Villa cubista de líneas limpias y vivienda all-electric
Los planos grises y el blanco del vuelo de las cubiertas dibujan una villa cubista que se lee por capas: líneas horizontales largas, remates verticales y huecos de vidrio que abren la casa hacia el jardín. El volumen no busca esconder su estructura. La exhibe en el ritmo de la albañilería, en los marcos oscuros y en los paños blancos que cortan la masa de ladrillo. Desde fuera, la casa muestra una presencia clara, casi geométrica, con una relación directa entre masa, vacío y luz.
Un frente marcado por líneas que se cruzan
La composición exterior parte de una base de fachada de ladrillo gris extendida en formato largo y colocada sin juntas visibles. Ese gesto hace que la superficie parezca más continua y que las líneas tomen protagonismo. Sobre ese fondo aparecen vuelos enlucidos en blanco, muy rectos, que enfatizan el avance de la planta y cortan el conjunto con precisión. El color shaded grey suaviza la dureza del volumen y deja que los cambios de plano se lean con más nitidez.
La lectura de la casa depende tanto del material como del dibujo. Los encuentros entre ladrillo, revoco y carpinterías oscuras construyen una villa moderna con una presencia contenida, pero no neutra. Las bandas horizontales de la fábrica se cruzan con tramos verticales bien marcados, y ese contraste sostiene toda la composición. Incluso en los puntos de sombra, la fachada mantiene tensión visual gracias a la junta desaparecida y al borde limpio de los voladizos.
Luz filtrada por vidrios amplios y pantallas oscuras
Los grandes ventanales y los correderos de la parte trasera abren la casa con generosidad hacia el exterior. La luz entra con profundidad y deja visibles los suelos, las paredes claras y los pasos entre estancias. En los laterales y en el frente, las pantallas negras ayudan a regular esa apertura. No se notan como un añadido ornamental; se integran en la fachada y atenúan el golpe directo del sol, mientras reducen la mirada desde la calle.
En la planta alta, las lamas negras junto a la fachada de calle resuelven una necesidad concreta: preservar la privacidad del baño sin cerrar la vivienda al exterior. Ese recurso introduce una textura fina entre los paños lisos y los huecos amplios. La casa gana así una segunda capa de lectura, más discreta, donde la luz se controla por piezas y no por grandes gestos.
Carpinterías oscuras y continuidad hacia el jardín
Los marcos de madera dura sostienen la relación entre interior y exterior con una presencia sobria. En las imágenes, las puertas correderas y los paños acristalados prolongan la visión hacia el jardín y la terraza, donde aparecen baldosas oscuras y bordes rectos. Esa continuidad hace que el paisaje entre en la casa sin necesidad de abrir todo el espacio; basta con alinear huecos, reflejos y profundidad de campo. La villa cubista exterior no se limita a mostrar volúmenes; organiza también cómo se mira desde dentro.
Una entrada negra que lleva la mirada al fondo de la casa
Al cruzar la entrada, la escalera de hormigón negro aparece como una pieza firme y compacta. Su tono oscuro contrasta con las paredes más claras y marca un primer cambio de escala. Detrás, las dobles puertas de vidrio esmerilado separan la zona de acceso de la sala y la cocina sin bloquear la luz. Ese plano translúcido deja pasar la claridad y, al mismo tiempo, introduce una transición más pausada entre circulación y estancia principal.
El interior trabaja con pocos materiales y un trazado limpio. El interior minimalista no se apoya en gestos decorativos, sino en una secuencia de superficies bien resueltas: suelo de madera en espiga, frentes oscuros, huecos de paso amplios y muros claros. La escalera, el vidrio y el pavimento son los elementos que organizan la lectura general. Nada compite con la luz que entra desde el fondo de la vivienda.
Una cocina negra sin tiradores que queda parcialmente empotrada
La cocina se recoge en la pared como un bloque oscuro. Los frentes mate, sin tiradores, forman una pieza casi continua y dejan que el volumen del mobiliario se lea por sombra y línea. El conjunto se remata con una isla de cocina de trazo limpio, también en clave oscura, que concentra la actividad en el centro. Desde allí, la vista sigue hacia los ventanales y hacia el entorno boscoso que rodea la vivienda.
El suelo de espiga aporta otra cadencia al espacio. Frente a la geometría recta de la cocina, la madera introduce una vibración más fina, visible sobre todo en las zonas de paso y en la sala de estar. Ese pavimento acompaña la luz natural y evita que los planos blancos se vuelvan fríos. La cocina negra sin tiradores no se presenta como un objeto aislado, sino como parte de una secuencia doméstica que mantiene el mismo lenguaje en casi todas las estancias.
Vidrio, madera y superficies claras en las estancias principales
La vivienda repite una lógica de transparencia en varias piezas interiores. Las puertas de vidrio esmerilado, los grandes paños acristalados y las paredes claras sostienen una atmósfera luminosa, pero lo relevante es la forma en que se combinan: cada material toma el relevo del anterior sin romper el recorrido visual. Los tonos grises de algunas estancias, el acabado de piedra o baldosa y los elementos negros de la cocina y la escalera crean una paleta contenida, fácil de leer en planos y en secciones.
Una vivienda all-electric resuelta desde la cubierta
En la cubierta superior, los paneles solares se leen con claridad sobre el plano horizontal del techo. Su presencia remata la composición exterior y deja visible la parte técnica de una vivienda all-electric que funciona sin gas. La casa incorpora también una bomba de calor completamente eléctrica, y ese dato técnico se suma a la lectura arquitectónica sin alterar la imagen general del proyecto. La tecnología queda situada en el mismo plano de sobriedad que el resto de la obra.
La decisión energética no aparece como un argumento aparte, sino integrada en la vivienda. El resultado es una casa donde la imagen, los huecos, la carpintería y la cubierta hablan el mismo idioma: el de una estructura clara, con consumo de recursos visible y con una relación directa entre forma y uso. La villa cubista mantiene así una coherencia material y técnica que se percibe tanto en el exterior como en la secuencia interior.
Terraza, vidrio y vegetación en el borde de la parcela
El perímetro exterior se completa con terrazas de piezas oscuras y vegetación baja que enmarca los laterales de la vivienda. No hay una separación brusca entre casa y jardín; el borde se construye con pavimento, vidrio y sombra. Desde los interiores, esa franja exterior actúa como una prolongación del plano habitable. Desde fuera, en cambio, refuerza la base del volumen y subraya la condición horizontal de la vivienda.
Vista en conjunto, la casa combina masa y transparencia sin recurrir a excesos formales. Los paños de ladrillo gris, el revoco blanco, los marcos oscuros y las grandes superficies de vidrio sostienen una imagen clara y directa. La arquitectura se entiende por lo que enseña: un trazado cubista, una luz bien controlada y un interno que prefiere la línea recta al gesto decorativo.
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