Proyecto de renovación: sustituir la terraza acristalada por una fachada de vidrio con marquesina
La nueva fachada de vidrio con marquesina entra en la casa con una línea larga de vidrio y una cubierta amplia que cambia por completo la relación entre interior y exterior. Antes había una terraza acristalada; aquí se optó por una solución más contundente, con un paño acristalado completo que abre la sala hacia el jardín y, al mismo tiempo, protege la transición. La reforma no se quedó en ese gesto. La chimenea abierta también tuvo que replantearse, y la planta baja terminó por rehacerse casi entera, excepto la cocina, que ya se había renovado años antes.
Reemplazar la terraza acristalada por una pieza mayor
El punto de partida era una ampliación menor, casi una habitación extra de vidrio. La intervención la convierte en otra cosa: una fachada de vidrio con marquesina que pesa visualmente más y ordena mejor la estancia principal. El efecto no depende de un exceso de elementos, sino de una sola decisión clara. El vidrio ocupa el plano principal, la cubierta extiende la sombra y el conjunto corrige la lectura antigua de la casa. La vista, que en la imagen se intuye amplia, pasa a formar parte del salón moderno con grandes ventanales.
Ese cambio de escala obligó a mirar también el resto de la planta baja. La conexión con el exterior ya no podía resolverse como antes, y por eso el interior se reorganizó desde los límites, no desde los muebles. Los huecos acristalados, las superficies claras y los recorridos abiertos aparecen como una respuesta directa a la nueva apertura. En una casa así, una sola modificación empuja a las demás. Aquí ocurrió con la chimenea abierta, con la circulación y con la manera de ocupar la estancia.
La chimenea abierta como centro de la sala
La chimenea abierta quedó integrada en un muro blanco que concentra la atención sin romper la lectura general de la planta. El fuego se ve como un punto bajo y contenido, mientras la pantalla situada encima y la carpintería alrededor organizan el frente. No es una pared decorativa en sentido literal; es una pieza que sostiene la sala y la relaciona con la zona de estar. Desde los sofás se percibe como un fondo sólido, interrumpido por el brillo del vidrio y por el reflejo de la luz natural que llega desde la nueva abertura.
En el conjunto, la chimenea funciona como contrapeso de la fachada de vidrio con marquesina. A un lado, el exterior entra casi sin filtro; al otro, el muro recoge el uso cotidiano. Entre ambos aparece una sala amplia, con suelo de madera, alfombras de tono cálido y asientos dispuestos en torno a una mesa baja de vidrio y metal. El resultado no busca teatralidad. Se apoya en la relación entre un plano abierto y otro cerrado, entre la luz exterior y la masa blanca de la chimenea.
Mobiliario a medida oscuro y nichos integrados
El mobiliario a medida oscuro aporta peso visual donde hace falta. En las imágenes aparecen módulos empotrados con nichos abiertos, una geometría limpia y una presencia discreta que no compite con la chimenea ni con la gran entrada de luz. El color oscuro absorbe parte del brillo de la estancia y deja que destaquen los objetos colocados en las hornacinas. También ayuda a enlazar la sala con el comedor, donde el mismo lenguaje de líneas rectas y superficies compactas se repite sin estridencias.
Ese recurso de carpintería resuelve más de una necesidad al mismo tiempo. Ordena almacenaje, deja vacíos para libros u objetos y marca un borde claro entre zonas. Frente al vidrio, el mueble se lee casi como un plano interior más. Es un gesto sobrio, pero muy eficaz en una renovación donde cada decisión debía responder a otra. La nueva envolvente, la chimenea y el mobiliario se apoyan mutuamente sin recurrir a adornos adicionales.
