Villa histórica con veranda y dormitorio tipo loft
La primera impresión llega por el vidrio: una veranda con grandes ventanas que alarga la casa hacia el jardín junto al agua y deja que la luz recorra el interior sin interrupciones. A partir de una villa de 1900 y de sus planos originales, la reforma no busca borrar el paso del tiempo, sino ordenar sus capas. Las ampliaciones anteriores habían ido sumándose con los años; desde los setenta, en cambio, apenas hubo cambios. El nuevo planteamiento retoma los rasgos iniciales y los hace más visibles en la circulación, en los huecos y en la relación con el exterior.
Una veranda que prolonga la casa hacia el jardín
La ampliación principal se lee como una pieza larga y clara, con líneas horizontales y grandes paños acristalados. En lugar de cerrar la vivienda, la veranda con grandes ventanas abre una transición lenta entre la estancia principal y el jardín. Las puertas de vidrio, los perfiles finos y la profundidad del espacio hacen que el contacto con el agua no dependa de una sola vista, sino de varios encuadres consecutivos. El resultado es una secuencia de interior, umbral y terraza donde el paisaje sigue presente incluso cuando uno se mueve por la casa.
Ese gesto de expansión también cambia la escala de las estancias. La luz entra más lejos, rebota en el suelo y marca el límite entre las superficies de madera, los elementos de acero y las partes más crudas del conjunto. En las imágenes, la chimenea aparece como ancla visual del salón, mientras los grandes cerramientos mantienen abierto el campo de visión. La rehabilitación de villa antigua no se apoya aquí en gestos espectaculares, sino en una serie de ajustes precisos: abrir, alargar y dejar pasar la vista.
Materiales que evitan que todo parezca nuevo
La casa no se presenta como una reconstrucción pulida. Hay madera en los revestimientos y en el mobiliario, tejido de rejilla en algunas piezas, acero en los encuentros y hormigón bruto en superficies que no piden disimulo. Ese conjunto de interior madera acero hormigón da un tono más terrenal a las nuevas partes y ayuda a que no se lean como una adición demasiado reciente. Las texturas no compiten entre sí; cada una introduce una temperatura distinta y deja ver cómo la intervención se apoya en contrastes muy concretos.
También hay una intención clara de introducir pequeñas irregularidades. Nichos, vacíos y retranqueos rompen la continuidad de paredes y encimeras para que el interior conserve una sensación de evolución lenta. En la cocina, un nicho en la cocina hace que la encimera quede hundida en el muro, casi como si hubiera ido encontrando su sitio con el uso. Ese tipo de detalle evita la lectura de objeto nuevo y da pie a una arquitectura más cercana a la casa construida por partes, con huellas legibles pero controladas.
El salón, entre la llama y los cerramientos de vidrio
La sala principal se organiza alrededor de la chimenea, visible en las fotografías como un bloque claro frente al paño acristalado. No es un gesto decorativo aislado; funciona como punto de apoyo dentro de una estancia donde el vidrio ocupa gran parte del perímetro. A un lado aparecen sillones bajos, al otro el jardín filtrado por las puertas. Esa disposición permite entender el espacio como una secuencia de planos: fuego, asiento, vidrio y paisaje. El interior con chimenea queda así ligado a la veranda y no encerrado en una escena doméstica aparte.
El techo, con sus líneas visibles y la presencia de elementos estructurales, refuerza esa lectura alargada. La luz natural se mezcla con luminarias colgantes y puntos de luz en línea, mientras el suelo y los paramentos mantienen una base sobria. No hay una puesta en escena recargada. Lo que importa es cómo la chimenea, las puertas correderas y la estructura del techo ordenan la estancia y permiten que el jardín siga entrando en la imagen, incluso cuando la casa se ve desde dentro.
La planta alta se abre para ganar una habitación nueva
Arriba, la intervención cambia de ritmo. En la parte trasera de la planta superior, la villa se abre para alojar un dormitorio tipo loft con acceso a una terraza en la azotea. La operación no se plantea como un simple añadido, sino como una forma de vaciar y reorganizar el volumen existente. La habitación resultante tiene una atmósfera más libre, con una relación directa con el cielo y con la parte superior de la casa que antes quedaba más cerrada. Desde fuera, la cubierta y los huecos también dejan ver que la intervención afecta a la silueta del conjunto.
En el dormitorio, los materiales siguen la misma lógica que en el resto de la vivienda. La madera aparece en el techo y en los cerramientos, y las superficies claras dejan que la luz marque las juntas y los cambios de plano. La ventana, con su banda horizontal de control solar, hace que la estancia reciba claridad sin perder profundidad. El dormitorio tipo loft no se vuelve escenográfico; conserva una lectura doméstica, pero con más altura y con una salida directa al exterior superior de la casa.
Terraza alta y huecos que parecen haber nacido con la casa
La terraza en la azotea da continuidad a la intervención de planta alta y añade otro modo de mirar el entorno. No se presenta como una plataforma aislada, sino como prolongación natural del vaciado posterior. Ese gesto enlaza con el resto de la reforma: abrir sin exhibir la operación, dejar que la nueva pieza parezca haber estado ahí desde hace tiempo. La cubierta, los encuentros de fachada y la transición entre interior y exterior se leen con claridad, pero sin subrayados innecesarios.
El mismo principio se repite en los retranqueos y en los nichos que aparecen en distintos puntos de la casa. Son pequeñas interrupciones en la pared, casi silenciosas, que hacen que el conjunto se vea más pensado desde la arquitectura que desde el acabado. La vivienda evita así el aspecto de objeto recién montado. En lugar de eso, la rehabilitación de villa antigua construye una continuidad verosímil entre la casa de 1900, la veranda acristalada y las nuevas piezas de la planta alta.
Una casa de 1900 con otro modo de respirar
La condición histórica de la vivienda sigue presente en la composición general. Se reconoce en la escala, en los muros, en la presencia de la cubierta de teja y en la manera en que las nuevas aperturas no borran del todo la estructura previa. Pero el efecto final no es el de una pieza museística. La casa de 1900 se vuelve más permeable al jardín junto al agua y más flexible en la distribución interior. La intervención trabaja sobre lo que ya existía para que la casa respire mejor, sin perder su carácter de vivienda ribereña holandesa.
En el conjunto, madera, acero, vidrio y hormigón bruto conviven sin imponerse una sola lectura. La casa admite la luz, muestra el espesor de algunos huecos y conserva pequeñas irregularidades que la apartan de una nueva construcción demasiado limpia. Ahí reside su interés: en la manera en que la ampliación, los huecos y la materialidad hacen visible una transformación paciente. La veranda con grandes ventanas no es solo una suma de metros; es la pieza que ordena la relación entre la casa, el jardín y la planta superior.
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