Ventanas correderas de vidrio y un disappearing window en una casa demo moderna
El vidrio marca el ritmo de la casa desde la primera mirada. Las aperturas largas, los perfiles oscuros y las líneas rectas de la vivienda dejan pasar la luz y hacen visible la conexión interior-exterior sin recurrir a gestos innecesarios. En esta casa demo, las ventanas correderas de vidrio en una casa moderna no se presentan como un recurso decorativo, sino como parte de una arquitectura que prueba hasta dónde puede llegar el material cuando se combina con mecanismos integrados y movimientos precisos.
Aperturas que cambian el uso de una estancia
La vivienda está planteada como una demostración de lo que hoy puede hacerse con el vidrio. La idea se entiende en cuanto aparece la zona de piscina cubierta: un espacio que, con solo pulsar un botón, puede transformarse. El fondo de la piscina sube hasta alinearse con el suelo existente y la estancia cambia de lectura. Donde antes había agua, aparece una superficie continua capaz de funcionar como sala amplia para reuniones. El gesto es técnico, pero también espacial; altera la manera en que se recorre la planta.
Ese cambio de uso no se limita a la piscina. La casa incorpora ventanas correderas de vidrio en una casa moderna que abren la estancia cuando el tiempo acompaña. En la zona de comedor, las hojas pueden deslizarse para ampliar la relación con el exterior. Y si se busca una solución aún más limpia, la propia superficie acristalada puede desaparecer por completo. El resultado no depende de un único sistema, sino de varias respuestas de vidrio que actúan sobre la luz, el acceso y la percepción del límite.
Un disappearing window de dieciocho metros
La pieza más llamativa del conjunto es el disappearing window. La partida acristalada puede descender hidráulicamente hasta la bodega a lo largo de dieciocho metros, dejando libre la abertura completa. No se trata de una abertura convencional ni de un cierre parcial: el vidrio se retira del plano visible y modifica de forma radical la relación entre el interior y el exterior. En una casa de líneas tan sobrias, ese movimiento tiene un efecto directo sobre la escala de la estancia y sobre la lectura de la fachada de vidrio moderna.
La palabra técnica podría hacer pensar en un detalle aislado, pero aquí está integrada en una secuencia mayor. La vivienda usa el vidrio como superficie móvil, como barrera y como umbral. En algunos puntos, la hoja corre; en otros, se oculta; en otros, baja hacia un espacio técnico inferior. Esa variedad explica por qué la casa se presenta como una modelo de lo que puede ocurrir cuando una ventana hidráulica deja de ser solo un cerramiento y pasa a formar parte de la organización del espacio.
La luz entra por franjas largas y huecos amplios
Las imágenes refuerzan esa idea con una arquitectura de volúmenes blancos y paños acristalados alargados. Desde fuera, la fachada blanca se interrumpe con franjas horizontales de vidrio y con huecos de gran escala que marcan la relación con el jardín. Desde dentro, la mirada se dirige enseguida hacia el agua, la terraza y los planos de vidrio que separan sin cerrar del todo. La casa no necesita demasiados elementos para explicar su intención: la proporción de las aberturas ya lo dice casi todo.
En el interior, la continuidad visual se apoya en suelos de baldosa en trazo recto, techos blancos y perfiles oscuros que recortan las superficies acristaladas. La luz se desliza sobre esas juntas y dibuja una lectura clara de los planos. El efecto no es el de una vivienda cerrada sobre sí misma, sino el de un espacio que busca prolongarse hacia fuera a través de grandes ventanas correderas de vidrio en una casa moderna y de una conexión interior-exterior visible en cada cambio de estancia.
La zona de piscina cubierta como pieza central
La zona de piscina cubierta concentra buena parte del interés del proyecto. El agua aparece enmarcada por líneas rectas, con una envolvente donde el vidrio y los acabados oscuros se cruzan con pavimentos claros. En las imágenes, el borde del vaso y las paredes próximas generan un contraste marcado con la luz que entra desde los paños acristalados. No es una sala de agua aislada, sino una pieza pensada para relacionarse con la vivienda y con la terraza contigua.
Ese vínculo se aprecia en la forma en que la piscina puede pasar a otro uso cuando el fondo asciende y se iguala con la cota del suelo. La transformación no necesita alterar la estructura visible de la estancia: basta el movimiento del elemento móvil para que la lectura cambie. La zona de piscina cubierta deja entonces de ser un ámbito de baño y pasa a funcionar como una plataforma amplia, apta para recibir una reunión o una celebración. La arquitectura se define, aquí, por ese cambio de estado.
Terraza, agua y vidrio en la misma secuencia
La transición entre interior y exterior se vuelve más clara en la zona de terraza. Hay tablas de madera, una línea limpia de pavimento y, junto a ellas, el agua o la zona spa como fondo visual. El conjunto mantiene una organización sencilla: superficies lisas, juntas rectas y aperturas grandes que permiten ver de un extremo al otro. Desde la estancia principal, la vista atraviesa el vidrio y encuentra primero el suelo continuo, luego la franja de agua y después el jardín.
En esa secuencia, la fachada de vidrio moderna actúa casi como una membrana. Cuando las correderas están abiertas, el límite se diluye en la práctica. Cuando se cierran, el vidrio sigue dejando pasar la lectura del exterior y mantiene la relación visual con la terraza y la vegetación. La casa insiste en esa doble condición: abrir y mostrar, cerrar sin interrumpir del todo. Es una forma de construir donde el borde importa tanto como la superficie.
Detalles que muestran la parte técnica sin ocultarla
Hay también una dimensión muy concreta en los detalles visibles. Los perfiles oscuros enmarcan las hojas, las bandas de vidrio se estiran en horizontal y el techo incorpora puntos de luz discretos sobre la terraza cubierta. En otra imagen aparece una claraboya o franja acristalada con estructura metálica, un recurso que lleva luz al interior sin romper la sobriedad de las superficies blancas. Son piezas distintas, pero todas apuntan a la misma idea: el vidrio no se limita a cerrar, también organiza la entrada de luz y la percepción de la estancia.
La cocina no es el foco de la vivienda y la imagen no la sitúa en primer plano, pero el recorrido interior deja ver una lógica constante: pavimentos limpios, encuentros precisos y grandes huecos hacia el exterior. Esa precisión hace que los mecanismos no se perciban como añadidos. La ventana hidráulica, las correderas y el disappearing window forman parte del proyecto desde dentro, no como trucos separados. La casa demo trabaja precisamente sobre ese límite entre lo visible y lo que desaparece al accionar un sistema.
Un ejercicio sobre lo que puede hacer el vidrio hoy
El proyecto no busca esconder su condición de demostración. Al contrario, la asume y la lleva al plano espacial. Cada abertura, cada hoja corredera y cada elemento móvil enseña una posibilidad distinta del vidrio como material de construcción. La casa se entiende por la relación entre el gesto técnico y lo que ese gesto permite hacer con la planta: abrir un comedor, ocultar una pieza acristalada, transformar una piscina en superficie utilizable. Todo ocurre dentro de una arquitectura contenida, de muros blancos y líneas tensas.
Por eso las ventanas correderas de vidrio en una casa moderna no aparecen aquí como una imagen genérica, sino como una secuencia de decisiones visibles. Hay un exterior que entra, una zona de piscina cubierta que cambia de función, una fachada de vidrio moderna que se abre o desaparece, y una ventana hidráulica que baja hasta quedar fuera de la vista. El proyecto se lee así, por sus movimientos. Y también por la manera en que esos movimientos ordenan la luz, el suelo y la relación con el jardín.
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