El comedor, iluminado desde arriba
La mesa alargada del comedor se sitúa bajo varias lámparas colgantes sobre la mesa, alineadas con precisión para acompañar su longitud. La escena tiene una claridad directa: tablero recto, sillas repetidas, techo limpio y luz suspendida a media altura. A un lado asoman las puertas correderas de vidrio y, al otro, las piezas oscuras del mobiliario integrado. El comedor no actúa como una sala aparte, sino como parte del mismo recorrido que enlaza la chimenea, el vidrio y la zona de paso.
Las colgantes introducen un ritmo vertical en un espacio dominado por líneas horizontales. Por eso funcionan bien: interrumpen la continuidad del plano de la mesa y marcan el centro del uso diario. En la imagen también se perciben acentos más cálidos en los tejidos y en la madera, que suavizan el contraste entre blanco, negro y vidrio. Sin cambiar de lenguaje, el espacio pasa de la estancia al comedor y vuelve, con una lectura muy clara de cada área.
Puertas correderas de vidrio y relación con el jardín
Las puertas correderas de vidrio refuerzan la idea de una planta baja abierta, pero sin vaciarla de límites. Permiten que el frente acristalado se lea como una pieza continua y, al deslizarse, amplían el paso entre dentro y fuera. La marquesina protege ese borde y da espesor a la transición. En un proyecto que nace de reemplazar la terraza acristalada, este detalle es decisivo: no se trata solo de abrir, sino de controlar la entrada de luz y de ordenar cómo se usa el borde de la casa.
Ese borde se siente en toda la estancia. La claridad llega desde fuera, rebota en las superficies blancas y cae sobre los suelos de madera y las alfombras amplias. La casa parece respirar por ese lado, mientras el resto de la planta se compacta alrededor de la chimenea abierta y del mobiliario oscuro. Es una reforma pensada por capas: primero la envolvente, luego el muro del fuego, después la distribución y, al final, el amueblamiento completo.
Una planta baja rehecha, con la cocina aparte
La reforma alcanzó toda la planta baja, salvo la cocina, que ya había sido abordada con anterioridad. Ese dato cambia el modo de leer la intervención. No se trató de una suma de piezas sueltas, sino de una revisión amplia del espacio de estar, del comedor y de la relación entre ambos. La nueva solución para la fachada de vidrio con marquesina obligó a ajustar el resto de la planta y a replantear cómo se apoyaban unos ámbitos sobre otros. El alcance fue grande, pero la lectura final se mantiene clara.
Cuando la cocina queda fuera de la obra, el resto debe sostener todavía más el conjunto. Aquí lo hace a través de materiales reconocibles y de una distribución que no se dispersa. La madera del suelo, el blanco de la chimenea, el negro del mueble integrado y el vidrio de la nueva apertura construyen una secuencia legible. El salón moderno con grandes ventanales no depende de gestos aislados; se apoya en una reforma que modifica el esqueleto de la planta baja y deja el interior listo para usarse de inmediato.
Volver y encontrar la casa terminada
Durante la obra, la persona que encargó la reforma se marchó al extranjero. A su regreso, la casa ya estaba transformada y completamente amueblada. Ese final se percibe en la propia imagen: los sofás colocados, la mesa del comedor lista, las lámparas alineadas y los nichos ocupados por piezas pequeñas. No hay rastro de una intervención a medias. La estancia aparece cerrada, equipada y ordenada en torno a la nueva fachada de vidrio con marquesina y a la chimenea abierta que organiza el centro de la planta.
La última lectura del proyecto está en esa combinación entre obra y amueblamiento. El vidrio aporta apertura; el muro de la chimenea, peso; el mobiliario a medida oscuro, control; y las lámparas colgantes sobre la mesa, una medida más íntima de la escala. Todo ello responde a una reforma que comenzó con una terraza acristalada y terminó con una planta baja replanteada desde cero, salvo la cocina. Lo que se ve es una casa que ha cambiado de estructura interior sin perder la claridad de sus recorridos.
Want to see more of Kees Marcelis? View the page of Kees Marcelis for even more great projects and company information.







