Proyecto de interior que une antiguo y nuevo
La madera de nogal marca el primer plano, mientras el techo deja ver las vigas restauradas y una luz suave cae sobre la piedra natural. En este interior, la reforma de una casa de campo existente se complementa con una nueva ampliación levantada desde cero. Ambas piezas se encuentran en un mismo recorrido, pero no se confunden. El trabajo consistió en unir interior antiguo y nuevo sin borrar las huellas del edificio original ni la lectura contemporánea de la ampliación.
Una casa de campo renovada y una ampliación que toma el relevo
La renovación interior de una casa de campo parte aquí de dos volúmenes distintos. Por un lado, la estructura existente; por otro, un anexo nuevo que amplía la superficie y abre el paso entre zonas. La transición no se resuelve con gestos grandilocuentes, sino con aperturas amplias, líneas limpias y materiales que se repiten de un lado a otro. Las zonas quedan vinculadas, pero cada una conserva su propio ritmo, algo que se percibe en el cambio de altura, en los huecos y en el modo en que la luz atraviesa el conjunto.
La lectura espacial se apoya en un interno abierto con mobiliario a medida. Un gran frente de armarios y una pieza curva organizan la circulación y marcan una secuencia entre cocina, comedor y sala. No es una distribución rígida. Los vacíos entre piezas dejan pasar la vista y permiten que una estancia se asome a la siguiente. Ese juego de proximidad y distancia da forma a los espacios sin cerrarlos del todo, y convierte el paso entre ellos en parte del proyecto.
Unir interior antiguo y nuevo sin perder la huella del edificio
Los elementos más antiguos siguen presentes en superficie. Las vigas vistas restauradas trazan una línea horizontal sobre las estancias y recuerdan la estructura original de la casa. Junto a ellas aparecen aberturas que llegan hasta la cumbrera, lo que amplía la altura visual y deja que el volumen respire. También se incorporan ventanas de acero, con perfiles finos que recortan la luz y refuerzan el contraste con la madera envejecida del techo. El conjunto no intenta ocultar las diferencias; las organiza.
La parte nueva no replica la antigua. Responde con precisión a sus proporciones, pero utiliza un lenguaje más limpio. Esa decisión se nota en los paramentos lisos, en los encuentros rectos y en las superficies continuas que rodean la cocina y las zonas de estar. El interior gana en amplitud al dejar que cada material marque su papel. La casa de campo reformada mantiene así la memoria de sus vigas, mientras la ampliación introduce un orden más nítido en el recorrido diario.
Materiales que unen sin disimular
La madera de nogal y la piedra natural llevan el peso visual del proyecto. El nogal aparece en frentes, paneles y piezas curvas, con un tono que acompasa la luz sin reflejarla en exceso. La piedra natural se coloca en encimeras, zócalos y zonas de pared, donde introduce una textura más densa. Entre ambas, la pintura contemporánea aporta fondos tranquilos y deja que cada elemento se lea con claridad. No hay una paleta amplia; hay pocas decisiones repetidas con precisión.
El uso de piedra natural en la cocina no se limita a la superficie de trabajo. También aparece como acento en los encuentros y en la base de algunos elementos, lo que ayuda a anclar el mobiliario dentro del espacio abierto. El nogal, por su parte, suaviza los volúmenes rectos y da continuidad a la composición. La combinación evita el efecto decorativo y se apoya en el tacto de cada material, en su espesor y en cómo responde a la luz que entra por las aberturas altas.
Divisores de ambiente entre cocina, comedor y sala
Los divisores de ambiente entre zonas son una de las claves del proyecto. Separan la cocina del comedor y el comedor de la sala sin levantar paredes completas. En su lugar, aparecen huecos, aperturas y piezas de transición que permiten ver a través. Esa solución mantiene la conexión entre estancias y, al mismo tiempo, introduce pausas útiles. La mirada avanza, pero encuentra un borde. La circulación sigue, pero cada uso tiene su propio lugar.
Una pieza redonda, resuelta como divisor de ambiente entre zonas, concentra varios recursos a la vez: nichos abiertos, huecos de visión y almacenamiento integrado. Desde un lado actúa como mueble; desde el otro, como filtro. Su forma curva suaviza la secuencia lineal del resto del interior y sirve para enlazar la cocina con el comedor sin bloquear la perspectiva. Es un gesto discreto, pero cambia la lectura del conjunto, porque convierte el paso entre ambientes en un elemento arquitectónico visible.
Huecos, nichos y una relación constante entre espacios
Los vacíos recortados en los frentes permiten ver el fondo de las estancias y dejan entrar luz desde más de un punto. En algunos casos, esos huecos se convierten en nichos para objetos o en marcos para una mirada breve hacia la sala contigua. En otros, funcionan como aperturas puramente visuales que aligeran el volumen del mobiliario. El proyecto aprovecha esa estrategia para que cocina, comedor y sala no dependan de un único eje, sino de varios pasos intermedios.
También se reconocen detalles de interior abierto con mobiliario a medida en la pared de la cocina, donde los armarios empotrados, las líneas horizontales y las zonas enmarcadas ordenan los electrodomésticos y las superficies de trabajo. La presencia de un nicho acristalado para vino introduce un punto de transparencia dentro del conjunto, mientras que la apertura con marco oscuro en la pared aporta contraste. Todo se resuelve con medidas contenidas y con una clara voluntad de dejar respirar el espacio.
Luz alta, cortinas serenas y una lectura pausada del conjunto
Las cortinas altas en tono beige o crudo filtran la luz y suavizan la relación entre los vanos y el interior. Su caída vertical acompaña la altura de las estancias y refuerza la sensación de escala. Cerca de ellas, los perfiles oscuros de las ventanas y los cuerpos blancos de algunos armarios introducen una secuencia de contrastes sencillos: textil, metal, pintura, madera. La imagen resultante no depende de un exceso de recursos, sino de cómo se alinean entre sí.
El techo de vigas vistas restauradas sigue siendo uno de los puntos más claros del proyecto. Bajo esa estructura antigua, la cocina se presenta con frentes lisos, una encimera de piedra natural y una composición de huecos integrados que evita la saturación visual. La nueva ampliación encuentra así su sitio junto a la parte reformada, y el interior gana profundidad sin perder legibilidad. Unir interior antiguo y nuevo, aquí, significa dejar que cada zona conserve su materia, su altura y su modo de recibir la luz.
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