más marcada sobre el fondo blanco, pero sin cortar la secuencia. Esa tensión entre blanco y negro da profundidad a los planos y ayuda a leer la casa por capas. Al fondo, el jardín sigue presente, de modo que el interior nunca se cierra del todo sobre sí mismo.
Mobiliario a medida que encaja en los huecos
Todo el mobiliario se ha pensado para esta vivienda y no al revés. La armarios empotrados a medida aparecen en distintas posiciones, siempre integrados en la pared o ajustados a la geometría del espacio. En la entrada hay un banco de asiento que resuelve la llegada sin ocupar de más. En el salón, los cajones suspendidos dibujan una línea limpia, y dos armarios altos se empotran por completo en el muro. El mismo criterio se aplica al escritorio a medida, situado en el salón como una pieza discreta y útil.
Una zona de trabajo que no interrumpe el salón
El rincón de trabajo aprovecha la profundidad del espacio y el orden de los armarios. Las puertas lisas, las juntas estrechas y la integración en pared hacen que la zona de oficina a medida se lea como parte del conjunto, no como un bloque separado. Desde el asiento hasta los módulos altos, todo responde a la misma idea: usar la arquitectura disponible para ganar almacenamiento sin cargar la estancia. El interior mantiene así una presencia limpia, con muebles que siguen la línea del muro y dejan respirar la luz.
La renovación de esta villa auténtica encuentra su fuerza en esa suma de gestos contenidos. La escalera conserva su peso, el jardín introduce verde y agua, la geotermia sostiene la actualización técnica y el mobiliario a medida resuelve la vida diaria con precisión. Nada se impone por exceso. Cada elemento ocupa el lugar que le corresponde y, precisamente por eso, la casa adquiere una lectura más clara, más pausada y más cercana a su propia estructura.
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