Sótano convertido en sala con ampliación y vide abierto
La luz recorre la doble altura vide escalera y cae hasta el nivel inferior, donde el antiguo sótano deja de ser un espacio residual para convertirse en sala habitable. La intervención parte de una altura insuficiente de 180 cm y la corrige con una operación de excavación que abre un programa nuevo: sala de televisión, cuarto de invitados con baño y un pequeño espacio de trabajo. Desde arriba, la escalera se lee como una pieza abierta; desde abajo, ordena la relación entre plantas y deja pasar la vista sin cerrarla.
Un nivel inferior pensado para vivirlo
El sótano convertido en sala no funciona como una estancia aislada. Su uso se reparte en piezas concretas, todas recogidas bajo una misma lógica espacial. La sala de televisión ocupa el lugar de estancia más relajada; el cuarto de invitados incorpora su propio baño; y el rincón de trabajo queda resuelto sin invadir el recorrido principal. Lo importante está en la secuencia: bajar, girar, cruzar la abertura del vide y entender que el nivel inferior forma parte de la casa con la misma claridad que las plantas superiores.
La ampliación con vide abierto une esa nueva planta con la vivienda existente. La escalera no se oculta; se convierte en el elemento que enlaza los distintos niveles y marca la sección del proyecto. Los peldaños abiertos, la barandilla de vidrio y la estructura oscura dibujan una línea limpia frente a los paramentos claros. Esa combinación permite que la luz llegue más lejos y que la casa gane profundidad visual, incluso en los puntos donde antes solo había techo bajo y compartimentos cerrados.
La escalera como corte vertical
La escalera con barandilla de vidrio introduce una pausa entre la zona inferior y la planta principal. No pesa sobre el espacio ni bloquea las vistas. Los perfiles oscuros y la transparencia de la protección hacen que el ojo continúe hacia arriba, donde el vacío del vide recoge la luz de otras estancias. En una vivienda de varios niveles, ese gesto cambia la lectura completa del interior: ya no se entiende por franjas cerradas, sino por una relación vertical continua.
La planta principal mantiene su reparto clásico
En la planta noble se conserva la distribución tradicional de salón, comedor y cocina. La planta no se reorganiza, pero sí cambia de tono. Los acabados se renuevan y las superficies adquieren una presencia más precisa. La cocina se presenta con una isla de cocina efecto mármol, una pared de armarios a medida y una campana integrada que limpia la vista frontal. Frente a ella, el comedor se abre sin obstáculos; detrás, la continuidad de materiales acompaña la circulación entre piezas.
También aquí la materialidad hace el trabajo silencioso. Los marcos de las ventanas se ven más nítidos, el mobiliario encaja en paños rectos y la luz rebota sobre superficies claras sin crear ruido visual. No hay un cambio de trazado, sino de lectura: la misma planta se percibe más ordenada porque cada elemento ocupa su sitio con mayor precisión. La cocina a medida refuerza esa sensación, especialmente cuando el tablero veteado del centro recoge la luz de forma distinta al resto del conjunto.
La cocina y su eje de trabajo
La isla concentra varias tareas en un solo plano. Su superficie clara, con efecto pétreo, separa la zona de preparación del resto de la estancia sin levantar barreras. A un lado, la pared de almacenamiento prolonga la línea horizontal de la cocina; al otro, la apertura hacia el comedor mantiene la relación visual con el conjunto. Es una cocina que no busca protagonismo por sí misma, sino que sostiene el recorrido diario y deja ver cómo se organiza la vivienda desde el centro.
Un baño central para liberar los dormitorios
En la planta superior, el baño y el vestidor centralizan parte del programa y despejan el frente de las tres habitaciones. Gracias a esa decisión, cada dormitorio gana su propia ventana a fachada y la planta respira mejor. El baño muestra un doble lavabo sobre una encimera continua, una ducha cerrada con vidrio y una paleta de grises que remite a piedra y cerámica. No hay acumulación de gestos; el espacio se resuelve con piezas directas y un recorrido corto entre lavabos, ducha y almacenaje.
La posición central del baño también cambia la circulación. El vestidor queda junto a él y actúa como filtro entre las habitaciones y la zona más privada. Así, los dormitorios no compiten por espacio interior y cada uno recibe luz natural por una abertura propia. Desde el pasillo, el conjunto se lee como un núcleo compacto alrededor del cual se ordena el resto. Esa compacidad libera los bordes y hace que la planta superior funcione con menos interferencias.
Terraza y jardín urbano entre muros altos
Fuera, el jardín urbano con losas extiende la reforma hacia un patio sobrio y muy gráfico. Las piezas grandes de pavimento componen una superficie continua, interrumpida por bordes plantados y por muros grises que enmarcan el fondo. El resultado no depende de la ornamentación, sino del contraste entre el plano horizontal de las losas y la altura de los cerramientos. Desde el interior, la apertura de las puertas de vidrio hace que esa zona exterior se lea como una prolongación directa de la vivienda.
La antigua veranda y la terraza superior, ya deterioradas, dieron paso a una nueva construcción que resuelve mejor el encuentro entre casa, vide y exterior. La ampliación no se entiende como un añadido independiente. Se pliega a la sección, acompaña la escalera y deja que el nivel inferior participe de la misma luz que atraviesa la planta principal. En conjunto, el proyecto cambia el peso del sótano, renueva la secuencia interior y hace que cada planta tenga una relación más clara con la siguiente.
Fotografía: ARHK architecten
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